Feria del Libro de Bogotá

Rutas de navegación para náufragos

Naufragar en la orilla, antología personal de Beatriz Vanegas Athías (Majagual, Sucre, 1970), recopila textos de cuatro poemarios, editados a partir del año 2000: Galería de perdedores, Los lugares comunes, Con tres heridas yo, y Llorar en el cine.

El más reciente libro de Beatriz Vanegas Athías, una recopilación de cuatro de sus poemarios, presentado en la Feria del Libro de Bogotá. Cortesía

Ordenados cronológicamente a la inversa, de lo más actual hasta sus comienzos poéticos, ofrecen al lector una ruta de navegación que plasma bien las principales líneas temáticas y estilísticas que ha recorrido la autora colombiana en los últimos dieciocho años.

En primer lugar, cabe señalar que en Vanegas Athías son indisociables su faceta de cronista y la de poeta. Escoge, desde el principio, una poética clara, que tiende a lo narrativo, sin artificios retóricos, porque la prioridad es contar historias, transmitir el mensaje, por encima del estilo o de los entramados metafóricos. No quiere ello decir que la presencia de la poesía se aleja. Vanegas siente la necesidad de comunicar con espontaneidad y cercanía, optando por una expresividad más libre a partir del empleo del lenguaje común, para que los textos sean accesibles a un mayor número de lectores y consigan conmover y generar diálogo.

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El libro se inicia con poemas del libro Llorar en el cine, donde convergen la memoria sentimental individual y la memoria colectiva, como refleja el poema “El caballero de la noche”:

 

En mi país donde el sueño es triste

y se vive sin saber para qué es eso.

 

Se da una interesante intertextualidad entre el cine y la poesía, como en el poema que dedica al clásico Thelma y Louise, donde emplea la estructura discursiva y temática del poema “Ítaca” de Constantino Kavafis:

 

Pide que el mapa que extiendes

en la cama del hotelito de paso

esté lleno de incertidumbres.

 

El cine actúa como credo, como forma de explicar el mundo, lo insólito o asombroso, y para posicionarse ante las injusticias, a través de las películas, y dar voz a las minorías, a los sordos, a las mujeres maltratadas. Lo colectivo cobra un papel protagónico a lo largo de los poemas y la voz poética va mucho más allá de una mirada solidaria o integradora, pues se transfigura en los personajes y en el aislamiento de la niña sorda, haciéndose reivindicativa. Por otro lado, una naturaleza exuberante, personificada, presencia el soliloquio de los personajes.

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Estilísticamente, Vanegas Athías emplea recursos sencillos, que realzan la función comunicativa del poema, como la anáfora, el juego de opuestos (algunos textos se construyen a partir de binomios), las enumeraciones, fórmulas del bolero o del lenguaje bíblico, como en el poema Invocación (“Impídeme/ recurrir al sueño”), sacrificando algunas figuras retóricas a favor de un discurso transparente, que produce una comunión-comunicación instantánea con el lector. En ese sentido, encontramos afinidades con la poética de Gloria Fuertes, otra gran pacifista, y con María Mercedes Carranza y Raúl Gómez Jattin.

El amor es uno de los grandes temas que trata la autora, y ahí sus referentes son Pedro Salinas y Miguel Hernández. Un amor físico que es supervivencia y evasión en un contexto violento, un amor que puede ser subversivo y “dibujarle a la noche/ los colores del escándalo”. Un amor, que nos reinventa y representa, a modo hernandiano, la tercera herida, junto a la de la vida y la de la muerte. Además, se adhiere a otros ejes temáticos sobre los que gravita la poética de Vanegas Athías, como son el paso del tiempo y lo cotidiano. Porque la vida se escapa en las rutinas diarias, en un viaje en autobús, en los patios que preservan un trozo de infancia.

Transitan por los versos de la autora colombiana, mujeres anónimas, que sufren todo tipo de carencias, y son eclipsadas por “la aplastante ley de la ingratitud”, habitantes de un país arrasado por la violencia, el machismo y la hegemonía de lo heteronormativo. Es en el libro Los lugares comunes, donde Beatriz Vanegas Athías más ahonda en esta temática, dando voz a los perdedores que “naufragan en la orilla”, esbozando retratos o buscando rastros de personas desplazadas, como Andrea García:

 

Tuvo siete hijos para cumplirle a la vida (…)

Los vistió, los alimentó, alcahueteó, castigó,

maltrató y esperó, para luego verlos partir

con resignada plenitud.

Hoy la acompaña el abandono,

el Santo Rosario, los cigarrillos Piel Roja (…)

 

En definitiva, la poética de Beatriz Vanegas Athías canta al abismo y sus márgenes, y busca, a través de esbozos urgentes donde convergen el yo político y el yo lírico, humanizar las cosas y dar voz a los que sufren, pues la palabra poética, además de revelar, dignifica.

 

La Habana, febrero de 2019

 

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Verónica Aranda

Cultura

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