Satisfaction

Presentamos uno de los capítulos del libro de Jacobo Celnik, que cuenta la historia de Lisa Fischer, una de las coristas más importantes de los Rolling Stones. La publicación también incluye entrevistas con Ian Mclagan, Dick Taylor y Adrew Oldham.

El libro reúne 30 entrevistas a músicos, mánagers y productores del rock. Fue editado por Aguilar. Cortesía

 LISA FISCHER
(Nueva York, Estados Unidos, 1958)

All alone, on my knees I pray
For the strength to stay away
In and out, out and in you go
I feel your fire
Then I lose my self control
How can I ease the pain
When I know your coming back again
And how can I ease the pain in my heart.
“How Can I Ease the Pain” (Lisa Fischer, 1991)

Ha cantado junto a Tina Turner, Aretha Franklin, Luther Vandross, Sting, Roberta Flack, Billy Ocean, entre otros. Protagonizó un documental que se ganó el Oscar en 2014. Es la mujer que más veces aparece en los créditos de los álbumes publicados por los Stones desde 1989, año en que llegó con la difícil tarea de suplir a Merry Clayton. Ganó un Grammy en 1992 y se asustó con la fama. Es Lisa Fischer, la mujer que manda en The Rolling Stones.

En marzo de 2014, durante la ceremonia de los premios Oscar, la música fue protagonista. 20 Feet from Stardom (Morgan Neville, 2013) ganó la estatuilla al mejor documental. Por segundo año consecutivo una producción dedicada a explorar aspectos desconocidos del mundo de la música conquistó a la crítica, de la misma forma que lo hizo en 2013 el majestuoso Searching for Sugar Man. La intención del director Morgan Neville, reconocido en Estados Unidos por sus producciones para HBO, era dar a conocer la historia de algunas de las grandes coristas que han trabajado con reconocidos artistas del mundo del pop y el rock. Voces majestuosas de mujeres que tuvieron que librar grandes batallas para ser valoradas y conocidas, pese a que casi nadie recuerda su nombre.

Darlene Love, Judith Hill, Merry Clayton, Tata Vega, Jo Lawry, Claudia Lennear y Lisa Fischer son algunas de las protagonistas del documental. Sus nombres están asociados a figuras como Los Beach Boys, Bruce Springsteen, Ray Charles, Tina Turner, Neil Young, Stevie Wonder, Elton John y Rod Stewart. Las hemos escuchado en más de un centenar de canciones como “Gimme Shelter”, de los Stones, clásico de 1969 donde Merry Clayton y Mick Jagger dieron cátedra de química musical y altos estándares de interpretación vocal. También las hemos visto en diversas presentaciones en vivo, llenando de color y fuerza la actuación de estrellas de la música que, sin ellas, perderían algo fundamental de la puesta en escena.

Uno de los casos más interesantes narrados en 20 Feet from Stardom es el de Lisa Fischer, cantante norteamericana de soul, quien desde hace más de 25 años forma parte de Los Rolling Stones. Sin embargo, para llegar a ser un miembro permanente de la banda más grande del rock de todos los tiempos tuvo que recorrer un camino lleno de escollos y dificultades. Como buena neoyorquina, Lisa creció en los suburbios de Brooklyn, donde se deleitaba con la música de Marvin Gaye, Freda Payne, y mucho soul de Detroit, sonidos que estaban presentes en su hogar cuando debía conjugar los deberes escolares con la fe religiosa.

A principios de los años ochenta, Lisa Fischer descubrió que tenía en su poderosa voz un don que le daría muchas satisfacciones si lo sabía explotar adecuadamente. El asunto era cómo ser visible en un mundo tan competitivo y cerrado. En 1983, con muchas más ganas y talento, intentó emular a algunas divas que en ese momento eran las reinas del soul, como Diana Ross y Tina Turner. Con el pseudónimo de Xena lanzó un sencillo que no trascendió, pero fue un certero intento por dar la pelea en un mundo de tiburones. Su talento y carisma no pasaron inadvertidos en la escena del pop de Nueva York. A mediados de los años ochenta, la contrataron para ser coreógrafa del cantante pop Billy Ocean; al poco tiempo, Luther Vandross se rindió ante el encanto de su voz y la incluyó como corista en varios temas.

Las “ruedas de acero” del destino

En 1988 a Lisa Fischer no le faltaba trabajo. La llamaban todo el tiempo para apoyar a diversos artistas de la escena del pop, como Roberta Flack o Aretha Franklin. Si bien eso le daba satisfacciones, ella seguía en la búsqueda de su propia voz y de emprender su carrera como solista. Lamentablemente, para muchas coristas del mundo del pop, más de un agente se interpuso en su camino. La reina del soul era Diana Ross, y por más talento o ganas de surgir, el costo para alcanzar esa carrera era muy alto. Así lo vivió Tata Vega, a quien le cortaron las alas en reiteradas oportunidades. Tal vez Whitney Houston, sin haber empezado como corista, fue de las pocas artistas en igualar a la Ross.

A pesar del panorama tan complejo en el medio musical, Lisa Fischer no perdió la fe en encontrar su rumbo. Fue paciente y recibió a mediados de 1988 una noticia que le cambió la vida: Mick Jagger la buscó para ser parte del grupo de cantantes de apoyo de la gira que el líder de los Stones daría en solitario en 1988 en Australia y Japón. Era la primera vez que Jagger salía al ruedo sin sus compañeros de banda. El motivo: presentar su segundo trabajo en estudio, Primitive Cool (1987). Junto a Lisa Fischer participaron otros músicos reconocidos, como el guitarrista Joe Satriani y el baterista Simon Phillips.
De esas actuaciones –que además se han convertido en incunables para los fanáticos de los Stones, ya que casi no hay material oficial disponible que muestre el resultado de tales eventos– surgió una relación sólida entre Jagger y Fischer. Desde los días junto a Merry Clayton, el cantante inglés no había tenido tan buena química con una corista como pasó con Lisa Fischer. Así que cuando los Stones solucionaron sus diferencias en 1989 y decidieron emprender una gira para lanzar el álbum Steel Wheels, Lisa estaba a bordo de ese barco. Ser el sexto miembro de Los Rolling Stones fue un gran reto para ella. No solo debía aprenderse en pocos meses las más de cien canciones que podrían tocar en vivo, sino que delante de ella estaba la gran sombra de Merry Clayton, quien con su magistral interpretación de “Gimme Shelter” se ganó el respeto de la crítica.

Tras un año intenso de gira con los Stones, Lisa Fischer encontró el aliciente necesario para lanzar su carrera como solista. Su nombre estaba en todos los medios a escala mundial. La prensa musical de Estados Unidos alababa una y otra vez sus actuaciones con Mick Jagger y compañía. Y fue así como el músico y productor Narada Michael Walden decidió apostar por ella gracias a un contrato con el sello Elektra. No podía estar en mejores manos, pues lo que tocaba Walden lo convertía en oro. Así sucedió con Mariah Carey, Whitney Houston y Starship. El 9 de abril del 91 se lanzó el álbum So Intense. El tema "How Can I Ease the Pain” fue número 1 en Estados Unidos durante varias semanas y en 1992 Lisa ganó el Grammy a mejor interpretación vocal en R&B. Lisa Fischer, finalmente, había logrado uno de sus propósitos, pero la fama y el estrellato no le duraron mucho.

Ese año 92, el mundo de la música estaba gratamente impresionado con el surgimiento de una nueva estrella. Los medios no se cansaban de señalar su éxito como el “nacimiento de una nueva reina del soul”. Pero en Lisa Fischer había una sensación de incomodidad, notoria desde el día en que le dieron el Grammy. Durante la ceremonia no se percató de que habían mencionado su nombre como ganadora, pues estaba distraída y convencida de que ganaría Patti LaBelle. Presagiando lo que estaba a punto de vivir como estrella del pop, ese mismo año decidió retirarse un poco del showbiz y regresar como corista de tiempo completo con Luther Vandross. Desde el año 2012 los Stones no han dejado de hacer giras por todo el mundo y allí ha estado presente Lisa Fischer, la mujer que manda en la mejor banda de rock del mundo.
La rueda de la fortuna

Entrevista hecha en octubre de 2014

¿Qué sonidos la remontan a su infancia?
Cuando era adolescente quería saberlo todo sobre el soul, el R&B y el pop. Dionne Warwick, Bobby Lewis, Cher, The Jackson Five, Earth, Wind & Fire, Rufus y Chaka Khan, Cat Stevens, Aretha Franklin, Abba, por citar algunos, eran mis preferidos. De cada uno de ellos he tomado algo. Los oídos y la mente se me fueron nutriendo de sonidos y texturas tan diferentes, que me hacían vivir las letras como si fueran solo ritmo.

Su padre cumplió un papel fundamental…
Mis papás amaban la música y tenían una colección gigante de discos. Había de todo tipo de música en casa. Tengo memorias espectaculares de cuando tocábamos, especialmente en Navidad y durante todas las fiestas en mi casa. Vengo de una familia muy musical.

¿La Iglesia también fue clave en esos años de formación?
Puedo decir que me formé en la Iglesia. Allí varias coristas vivimos una transición natural entre algo “informal” y una labor con la cual te ganas la vida. Fue maravilloso combinar armonías del góspel religioso con todo lo que oía en casa. Luego, en los ensayos del coro, hacíamos mezclas de ritmos y estilos y el resultado era maravilloso. Por eso no me sorprende que varias de las que luego cantamos con estrellas del pop empezamos nuestra carrera en una iglesia.

¿Cuándo cree que encontró su propia voz?
Yo pienso que todavía sigo encontrando mi sonido. Las voces y la gente cambian todos los días, siempre están en constante movimiento, como el segundero de un reloj, como la respiración que usamos para cantar.

¿Qué sintió la primera vez que trabajó como corista?
Fue extraño, porque todo parece parte de un cuento de hadas. Yo fui miembro de un grupo de coristas que trabajábamos para el sello Atlantic Records a mediados de los años ochenta. Estaba muy emocionada y feliz de tener la posibilidad de cantar por primera vez con otras personas y, además, de que me pagaran por eso. Luego escuché la canción en la radio y todo se volvió irreal. Con el tiempo te acostumbras, pero es una sensación muy fuerte.

¿Qué es lo más difícil de ser la segunda voz de una estrella del pop?

Pretender que todos los involucrados estén contentos con mi aporte. Conseguir exactamente lo que un artista intenta explicarte con palabras, para que la música cobre vida; es una tarea muy compleja. Pero en ese momento yo tenía claro que estaba al servicio de la música, del líder, del productor, de los propios ideales musicales. Algunas veces es muy difícil satisfacer a todos, por lo yo solo me dedicaba a hacer mi trabajo.

¿No se sintió intimidada cuando trabajó con Aretha Franklin?
Al principio estaba muy nerviosa, pero yo amo los retos y eso me ayuda a tener la calma y fortaleza necesarias para superarlos. De esas primeras sesiones junto a Aretha quedé muy impactada de su tranquilidad en todo momento. No se alteraba si algo le disgustaba. Emitía los conceptos necesarios, daba indicaciones y se procedía a corregir. Yo no puedo negar que sentí ansiedad en esas sesiones, pues quería que todo saliera perfecto. Por otro lado, Aretha era muy callada y serena, no decía mucho, y eso tiende a confundir o a malinterpretarse. Su silencio era tan poderoso como su forma de cantar. Aprendí que todo lo que tenía que hacer era entregar lo mejor de mí. Esa es la lección que me sigue dando Aretha.

¿Cómo llegó Mick Jagger a su vida?
Él me buscó en 1988 para trabajar durante algunas presentaciones del álbum Primitive Cool. Los Rolling Stones no estaban tocando, había diferencias entre ellos y Mick había decidido seguir los mismos pasos de Keith, es decir, lanzar un disco en solitario. Estuvimos en Australia y Japón. Luego, a mediados de 1989, cuando anunciaron el Steel Wheels Tour en Estados Unidos, Mick me buscó nuevamente, esta vez para ser parte de la banda más grande del rock. No lo podía creer, felicidad pura sentí de estar con ellos.

Con los Stones le tocó el pequeño reto de hacer lo mismo que en su momento hizo Merry Clayton…
Te voy a decir algo: no hay nadie como Merry Clayton. Su sonido y la emoción que irradia al cantar son únicos y especiales. Nunca se podrá imitar o remplazar. Yo solo doy lo mejor de mí. Cuando canto “Gimme Shelter”, trato de proyectar mi propia voz, mi energía y mi esencia para que el público la sienta real, auténtica, y no que estoy tratando de recordarles a Merry. Ahora, algo sí debo confesar: cada vez que quería ver a Merry, ya sabes dónde me encontraba (risas).

¿Qué tan difícil es lidiar con los Stones?
La gente siempre espera las respuestas dolorosas: que este es un trabajo duro, que los viajes, los aviones, los hoteles, que la paga es pésima, etc. Te voy a decir algo: trabajar con los Stones es pura felicidad. Son profesionales en todo lo que hacen. Su trato no puede ser mejor, están rodeados del mejor grupo de personas. Creo que cada uno de los que conformamos esta gran familia decimos lo mismo. No hay quejas, solo felicidad.

¿Por qué cree que hoy los Stones siguen tan vigentes como hace 50 años?
La química que tienen entre ellos es fenomenal, como enviada del cielo. Nunca olvidan lo que quiere la gente que los va a ver en vivo. En ese sentido, puedo decir que son una banda complaciente, que está en función de entretener y no de hacer dinero y ya. Siento que se gozan cada momento como si fuera el último. Y hay algo más: son felices. En la medida en que la gente es feliz con lo que hace, esto se mantiene, se refleja y se proyecta.

¿Cómo describe a cada Stone?
Charlie es tímido; Mick, eléctrico; Keith, peligrosamente adorable, y Ronnie es simplemente el resplandor del sol.

No podemos dejar por fuera al bajista Bill Wyman. ¿Qué tanta falta les hace a los Stones?
Una sola persona puede cambiar la dinámica completa en esta o en cualquier banda. Bill es un músico increíble, tuvo su momento y supo cuándo dar un paso al costado. Darryl Jones ha hecho un trabajo estupendo, trae todo su ser a la música pero respetando la historia del sonido del grupo. Eso es una habilidad muy especial.

¿Leyó el libro Vida, de Keith Richards?
Sí, es un libro impresionante. Más que todo, me parece que Keith ha llevado una vida impresionante. Podía oír su voz hablando mientras leía cada una de esas palabras.

¿Hay algún sitio en el que haya tocado con los Stones al que le gustaría volver?
Argentina Rocks! Me encanta cuando tocamos allí porque la energía de la gente es maravillosa. Es más, creo que no hay lugar en el mundo donde los Stones jueguen más de local que en Buenos Aires. Estoy segura de que la misma energía se vivirá en otros países a los cuales no hemos ido. Estar en frente de una audiencia es una bendición, no importa el lugar, siempre es una nueva fiesta privada en cada país. Y muchísima gente viaja por todo el mundo para ver a los Stones; es un sentimiento universal sin especificaciones, lugares o tiempo.

¿La fama la abruma? Lo digo porque usted se ganó el Grammy a mejor interpretación vocal femenina por “How Can I Ease the Pain” y de repente echó todo por la borda.
Entendí a tiempo que lo que más disfrutaba era esa protección y seguridad de cantar como corista, y todavía lo hago. No digo que no disfrute cantar mis temas, pero mi amor por hablar directamente con la gente también está creciendo; llegarles con mi propia voz y escoger mi propio material es muy gratificante. Pero en 1992 era otro el camino que debía tomar. Estuve 20 años trabajando con Luther, a quien le debo todo.

En el documental 20 Feet from Stardom varias de las coristas entrevistadas afirman que no sobresalieron como solistas porque varios gerentes de la industria de la música no lo permitieron, ni mucho menos que existiera un remplazo de Diana Ross o de Aretha Franklin. ¿Qué opina sobre esto?
Hay muchas opiniones, análisis, pensamientos, sentimientos y perspectivas sobre este tema. Muchas de ellas tienen algo de verdad pero cada historia es diferente, y a fin de cuentas hay varios factores de por qué alguien hace algo o no. Algunos tienen que ver con la historia individual, otros con lo que refleja la sociedad y otros más con la industria. Si analizamos esto, todo parece inútil. En última instancia, considero que se trata de una combinación de talento duro, preparación, suerte y destino. El resultado final nace del amor a la música, esa es la razón de por qué hacemos lo que hacemos.

¿Le parece que vivimos en una era interesante para la creatividad musical, o por el contrario, es una época oscura, como muchos críticos de la música lo afirman?
Hubo crudeza y libertad en la música que escuchaba de pequeña y cuando crecía, lo que siento que está volviendo en este momento. Existe audiencia para todo tipo de música. Hay un espejo en el mundo, una forma de comunicación universal.


Discografía selecta
Lisa Fischer So Intense (1991)
The Rolling Stones Flashpoint (1991)
The Rolling Stones Stripped (1995)
Luther Vandross Your Secret Love (1996)
The Rolling Stones No Security (1998)
The Rolling Stones Live Licks (2004)
The Rolling Stones Exile On Main St. (2010)
The Rolling Stones Sweet Summer Sun (2013)

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