Salvavidas

La gente que nos compra las cosas que vendemos acá en la feria –materas, collares, esculturas, velas– aporta directamente a la fundación.

Alfredo Araújo Santoyo

La Feria está llena de gente. Por los pabellones los niños se escabullen y se meten a los stands sin decoro. Los libros están en el piso. En una silla verde está sentada una mujer que se muerde los labios y, toda ella, parece una planta carnívora. La veo y pienso en estos versos de Martín Prieto, argentino: “Y no sé nada, no pienso nada, sigo dormido, / hasta que apoyo la boca / en el borde de la porcelana y reconozco ahí un resto de saliva / seco ya y todavía perfumado / que concentra, sobre mi cabeza, / toda la presión del universo”. La mujer trabaja en la fundación A2S, del pintor colombiano Alfredo Araújo Santoyo. Entre las manos tiene una vela dorada en forma de calavera. “¿Quién la hizo?”, “el maestro Araújo nos enseñó a hacerlas”, “¿A quiénes?”, “a nosotros: a unos jóvenes que estábamos mal enganchados, unos en las drogas, otros en barras bravas. Hay, también, pelados en situación de discapacidad”.

Hace dos años Alfredo Araújo Santoyo decidió formar una fundación donde le enseña a jóvenes algunos procesos de las artes pláticas: serigrafía, escultura y pintura. El objetivo es generar en ellos la confianza suficiente para que puedan vivir de su trabajo artístico. Es un lugar donde todo está por hacerse, en el que nada parece imposible, en donde a la gente se les enseña a ser valientes.

El dolor es el dios que a menudo nos convoca. Cuando toca caminar en medio de un valle de sombra de muerte, cuando no está claro qué parte de uno es el monstruo que nos habita no, queda otra que agarrarse de algo, suspenderse por encima de todo, de eso que llaman éxito, de eso que llaman “una vida de bien”. La mujer que está sentada en la silla tiene los ojos de quien ya ha estado allí. “¿Ya vio las imágenes de Gabo? Hicimos una excursión a Aracataca con algunos de la fundación y con el maestro. Fuimos a pintar y a conocer a la gente de ese pueblo mítico. Esa gente no tiene nada que hacer allá. Hay mucho gringo, personas de todas partes del mundo, pero dan un tour de dos horas y listo: no hay mucho que ver. La idea es fomentar más procesos de cultura desde nuestra fundación. La gente que nos compra las cosas que vendemos acá en la feria –materas, collares, esculturas, velas– aporta directamente a la fundación. Chévere, ¿no?” No le quita los ojos a la calavera, parece mirando un salvavidas. Quizá eso sea.