“Seguiré escribiendo hasta que la muerte nos separe”: Luis Darío Bernal

El escritor bogotano lanzó su obra infantil "Colibrí y el árbol de los conciertos" en la edición número 30 de la Feria del Libro de Bogotá.

Luis Darío Bernal publicó su primer libro, ‘Vida, sueño y agonía’ en 1971. Cristian Garavito

Luis Darío Bernal Pinilla estudió Derecho y estuvo inmerso en el mundo de las leyes, juzgados y oficinas, pero esta labor no lo llenaba, no le apasionaba, por eso decidió dejarlo y hacer lo que más le gusta: escribir. En 1971 publicó su primer libro, Vida, sueño y agonía, que marcó una gran carrera en la escritura.

No solo escribe, también se ha dedicado a ser asesor Internacional de la Cátedra de Literatura infantil "José Martí" en Caracas (Venezuela) y consultor de la Unesco en el Centro Regional para el fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) en la promoción de la lectura y divulgación en niños y jóvenes de América Latina.

El escritor en la edición número 30 de la Feria del Libro de Bogotá está lanzando tres libros: Coralito, Tu sonrisa vertical y otras gaviotas y Colibrí y el árbol de los conciertos.

Bernal se encuentra trabajando en dos proyectos para la pantalla grande, uno es un cortometraje sobre la novela ‘Catalino Bocachica’, cuenta las aventuras de un niño que busca a su madre y se convierte en boxeador, que ganó el Premio Nacional de Novela Infantil y fue premiada internacionalmente por la Unesco. También en un largometraje de su obra ‘Con las bases llenas’.

¿Cómo escribir para los niños de esta nueva generación?

Lo primero que hago es vivir con ellos todos los días. Hago talleres de promoción de lectura y me encuentro con niños de toda América Latina, lo que me permite saber qué es lo que quieren. Esta generación de menores maneja todo tipo de equipos tecnológicos, por lo que nacieron con mucha más información de la que teníamos los que nacimos hace 40 años. Por ello, considero que hay tantos conflictos entre los docentes y alumnos.

También, me gusta hacer trabajo de campo y para ello, les llevo a los pequeños mis historias y dependiendo de la manera en qué se comporten sé si quedó bien escrito y les va a interesar. Además, es importante saber la parte psicológica, intelectual y social del niño de hoy.

Además, pasa mucho que las personas que quieren escribir para niños se basan en recuerdos o cosas que les sucedieron en su niñez de hace más de 40 años, y resulta que los niños de hoy son absolutamente diferentes a lo que eran los de hace 30 años.

¿Por qué es importante fomentar la lectura en una etapa como la niñez?

Sin lectura no seremos cultos. La única manera en la que el ser humano puede ayudar a que este planeta no se deteriore y que las grandes guerras cesen, es que las personas sean cultas. Cuando alguien es culto tiene una visión distinta del mundo, por eso para mí la lectura es trascendental para países donde hay tanta violencia. Asimismo, los niños que crecen con poesía, cuento, narrativa, teatro o títeres, tienen un alma endulzada para tener una perspectiva que ayude a mejorar el mundo y que se llenen de esperanza.

¿Cómo se puede incentivar la lectura desde el seno del hogar?

Una cosa fundamental es que, si el niño nunca ha visto en su casa un libro y jamás ve a su mamá, papá o familiares leyendo, difícilmente va a tener un contacto con los libros y la lectura, pero hay una regla fundamental que se llama la lecturabilidad, que es la relación de conformidad entre un texto concreto y un lector. En el caso de los menores no se les debe poner a leer sobre temas que no les llaman la atención porque se logra el efecto contrario.

Es importante mirar qué apetencia tienen los niños para llevarles aquellos textos que suplan sus necesidades espirituales, morales, psicológicas y filosóficas. Esa es la regla de oro.

Lo que deben hacer los padres es involucralos con la lectura, llevarlos a actividades culturales. Cuando hablo de la lectura no solo me refiero a los libros, también a la música, la danza, el teatro, la arquitectura. Ese tipo de actividades hacen que el menor sea una persona competente, capaz de leer desde un texto filosófico, político o religioso, hasta un poema de amor.

¿Han mejorado los niveles de lectura en el país?

Es muy poco lo que se ha avanzado y creo que para poder hacer un gran proceso de lectura es necesario poner a trabajar lo siguiente: la casa, la academia, la sociedad y los medios de comunicación en conjunto. Hay que hacer un proyecto totalmente integral para que lo que reciban en la casa sea afianzado en la escuela, pero a la vez en la sociedad y en los medios de comunicación.

¿Qué le ha aportado a su vida ser promotor de la lectura en América Latina?

Es algo que me da mucha alegría. Por ejemplo, en Venezuela se inauguró un proyecto de lectura hace más o menos 15 años y los niveles de lectura se han elevado indudablemente, mucho más que en otros países y eso a mí me ha aportado felicidad.
Yo soy abogado, pero no lo vuelvo a ejercer. Dejé de ser abogado para hacer algo que dejara frutos, aunque todavía son muy pocos, pero lo he logrado. Es muy satisfactorio que a través de mi trabajo literario tenga comentarios sobre mis textos de más de cuatro millones de niños de toda América y eso me da una absoluta felicidad, más de la que podría tener si contara con todos los millones del mundo.

¿Qué efecto busca lograr con sus escritos en los niños y jóvenes que lo leen?

He trabajado para cambiar la mentalidad de los niños y jóvenes, porque lo peor que hay en este momento en el mundo es el egoísmo y pienso que la literatura y el arte sí pueden ayudar a cambiar eso. Me seguiré dedicando a escribir hasta que la muerte nos separe.

¿Qué cambia cuando escribe para niños o para adultos?

Cuando escribo para niños tengo una responsabilidad especial, que llamo la ‘tripe e’: estética, ética y esperanza. Tengo que darles a los niños algo positivo entre tantos hechos negativos que suceden en el mundo y sus entornos.

¿Por qué está en contra de la denominación de literatura infantil?

La lógica para trabajos que se hacen para niños o jóvenes es literatura para niños y para jóvenes, porque literatura infantil sería si esa literatura fuera escrita por niños y resulta que los menores, salvo casos absolutamente excepcionales como el de Mozart, no pueden hacer literatura, porque para realizarla se requieren disciplina, estudio, trabajo, viajes y conocimiento.