“Si tuviera que hacerlo todo de nuevo, lo haría muy diferente”: Quentin Tarantino

Nadie sabía quién era hace 25 años. Nadie. El éxito le cayó como un balde de agua fría, dos años antes de “Pulp Fiction”, cuando presentó en el Festival de Sundance la película “Reservoir Dogs”.

Quentin Tarantino nació el 27 de marzo de 1963 en Knoxville, Tennessee (EE. UU.). / Cortesía Romar Media

Reservoir Dogs no ganó ningún Óscar, ni la Palma de Oro, pero fue suficiente para abrir las puertas de Hollywood e imponer el estilo que lleva la firma registrada de Quentin Tarantino.

¿Quedan buenos recuerdos de aquella primera vez que vio con público el debut como director de “Reservoir Dogs”, 25 años atrás?

Aquello fue un desastre. Había tanto que yo no sabía (con Reservoir Dogs), que si tuviera que hacerlo todo de nuevo, lo haría muy diferente. Pero la primera proyección había sido en el Festival de Sundance, y aunque la película era en Cinemascope, en la sala no tenían los lentes correctos para el proyector. Pero dejé que la mostraran, porque yo no sabía que no podían. Eso ya era suficientemente malo. Sobre el final, en la escena donde todos están gritando entre ellos, de repente alguien prendió las luces de la sala. Cuando se dieron cuenta, alguien pidió que las apagaran. Y cuando en la pantalla estaban apuntándose entre todos, en el mejor momento de suspenso, se cortó la luz por completo. Eso fue lo que viví con el público por primera vez. Fue un desastre total.

¿Y cómo fue que se volvió tan popular entonces?

En aquella época, en la segunda semana en Sundance volvían a pasar las películas para gente de la industria, aunque ahora es al revés. Era cuando los representantes, los ejecutivos y los actores formaban parte del público. Estaba Sean Penn, por ejemplo. Y esa proyección estuvo fantástica. Ni siquiera me plantearon una sola pregunta, algo que me pareció muy cool.

¿Cuáles fueron los primeros comentarios que escuchó después?

Ah, sí, a los dos días todos empezaron a hablar de la escena de la tortura como si fuera algo muy, muy grande. Alguien vino comentando que la escena de la tortura arruinaba toda la película. Y yo no lo entendí, me parecía que era lo mejor, por la cantidad de gente que se iba de la sala, en ese preciso momento (risas). Eran tantos que incluso empecé a contarlos.

¿De verdad?

Sí, sí. Es que volví a ir. Me pasé el año entero recorriendo el planeta por todos los festivales de cine, algo que me parecía genial. Era mi forma de conocer el mundo. Y lo que pasa es que en los festivales nadie sabe lo que va a ver. Sólo ven el programa con un resumen. Nada más. Y al momento en que sale la película, la gente no tiene la menor idea de lo que fue a ver. Por eso también se entiende si alguien compra una entrada de cine para un festival y se va al darse cuenta de que no era lo que quería ver. Y yo empecé a contar a los que salían durante la escena de la tortura. Una vez llegué a contar 33 personas. Eso fue lo máximo.

Y hoy... ¿se da cuenta del impacto que tiene en el mundo entero, más allá de Hollywood?

Sí, incluso es un orgullo poder decir que soy director de cine internacional. Es la forma en que me veo. No soy un director de cine estadounidense. Soy estadounidense y director de cine, pero hago cine para todo el planeta Tierra. Y desde que recorrí el mundo con Reservoir Dogs, vengo haciendo lo mismo. Hago cine para todo el mundo.

¿Es por eso que también suele pasar por el Festival de Cannes antes de estrenar en una sala de cine normal?

Lo maravilloso de Cannes es que les interesa el cine. Es importante. Por algo van los periodistas de todo el mundo, desde Finlandia, Groenlandia o Islandia. Y hasta cuando la gente abuchea, lo hace por pura pasión, porque les importa.

Para quienes no la vieron, Reservoir Dogs es la historia de seis elegantes ladrones de diamantes que después de escapar de la policía, entre disparos y las infaltables heridas, se confrontan para descifrar quién de ellos es el traidor que los delató, sin nombres más allá de un color para cada uno, como Mr. White (Harvey Keitel), Mr. Orange (Tim Roth) Mr. Blonde (Michael Madsen) y Mr. Pink (Steve Buscemi). Y generando un verdadero espectáculo detrás de la más extrema violencia, Quentin Tarantino impuso un estilo muy particular en Hollywood, que lo convirtió en uno de los directores más populares de su generación.

¿Cómo se le ocurrió la idea de “Reservoir Dogs”?

Francamente, no recuerdo cómo surgió es idea. Sé que estaba tratando de hacer algo con gente difícil, con cierta comedia alrededor de una muerte existencial. Y la idea de Mr. White, Mr. Orange, Mr. Blonde me pareció muy interesante.

¿Cómo fue que un completo desconocido, en aquel entonces, logró convertirse en director de cine de la noche a la mañana?

Todo fue gracias a Harvey Keitel. Él era mi actor favorito. Veía todo lo que había hecho dos o tres veces. Parecía un sueño imposible conseguir que Harvey aceptara el rol de Mr. White. Y de repente conseguimos una conexión con la esposa de Peter Flood, aunque era algo bastante lejano. Pero funcionó, y Harvey terminó dejando un mensaje en el contestador automático que decía: “Leí el guion. Me encantó. Quiero involucrarme, incluso quiero ayudar en la producción para que llegue al cine”. Imagínate: nos pusimos a bailar cuando escuchamos aquel mensaje. Fue una experiencia increíble. Y aquel sí fue el principio del principio.

¿Tenían suficiente presupuesto como para hacer pruebas de “casting” con los actores?

Harvey pagó los costos para que yo viajara a Nueva York y consiguió un par de habitaciones de hotel en el Mayflower. Eso sí: Harvey viajó en primera clase y yo en turista. Ahí fue donde conseguimos a Steve Buscemi.

¿Llegaron a ensayar o filmaron todo directamente?

Leímos el guion alrededor de una mesa, varias veces. Pero no, básicamente fuimos quebrando la filmación en diferentes escenas.

¿El mejor recuerdo de todos?

Con Reservoir Dogs me acuerdo de todo, pero uno de los momentos favoritos no tuvo nada que ver con el rodaje. Cuando terminamos con los ensayos, Harvey organizó una cena en la casa de Malibú que estaba alquilando. Yo estaba viviendo en Glendale con mi mamá entonces (risas). Se puede ir hasta Malibú, todo derecho por Sunset Boulevard, aunque el viaje es mucho más largo. Y después de haber visto lo bien que iba todo, lo bien que nos llevábamos, en cierta forma dejé de sentir la presión que había estado sufriendo. Los actores estaban perfectos para cada rol, entendían el material y después de dos semanas de ensayo, lo sabían todo muy bien. Todo estaba listo para filmar. Y ahí me di cuenta de que tenía la película entre mis manos. El resto era un postre, ya tenía la cena con ellos, literalmente. Fue lo mejor.

Y así fue como también logró hacer historia en el mundo del cine.

Recuerdo perfectamente aquella noche, en mi auto, volviendo de Malibú hasta Glendale por Sunset Boulevard, sin salirme de la misma avenida. Fue el momento más feliz de mi vida. Algo que había imaginado por tanto tiempo… hacer cine, en general, podía llegar a funcionar. Yo no quería que Reservoir Dogs fuera la típica película que salía en video, sin pasar por una sala de cine. Quería que la pasaran en las salas más artísticas, con una buena limonada. Quería que fuera un estilo de cine totalmente artístico, así de simple.