Sergio Ramírez

“No hay libertad ciudadana sin libertad de creación literaria o artística”

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El narrador, periodista, editor y político nicaragüense es el invitado principal a la Feria del Libro de Pereira Paisaje, Café y Libro que tendrá lugar del lunes 28 de septiembre al domingo 4 de octubre. Entrevista.

Rubén Diario, Ernesto Cardenal y muchos otros autores nicaragüenses y centroamericanos, hacen parte del acervo de la literatura latinoamericana que ha sido objeto tanto de sus fabulaciones como de su interés historiográfico y editorial por mantener vigentes y ensanchar; ¿a qué se enfrentan los clásicos ante las nuevas generaciones de lectores?

Un clásico se enfrenta siempre a los desafíos de la modernidad, un clásico tiene que ser siempre contemporáneo a los ojos del lector, sonarle a nuevo, actual; no se trata de una lectura paleontológica, de ir a explorar cosas muertas en el pasado, sino de tener entre las manos cosas vivas. Por eso es que bien decía Ítalo Calvino que un clásico es el que siempre tiene algo nuevo que enseñar

Con La Jirafa Embarazada usted se concedió escribir para el público infantil. Habiendo cultivado lectores interesados en seguir la realidad latinoamericana mediante una narrativa compleja, ¿qué pretende al acercarse al lector-niño?

Creo que el oficio más difícil de un escritor es escribir para niños, el primer error que uno puede  cometer es tratar de “bajarse”, como quien, dice a la altura de un niño, eso es imposible; uno tiene que meterse dentro de la sencillez o no perder nunca la sencillez que tiene el alma de un niño, siempre está deseoso de que le cuenten algo, nunca se cansa de que le cuenten la misma historia si es que le gusta; de manera que las claves están en nunca dejar de ser atractivo para un lector sea niño o sea adulto.

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En uno de sus blogs titulado Prosas Profanas admite la realidad de que olvidamos lo que leemos, que no está mal. ¿Qué releer en estos tiempos? ¿Qué obras cree que los lectores deben revisitar?

Hablando de la relectura, yo creo que uno debe leer siempre los clásicos, explorar su propia biblioteca como si fuera una casa cerrada a la que tiene tiempos de no volver, como me ha ocurrido a mí durante la pandemia, me he encontrado muchos libros que tenía aquí y ha sido una sorpresa encontrarlos. ¿Qué busca uno de un libro? De un libro uno busca pasar un buen rato dentro de ese libro, divertirse, extrañarse, emocionarse, asombrarse… y los clásicos siempre tienen eso, no se les debe tratar como si se tratara de libros aburridos, buscar en los clásicos aquello que nos cause emoción.

En una reciente columna acerca de los premios Oscar y las anunciadas políticas de inclusión a considerar en los filmes participantes a partir de 2024, usted vuelve a advertir del constreñimiento a la creación artística. Y explica que es un factor común en el cine y en la literatura. ¿Cómo cree que se está dando esto en las letras?

Creo que la creación literaria no admite límites, no admite camisas de fuerza, no podemos tolerar que alguien nos diga ex catedra o desde la autoridad policial qué y cómo debemos escribir y qué temas debemos tocar; porque libertad de escribir y libertad vienen a ser lo mismo, no hay libertad ciudadana sin libertad de creación literaria o de creación artística, difícilmente se puede defender la libertad política, democrática si uno antes le ha concedido a los censores la libertad de la creación literaria.

Por mencionar sólo su novela Margarita está linda la mar, usted ha apelado a las técnicas cinematográficas para la construcción de su narrativa. Esto es un empleo común en la literatura universal. ¿Qué otros ejemplos de la literatura latinoamericana cree que sean dignos de resaltar en este aspecto? ¿Qué le adeuda usted al cine?

Yo creo que siempre una obra literaria tiene mucho de cinematográfica, sobre todo los escritores que empezamos nuestro oficio en el siglo veinte cuando el cine se había vuelto una realidad artística. Y uno aprende a ver a través de los ojos de la cámara, uno aprende a ver en la pantalla y a ver literariamente lo que está construido en la pantalla, todo lo que se trata de planos largos, secuencias, planos cortos, flashbacks, close-ups, que corresponde a las técnicas visuales del cine, se ha trasladado, sin que lo sepamos, sin que lo advirtamos a las técnicas literarias, por eso no es extraño que cuando se va a comenzar a escribir un libro uno comienza a ver la historia en términos de escena, no únicamente en términos  de escritura; uno ve lo que va a escribir, y el gran desafío está en trasladar esas visiones que anteceden a la escritura.

Por la experiencia política en su país, usted puede hablar con sobrada razón de las lecciones que deja el que la izquierda gobierne. Tras haber participado en el gobierno, posteriormente usted se hizo a un lado del enfoque de Ortega. Las lecciones de que la izquierda gobierne en Colombia aún siguen pendientes. Históricamente, el escritor latinoamericano ha ejercido un enorme criticismo sobre los asuntos políticos. ¿Qué nos podría decir sobre la participación del escritor, del periodista, del creador…  hoy en medio de la tendencia a la polarización?

En lo que se refiere a la voz política del escritor, yo pertenezco a esa generación de escritores o heredé de la generación anterior que siempre fue una generación comprometida, los escritores nunca se callaban y tenían un compromiso frente a los asuntos públicos, y el mismo público lector pensaba que los escritores siempre tenían algo que decir, entonces el escritor callado no se podía concebir; hoy, hay muchos escritores callados, y yo no lo digo en demérito del que calla –creo que se puede escribir una excelente obra literaria desde el silencio político, respecto a los asuntos públicos que nos atañen a todos; pero yo me considero un intelectual de la vieja escuela, que viene desde los tiempos de Voltaire, que se ocupaba de los asuntos públicos, y que llega hasta escritores como Carlos Fuentes o Mario Vargas Llosa, a ambos los considero mis maestros, que nunca se callaron, refiriéndose a los asuntos públicos.

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