'Sara y punto'

La actriz y cantante española, cuyo verdadero nombre era María Antonia Abad Fernández, fue una de las primeras divas hispanas en conquistar a Hollywood.

La española Sara Montiel participó en varias películas en la época de oro del cine mexicano. / Archivo El Espectador
La española Sara Montiel participó en varias películas en la época de oro del cine mexicano. / Archivo El Espectador

Sara Montiel actuó siempre con vehemencia. En escena sabía que con los ojos, con la entonación y con la voluptuosidad de su figura podía lograr cualquier cometido. En la vida diaria era un poco más enfática y se guardaba su rol de diva al momento de protestar. Así lo hizo en un concurrido restaurante de Nueva York donde le impidieron la entrada a su acompañante, la cantante afroamericana Billie Holiday. Ante esta demostración de racismo, la estrella española ingresó al lugar, manifestó su descontento y al ver que su voz no tenía eco, se dedicó a arrojar al piso todos los platos que encontró.

La diplomacia en esos instantes de inconformidad era un lujo que no se permitía esta mujer cuya carrera artística comenzó de la mano del productor Vicente Casanova. Fue él quien se empeñó en que la bella joven tomara clases de canto y declamación. La suerte la acompañó y durante la década de los cuarenta, después de participar en una saeta en una procesión de Semana Santa, logró sus dos primeros papeles de relativo reconocimiento. Las cintas Te quiero para mí y Empezó en boda marcaron la transformación de la humilde María Antonia Abad Fernández en la prometedora estrella Sara Montiel.

Sus primeros directores en España fueron Juan de Orduña y Luis Marquina. Ellos mismos le aconsejaron a la naciente promesa de la cinematografía hispana buscar nuevos horizontes, para no quedar encasillada en roles de “niña buena”. México fue su destino más próximo y, a su vez, el camino expedito para llegar a Hollywood. Sara Montiel fue protagonista de varias de las cintas memorables de la época del cine de oro en el país azteca, al lado de personajes como María Félix, Dolores del Río, Pedro Infante, Katy Jurado y Agustín Lara. Cárcel de mujeres, Piel canela, Se solicitan modelos y Furia salvaje figuran dentro de la lista de producciones mexicanas en las que participó la actriz y cantante española.

Ya en Hollywood, Montiel combinó los contratos millonarios respaldados por firmas poderosas en la industria con trabajos independientes. Con el filme Veracruz, la diva inició un sendero productivo en el que se relacionó con figuras como Gary Cooper, Burt Lancaster, Joan Fontaine, Marlon Brando, Charles Bronson, Elizabeth Taylor y James Dean, para mencionar tan sólo algunos de los personajes que rodearon el día a día de Montiel durante su permanencia en Estados Unidos.

Las cintas Serenade, Yuma, The American y Burning Hills sirvieron para que el mundo fuera testigo de que la belleza no solamente era propiedad de mujeres como Ava Gardner, Rita Hayworth, Katharine Hepburn y Marilyn Monroe, sino que una española de ojos brillantes, boca sensual y figura provocativa podía estar allí para disputar codo a codo un lugar en ese firmamento exclusivo para las bellas.

Con sus interpretaciones en los escenarios internacionales, la actriz regresó victoriosa a su país y aceptó el protagónico en una iniciativa de presupuesto reducido que supuso su reencuentro con Juan de Orduña, uno de sus primeros maestros en el oficio de la actuación. Con él hizo, en 1957, El último cuplé, una película que a pesar de su modesta factura fue un éxito taquillero sin precedentes en España y varios países de habla hispana.

En la cinta de Juan de Orduña, Montiel era María Luján, una gloria olvidada de la canción en castellano que acepta por necesidad un trabajo en el que debe cantar sus temas más populares pero sobre las tablas de un cabaret venido a menos en Barcelona. En ese lugar se reencuentra con Juan Contreras, personaje interpretado por Armando Calvo, quien años atrás la descubrió y la estimuló para llegar a ser la primera figura de un estilo musical ligero, popular y menor llamado cuplé. La reunión es sólo el pretexto para que la diva empiece a realizar el relato de su vida en los escenarios artísticos.

En plena madurez de su carrera y al ser testigo de la transformación del cine en un medio de superproducciones en las que los desnudos y la violencia marcaban la pauta, Sara Montiel se concentró en la realización de musicales para teatro y en la gestación de programas para televisión en los que ejercía como conductora. De este tiempo de tablas y espacios de variedades datan algunas de sus interpretaciones más destacadas, Contigo aprendí, Bésame mucho y, por supuesto, Fumando espero.

Sara Montiel murió el lunes 8 de abril en su casa en Madrid, a los 85 años. Hoy se recuerdan sus películas, sus interpretaciones musicales, sus gestos de amistad y sus programas de televisión. Ella era “Sara y punto”.

[email protected]

Temas relacionados
últimas noticias

Por el recuerdo de las viejas gambetas

Escritor fantasma

En el Pacífico todos son músicos