Siguiendo los pasos del papa

Austen Ivereigh, periodista y comentarista de asuntos religiosos, escribió "El gran reformador: Francisco, retrato de un papa radical", una biografía que busca comprender el pasado de Jorge Mario Bergoglio a través de su pontificado.

El papa Francisco busca facilitar el acceso de la gente a los bienes de la Iglesia y a la vez a la vida con Dios. / AFP

La noche del 13 de marzo de 2013, Austen Ivereigh se encontraba en la plataforma elevada dispuesta para las transmisiones televisivas con vista a la plaza de San Pedro. Era el segundo día desde que los miembros del Colegio Cardenalicio se habían reunido para elegir al nuevo papa. A las 19:05 apareció el humo blanco por la chimenea de la capilla Sixtina. Sus ojos se agudizaron, no perdía el mínimo movimiento de las cortinas del balcón. (Vea el especial sobre la visita del papa Francisco a Colombia)

Minutos antes de que se conociera el nombre del sumo pontífice de la Iglesia católica recibió un mensaje del cardenal jubilado Cormac Murphy-O’Connor, quien había participado en las conversaciones previas al cónclave, pero, por edad, no podía ser parte del mismo: “Dado que el cónclave fue corto, el nuevo papa podría ser Jorge Mario Bergoglio”.

Apenas tuvo unos minutos para relacionar su procedencia. Bergoglio sería, entonces, el primer papa jesuita y latinoamericano. “En ese instante recordé el cónclave de abril de 2005, en el que se eligió como papa a Benedicto XVI. Pocos meses después, el diario secreto de un cardenal anónimo reveló que Bergoglio, de Buenos Aires, había sido el otro contrincante en aquella elección. Después de esto, en 2013 casi nadie lo consideraba ‘papable’. Por eso agradecí el rumor, pues el cardenal argentino no figuraba en mi lista, ni en la de nadie”, comentó Ivereigh.

Las campanas de la Sixtina repicaban. La multitud que estaba en la plaza de San Pedro gritaba como muestra de júbilo. Las cortinas del balcón se abrieron y apareció el cardenal Jean-Louis Tauran diciendo: “Habemus Papam! Es el eminente y gran reverendo Jorge Mario, cardenal de la Santa Iglesia Romana. Bergoglio recibe el nombre de Francisco”.

En ese momento, Ivereigh recordó los viajes que años atrás había hecho a Buenos Aires, así como su tesis doctoral sobre Iglesia y política en la historia argentina, la misma que lo había introducido en los grandes temas que serían parte de la vida del recién elegido papa: el nacionalismo católico de los años cuarenta, el movimiento social católico y el peronismo, el Concilio Vaticano II y Medellín, la teología de la liberación, la crisis del liberalismo democrático y la presencia de los militares en la vida pública, y claro, la guerrilla y la dictadura de los años setenta. Su dominio del tema le permitió hablar en directo para un canal de noticias británico sobre el segundo pontífice más votado en el cónclave.

Después de tres meses, Ivereigh se encontraba de nuevo en la plaza de San Pedro. Estaba en primera fila para la audiencia del miércoles, día en el que cualquier persona puede saludar al papa mientras este avanza y se detiene a conversar brevemente con miembros de delegaciones y otros invitados. Francisco tardó dos horas en llegar hasta donde estaba el británico. Su encuentro, que duró apenas un minuto, fue el origen de lo que vendría en los años siguientes.

“Conocí al papa bajo un sol de justicia, apoyó su mano con fuerza en mi brazo y me transmitió valor. No es que él quisiera que yo le escribiera una biografía —detesta que escriban libros sobre él—, pero su firmeza al tocarme me dio ánimo”.

En octubre de 2013 viajó a Buenos Aires por cinco semanas. Entrevistó a todos los que conocían a Jorge Mario Bergoglio: jesuitas, exjesuitas y personas cercanas durante sus veinte años como obispo, arzobispo y cardenal. Buscó el primer artículo que escribió, publicado en 1969, y en adelante leyó todos sus manuscritos. Recorrió los pasos que un día llevaron a Bergoglio de la capital a las provincias de San Miguel, Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos. Pasó por Santiago de Chile, donde el argentino culminó sus estudios en el juniorado jesuita. Asistió a la Jornada Mundial de la Juventud de 2013 en Río de Janeiro (Brasil). Regresó a Roma en 2014 para presenciar el nombramiento de cardenales y la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II.

Leyó, una y otra vez, las primeras biografías argentinas que había del ahora papa Francisco. Todas estaban llenas de anécdotas y datos del tiempo en que Bergoglio fue cardenal. Sin embargo, dejaban por fuera sus treinta años como jesuita, sus controversias y el tiempo en el que había conformado su espiritualidad y visión del mundo.

Reunió toda la información que pudo y en cinco meses escribió El gran reformador: Francisco, retrato de un papa radical (Ediciones B, 2015), un libro que, más que ser una biografía, busca comprender el pasado de Jorge Mario Bergoglio para con ello entender cómo se formó su pensamiento en medio de la dictadura militar entre 1976 y 1983.

“Lo que a mí, en realidad, me interesaba era saber quién era, cómo pensaba, cómo lo había moldeado su condición de jesuita, cómo se posicionaba en relación con todas las controversias que había estudiado hacía tanto tiempo (…). Sabía que el retrato debía abarcar más que la historia de Bergoglio; que el pontificado de Francisco, que ya se iba desarrollando a toda velocidad, se vería a través de su biografía”, escribió Austen Ivereigh en el prólogo.

Cada capítulo comienza con un episodio importante del pontificado que se relaciona con una parte del pasado de Bergoglio. Es empezar a leer la historia de Jorge y Francisco a través de los ojos del presente.

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En las biografías de Jorge Mario Bergoglio se ha dicho que nació en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936. Que es hijo el mayor de cinco del matrimonio italiano entre Mario Bergoglio y Regina María Sívori. Que sus abuelos tuvieron que salir de Italia huyendo del fascismo. Que es un hombre acostumbrado a pasar dificultades. Que durante su infancia, la mayor influencia que tuvo fue su abuela Rosa, una mujer de profunda fe y actitudes políticas.

También, que se graduó como técnico químico y que en su juventud una enfermedad hizo que le fuese extirpada una porción de pulmón. Y se ha ahondado en su decisión de convertirse en sacerdote a los 21 años, cuando ingresó al seminario del barrio Villa Devoto y al noviciado de la Compañía de Jesús, para más tarde ir a Chile a terminar su formación en ciencias clásicas, donde estudió historia, literatura, latín y griego, bajo la instrucción del sacerdote jesuita Carlos Aldunate Lyon.

El 13 de diciembre de 1969, con casi 33 años, fue ordenado sacerdote. Tres años después fue nombrado provincial de los jesuitas argentinos, cargo que ocupó hasta 1979. Pasó a ser rector del Colegio Máximo, puesto asignado desde Roma. En este tiempo dirigió las facultades de Teología y Filosofía, además de estar a cargo de la formación de un centenar de escolásticos jesuitas.

“Bergoglio tenía un modelo atractivo de sacerdocio misionero y espiritualidad ignaciana que impartir (basada en el libro Ejercicios espirituales de San Ignacio) (…). Sin embargo, el programa de formación de Bergoglio incorporaba un elemento extra, radical, que rara vez se encontraba en la formación jesuítica de la época (…). Consistía en una opción por los pobres expresada en el trabajo manual, en los cuidados pastorales y un respeto profundo por la cultura y los valores populares, particularmente por la religiosidad de peregrinaciones, santuarios y devociones. Los invitó a una ‘enculturación’ radical en las vidas del santo pueblo fiel de Dios”, escribió Ivereigh en el capítulo cinco, dedicado a la relación de Jorge Mario Bergoglio con la Compañía de Jesús. En el mismo se refiere al tiempo en el que su modelo de formación religiosa fue criticado y tildado de anticuado, y a su expulsión de la orden religiosa.

En junio de 1992 fue consagrado obispo en la catedral de Buenos Aires y durante el consistorio del 21 de febrero de 2001, el papa Juan Pablo II lo designó cardenal con el título de San Roberto Belarmino. Su mayor logro sería por entonces ser un hombre religioso capaz de salirse de los marcos de su época y con ello demostrar su capacidad de liderazgo.

El gran reformador

Para Austen Ivereigh, en la vida de Francisco hay un hilo conductor que se desarrolla de forma integral en la reforma de la Iglesia. Este consiste en que la Iglesia vuelva a enfocarse en su misión central: conducir a las personas al encuentro del Dios de la misericordia. En ese sentido, “la verdadera reforma respeta y no cuestiona las doctrinas y tradiciones de la Iglesia. Busca cambiar el enfoque a una postura más concentrada en las necesidades concretas de pueblo”.

Las dos guías de Francisco han sido los teólogos franceses Yves Congar y Henri de Lubac, de quienes aprendió a unir al pueblo de Dios a través de una reforma radical destinada a santificarlo. Sus tres reformas son en la provincia jesuita de Argentina, en la Iglesia argentina y ahora en la universal.

El papa pertenece a una tradición de reforma radical católica que busca facilitar el acceso de la gente a los bienes de la Iglesia y a su vez a la vida con Dios. Francisco regresa a las corrientes reformadoras de Francisco de Asís, que quería “una iglesia pobre para los pobres; libre de toda ‘mundanidad espiritual’ y cercana a la gente, especialmente a los que sufren y anhelan las bienaventuranzas”.

¿Cuál es la visión del papa Francisco?

Él no se considera el líder de la Iglesia católica. El líder es Dios y él es el instrumento. Su papel es abrir puertas y crear nuevos espacios. Tender puentes que permitan que fluya fácilmente el Espíritu Santo. Esto en relación con la diplomacia, pero también con la estrategia pastoral de la Iglesia.

Por eso lo que está buscando es facilitar que las personas puedan acceder a la Iglesia y a Dios. Sabe que su papel es desbloquear el camino. Francisco ofrece el Vaticano como ese espacio geográfico neutral para cualquier discusión, se ofrece a sí mismo como un espacio humano donde las personas de ideologías muy cerradas y opuestas puedan reunirse.

¿Cree que Francisco va a terminar con la burocracia en la Iglesia?

Terminar con la burocracia sería difícil porque la Iglesia necesita una burocracia. Lo que él está buscando es que la Iglesia no dependa de ella, que deje el poder, el éxito y el ego, para centrarse más en el evangelio.

Las reformas que está llevando a cabo en Roma están destinadas a agilizar, a hacer más eficiente el gobierno en la Iglesia. Muchas tienen que ver con las finanzas o las comunicaciones, lo que cualquier papa habría hecho, pero creo que lo que lo hace distinto es la cultura que está haciendo de la Iglesia, quiere que sea mucho más misionera y que esté enfocada en las necesidades reales de las personas, que no se quede encerrada en sí misma, en burocracias e ideologías. Esa transición es lo que está buscando hacer con sus reformas y la herramienta principal de esa conversión es la Misericordia de Dios, por eso quiere que ese sea el mensaje primordial para la humanidad.

¿Sus reformas pueden dividir a la Iglesia?

En el fondo hay varias resistencias. Creo que la más general es una actitud defensiva que viene del temor a ceder ante la cultura. Normalmente, la critica a Francisco va a que él está socavando nuestro testimonio y confundiendo a la gente, pero ahí hay una ambigüedad. Él mismo ha dicho que en nombre de Dios siempre ha habido dos corrientes: una es la lógica de los doctores de la ley y la otra la lógica de Dios. La primera es la que busca conservar y tiene miedo a la contaminación; la segunda sale en busca de la oveja perdida que quiere integrarse. Son como dos modelos de Iglesia: uno como juez y policía, el otro es enfermedad y hospitalidad. Está muy claro dónde quiere él que esté la Iglesia, porque ese es el modelo de Jesús.

En todos sus viajes, Francisco busca tener un encuentro especial con los jóvenes. ¿Por qué?

Invita a los jóvenes a soñar, a creer en el futuro y no dejarse llevar por las inconformidades con la sociedad. También los invita a creer en una moralidad, en el matrimonio y en las vocaciones. Su mensaje es una propuesta para comprometerse y aventurarse.

Francisco es visto como un papa muy liberal, pero ¿qué cree que no está dispuesto a aceptar?

Creo que Francisco no aceptaría todo lo que está fuera de la verdad, de acuerdo con la manera como ve el catolicismo. Por ejemplo, no aceptaría un sacerdocio femenino o el matrimonio gay. Él está totalmente en contra de redefinir el matrimonio y ese es un punto de vista tradicional católico. Sin embargo, sí está a favor de los derechos de la comunidad LGBTI y su inclusión en la sociedad. Está en contra de toda la discriminación.

Después de conocer detalles sobre la vida del papa Francisco, ¿cómo lo define?

Es un introvertido jesuita carismático, pero sobre todo un pastor que tiene una espiritualidad muy arraigada que le permite tomar decisiones sabiendo que está siguiendo la voluntad de Dios. Es una persona valiente y un genio para construir relaciones de confianza en medio de fronteras religiosas, políticas, culturales y nacionales. Es una persona muy estratégica que siempre está pensando y planeando. A veces digo: “Los políticos en general no son santos y los santos no son políticos”. Él combina ambos.

 

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