Se publican versos

Las publicaciones poéticas de esta universidad forman parte de un movimiento más amplio: editoriales académicas (entre ellas las universidades Nacional y Javeriana) e independientes (como Tragaluz) abren su espacio a la poesía.

Darío Jaramillo Agudelo, director de la Colección Otramina. / Luis Emiro Mejía.

Cuatro poemarios ha publicado la Universidad Eafit desde julio de este año: El cielo vacío, de Juan Vicente Piqueres; Últimos días de Robert J. O’Hara, de Julio Alberto Balcázar; Esto no es el amor, de Pablo Jiménez Burillo, y LI poemas para Li, de John Galán Casanova. Las cuatro obras, que recogen experiencias de viaje, reflexiones sobre el amor o aforismos, exploran los imaginarios de autores de España, Venezuela y Colombia. Las cuatro obras forman parte de la Colección Otramina, dedicada al alto del mismo nombre en Antioquia y al poeta León de Greiff, que compuso algunos de sus versos con su visión puesta en él.

De ese modo, la editorial de la Eafit abre sus espacios a un género del que las grandes editoriales han prescindido. Un género que en el siglo pasado tuvo a muchos de sus mejores exponentes: Roberto Juarroz, Jorge Luis Borges, Vicente Aleixandre, José Emilio Pacheco. Un género que en Colombia también ha creado obras relevantes: las odas afro de Jaime Jaramillo Escobar, la trascendencia de Amílcar Osorio, los jardines oscuros de Giovanni Quessep. Colombia, dicen, es un país de poetas. Desde 1973 y hasta 2009 la revista Golpe de dados, dirigida por Mario Rivero, fue uno de los principales motores de la poesía en el país. El Malpensante, en recientes ediciones, ha decidido destacar trabajos poéticos. Sin embargo, es un género que recoge apoyos, sobre todo, en festivales y asociaciones.

Ahora ha encontrado un lugar en las editoriales universitarias. La Colección Otramina, dirigida por el poeta Darío Jaramillo Agudelo y que inspiró su diseño en los colores de la naturaleza que rodea el alto, comenzó en julio de este año. La Universidad Nacional, en su colección de poesía, ha recogido la obra de varios autores (entre ellos Horacio Benavides, Felipe García Quintero, Elkin Restrepo, Óscar Hernández y José Manuel Arango) en tres divisiones: libro inédito, libro recobrado y obra reunida. Que la poesía encontró un nicho en la universidad es aún más visible en la colección que, mes a mes, distribuye la Universidad Externado en la revista El Malpensante. El esfuerzo allí se centra en la presentación de un autor, en unas pinceladas primarias, para que los lectores consulten otras de sus obras. En esta colección, titulada Un Libro por Centavos, la universidad ha publicado 96 librillos.

El listado se amplía en la academia. Aunque tiene un énfasis mayor en la exégesis de textos literarios, la Universidad de Antioquia, incluye de tanto en tanto títulos poéticos entre sus publicaciones. Es allí donde se encuentran Vana Stanza de Amílcar Osorio (o Amílcar U), Poema y voz de José Manuel Arango y Satura de Jaime Alberto Vélez.

La reciente reestructuración del diseño y el catálogo de la editorial de la Universidad Javeriana (que antes se dedicaba a la publicación de textos puramente académicos) abrió campo a títulos de poesía: Llévame como un verso, de Luz Mary Giraldo, y Oda a John Wayne, de Óscar Torres Duque, junto con tres títulos más. El movimiento continúa en el Gimnasio Moderno que, aunque no posee una editorial propia, tiene una tradición de lecturas y encuentros alrededor de la poesía. Allí, en la colección Los Torreones, han sido editados Giovanni Quessep, Mark Strand, Lédo Ivo y José Ramón Ripoll. Los cuadernillos de Ex-Libris, también parte de los esfuerzos del colegio, suponen un ejercicio de crítica e interpretación sobre literatura.

La explosión de editoriales independientes también ha permitido que la poesía sostenga otros espacios con otro tipo de público. Las editoriales de grandes números (Planeta, Alfaguara o Random House) han dedicado sus esfuerzos a las novelas y publican antologías u obras completas de poetas ya reconocidos. Sin embargo, el juego independiente es distinto: aquí se publican poetas cuya carrera, si bien tiene cierto reconocimiento, aún no tiene la distribución que merecerían. Tragaluz, por ejemplo, empleó su colección Poemas Ilustrados para divulgar la obra de Helí Ramírez, un poeta antioqueño cuya obra es conocida en Medellín pero poco en el resto del país. También están allí los poemas de Carlos Vásquez y Jaime Jaramillo.

Los esfuerzos vienen, pues, de editoriales que refutan un argumento por demás común: se dice que la poesía no vende, que ya nadie compra libros de poesía ni tampoco de teatro, que el relato de este siglo viene de la novela, un género más sencillo para las tareas de mercadeo y publicidad. Este movimiento constante indica, sin embargo, que existen editoriales que se arriesgan a publicar poesía y que hay una producción poética extensa y viva, que se discute en festivales y encuentros y lecturas públicas. Colombia no ha dejado de ser país de poetas.

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@acayaqui

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