“Saudó”, una mirada a la mística del Chocó

La primera película de terror del Pacífico es un viaje y un recordatorio de las muchas influencias culturales que hay en el país. Se estrena el 4 de agosto en todas las salas del país.

La película se grabó en Cali, Quibdó y Punta Solado. / Cortesía

“Mis papás y mis abuelos siempre me contaban cosas sobrenaturales y eso me llamaba la atención”, dice Jhonny Hendrix Hinestroza. Al director le tomó seis años producir Saudó, pero tan sólo ocho semanas filmarla. Los espectadores no siempre tienen claro el esfuerzo que implica arriesgarse a hacer una película. Son años de investigación, creación del guion, revisión de la estructura, filmación, posproducción y muchas otras fases en el medio.

El cine colombiano está concentrando ese esfuerzo en las regiones. Las últimas obras que recibieron reconocimientos internacionales abordan temas que tienen que ver con la relación de las personas con el territorio. Ese es el caso de El abrazo de la serpiente, de Ciro Guerra, y La tierra y la sombra, de César Acevedo.

Ahora llega Saudó, una película que explora el misticismo de la región Pacífica y que lleva al cine una narración que, si bien no tiene el contenido histórico y social de las cintas mencionadas, sí profundiza en los mitos de una de las regiones más desconocidas por el país, el Chocó.

A la película de Hinestroza hay que darle tiempo. La primera media hora no es prometedora. Los diálogos carecen de naturalidad y las interpretaciones no logran diferenciarse de las de una novela. Los actores principales, Luis Felipe Cortés, Robin Abonía y Estefanía Borges son profesionales en la pantalla chica. También, en algunos papeles más pequeños participan habitantes de la zona.

El director de Saudó asegura que “la gente se apropia de las películas cuando el cine se hace en las regiones”.

 

Los puntos altos de la cinta están asociados a otros aspectos. La banda sonora y la composición musical se alinean para crear suspenso, drama y tensión en los momentos claves de la historia. Los trabajos de Carlos García, diseñador sonoro, y Álvaro Morales, el músico de la película, logran crear un ambiente que atrapa. En Saudó se siente que la selva está viva y en ella se entremezclan latidos y sonidos de tripas. La función de la música también es vital para lograr el interés dramático de la película.

Desde el guion, Hinestroza pensó en los desafíos que la película supondría en términos visuales. Entre ellos la utilización de efectos especiales, que están muy bien logrados y favorecen las situaciones que se desarrollan en la historia.

El género del terror en el país todavía es incipiente: excepto por La cara oculta, de Andi Baiz, que fue una colaboración entre Colombia y España, Al final del espectro, de Juan Felipe Orozco, y Encerrada, de Víctor García, no se han producido tantas cintas de suspenso para ponerles una línea como medirlas. El riesgo de hacer la primera película de terror en la región Pacífica del país añade al trabajo de Jhonny Hendrix Hinestroza en Saudó un par de estrellas en su calificación. La mística de la cinta nos refiere otro tipo de país. Uno que hay que seguir contando.

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