"Sí, la gráfica vive"

Graphigrupo lanza nuevo libro, expone las obras y busca patrocinadores que difundan 50 ejemplares en entidades culturales.

Portada del libro ‘Graphia B/N’ de Enrique Hernández, director y fundador del taller Graphigrupo. / Cortesía

La serigrafía es una práctica milenaria. La inventaron los japoneses utilizando tejidos hechos con cabello de mujer o crin de caballo. Luego se convirtió en una técnica de impresión en la que, como antes, se hace pasar una tinta a través de una malla tensada en un marco, y su paso se bloquea en las áreas donde no habrá imagen mediante una emulsión o barniz. Una vez hecho el primer modelo, la impresión puede repetirse cientos y miles de veces sin perder definición.

La serigrafía artística es una modalidad de la serigrafía, o del screen comercial e industrial de los años 50. Durante mucho tiempo se ha usado para hacer, por ejemplo, estampados textiles y teñidos de telas. La publicidad se apropia de la técnica para hacer afiches, carteles y todo tipo de material de promoción. Luego aparecen dibujos directos sobre tela, que permiten la creación de texturas, formas y transparencias, dibujos sobre acetatos, sobre papeles transparentes; dibujos que ahora se hacen con líneas, con texturas y con fumigados, que logran una manera de expresión más rica en la que prima el gesto del artista.

En Colombia es la publicidad la que tiene el dominio sobre la técnica en los cincuenta. Pero a raíz del movimiento pop en Estados Unidos, liderado por Andy Warhol, la serigrafía artística toma fuerza. Es él quien, por primera vez, usa objetos de la vida cotidiana y, a partir de la reproducción serigráfica, los convierte en arte y los lleva a las paredes de los museos. Esas reproducciones se convierten, a su vez, en objetos coleccionables.

Tras esta revolución técnica y conceptual, la serigrafía artística se vuelve popular en Colombia en los sesenta. Todo empieza en las exposiciones, para las que se hacen afiches promocionales. Eventualmente algunos artistas suprimen el texto y la imagen limpia empieza a venderse en galerías de arte. Ahí es donde Enrique Hernández aparece: en el año 69, con el apoyo de un profesor norteamericano, monta el Taller serigráfico Henrique Hernández, que luego se llamaría Graphigrupo. Tenía 19 años y era estudiante de arte de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Hernández aprendió la técnica cuando era niño, en el taller de un familiar que le hacía la publicidad gráfica a Bavaria en los años 50. Más adelante, en sus años de estudiante, es nombrado monitor de las clases de serigrafía. Poco después, sin haberse graduado, Antonio Roda, que en ese entonces era el director del programa de arte de la Universidad de los Andes, lo convierte en el profesor de dibujo del departamento: “Desde entonces la docencia se convirtió en algo esencial. No lo hago porque no tenga nada más que hacer. Me apasiona como me apasiona la gráfica. Sin embargo, nunca quise convertirme en un académico, quise seguir trabajando con mis manos, explorando, investigando por mi cuenta. Así me convertí en una especie de institución en el campo de la serigrafía (por arrogante que suene), porque conozco muchos detalles del oficio, muchas maneras de hacerlo. Voy descubriendo en el hacer mismo, y el taller con los artistas es una experiencia alucinante. Cada vez que tengo el encargo de una obra de cualquier artista tengo que pensar como él, decidir cómo y en qué orden voy a aplicar los colores, con qué técnica lo voy a hacer, si va a ser con fotos o con dibujos, cómo le voy a dar forma, textura, volumen, etc. Uno se vuelve una especie de alquimista haciendo esto, un alquimista apasionado”, dice Hernández.

Y es que Graphigrupo no es un taller al que los artistas mandan a hacer serigrafías de sus obras: ellos van y trabajan junto a Hernández. Se discute todo: el color, el papel, la textura, la cantidad de tinta. Tampoco es convencional la manera en que Hernández hace las serigrafías. La vía fácil es tomar una fotografía de la obra y reproducirla: “Con uno de los Navegantes de Negret, lo que hice fue tomarle una foto a la escultura para hacer aparecer la mancha naranja a la que luego, por fotoserigrafía, le di volumen. Se trata de pensar los círculos, los tercios de círculos y todos los elementos constitutivos de la obra desde la bidimensionalidad, desde un lenguaje distinto. Se superponen planos y allí empiezan a aparecer las composiciones. Es, entonces, un ejercicio de diseño, de estructuración del espacio bidimensional, de juego geométrico. No se trata de hacer la escultura, la pintura, la cátedra una vez más, sino de hacer una obra distinta, que se tiene sola, que es independiente de su primer referente, pero igual de interesante”.

Enrique Grau, Antonio Roda, Édgar Negret, Beatriz González, Rafael Echeverry, Ana Mercedes Hoyos, son algunos de los nombres que han estado vinculados al taller. Algunos fueron sus profesores, otros llegaron al taller para hacer las serigrafías de sus exposiciones. “Eduardo Serrano fue mi profesor de historia, y a la vez era el curador del Museo de Arte Moderno. Todo estaba allí, tan cerca. Fueron mis profesores, mis compañeros, mis amigos, mis colegas. Por otro lado, el mundo del arte en ese entonces era otra cosa. Esa bohemia desapareció. No es que todo tiempo pasado sea mejor, pero sí era realmente distinto. Yo vivía en La Macarena, y allí estábamos todos, éramos ‘los novísimos’ colombianos, la nueva generación de artistas: Beatriz González, Luis Caballero, Miguel Ángel Rojas… Y nuestras reuniones consistían en sentarnos a tomar unos tragos, comer algo, fumar y hablar siempre de arte. Veinticuatro horas al día pensábamos en arte. No quiero criticar a la juventud de hoy, pero rumbear ahora es algo muy distinto a lo que era antes”.

Hernández se fue por la docencia. Junto a cuatro personas más creó y estructuró la carrera de diseño industrial en los Andes y la de diseño visual en la Universidad de Caldas, que hoy es una de los programas de diseño más consolidados del país. Con motivo de los 45 años de Graphigrupo, y con el férreo objetivo de no dejar morir la gráfica, Hernández lanza ahora Graphía B/N”, un libro que recoge casi 50 grabados de 48 artistas. Los libros tuvieron un pre lanzamiento el 11 de junio en la Fundación Grau (94 con 7ª), y las obras incluidas en la publicación estarán allí expuestas hasta el 28 de este mes. Ahora Graphigrupo busca patrocinio para donar 50 de los ejemplares del libro a museos o bibliotecas en nombre de la empresa interesada. Otros cincuenta serán vendidos. Quien quiera empezar a coleccionar grabados, tener este libro es una buena manera de empezar.

 

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