Literatura y luchas sociales

Simone de Beauvoir y “El segundo sexo”

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El segundo sexo abrió las puertas para que la mujer tomara conciencia del papel que le corresponde en la sociedad y para exigir el reconocimiento de sus derechos como sujeto decisivo de la historia.

“No se nace mujer, se llega a serlo”. Esta afirmación de Simone de Beauvoir, tomada de su libro El segundo sexo, publicado en 1949, que revolucionó los valores tradicionales femeninos y contribuyó decisivamente a la liberación femenina, apoyada por la revolución de la píldora anticonceptiva de los años 60, es el punto de partida del libro Acompañando a Simone de Beauvoir, mujeres, hombres, igualdad del escritor y filósofo Sami Naïr, publicado por Galaxia Gutenberg a finales de 2019.

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El libro de Sami Naïr es una biografía intelectual de Simone de Beauvoir, filósofa y novelista, a quien él acompañó como miembro de redacción de la revista Les temps modernes, dirigida por ella luego de la muerte de Jean Paul Sartre, en 1980. La revista, que se destacó por una línea ideológica, política y cultural, así como crítica e independiente, fue fundada por Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Maurice Merleau Ponty en 1945.

El libro de Sami Naïr se publicó 33 años después de la muerte de la escritora francesa, como homenaje a su vida y obra. En el prólogo del libro, Naïr dice que se va a ocupar de la visión del mundo, del pensamiento crítico de la escritora. La evoca en los últimos días de su vida, cuando ella debía someterse a una pequeña intervención médica, pero se complicó por una hemorragia que le causó la muerte. Le pesó mucho, como cuando muere un ser querido y se pierde para siempre.

El cuerpo de la escritora, envuelto en un sudario blanco, fue llevado al cementerio de Montparnasse, en París. Sus cenizas fueron depositadas en una urna gris y fueron colocadas al lado de la tumba de Sartre, su amigo intelectual y amante, con quien compartió muchas inquietudes, siendo estudiantes de filosofía en la universidad La Sorbona: la creación del existencialismo sartreano como filosofía de la vida, en la que la existencia precede a la esencia. Es decir, que el hombre realiza su vida, sus actos, en los que compromete su libertad. Participaron en la Revolución de Mayo del 68 en París, se sumaron a las luchas políticas contra el sistema y poder capitalista, en el apoyo político a los países del tercer mundo y a los inmigrantes y en el rechazo al racismo. Una de las banderas de lucha de Beauvoir fue su apoyo al aborto, tarea poco fácil por la dura oposición que encontró, pero que finalmente se legalizó.

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Naïr se dedica a analizar la obra literaria de la escritora, especialmente algunas de sus novelas, y destaca los temas tratados: “El amor, la sexualidad, la angustia, el hastío del mundo, el compromiso, el fracaso; los dramas de la libertad, en un mundo que la limita o la niega, las relaciones problemáticas entre los seres, el pesimismo enfrentado a la voluntad de ser, la relación con la muerte”.

El segundo sexo, su libro más leído y reeditado, se presenta como una necesidad de explicar la posición de la mujer en la vida, en la sociedad, los condicionamientos y las limitaciones a las que está sometida, y la importancia y necesidad de su liberación. Parte del reconocimiento de que el mundo en el que vive la mujer es un mundo de valores masculinos, que ha caracterizado a la sociedad occidental, en lo que coincide con el ejemplo de Juana de Arco, la heroína francesa que para derrotar a los ingleses en la Guerra de los Cien Años, en el siglo XV, tuvo que asumir el papel de soldado, un rol masculino. El desafío le costó caro, pues fue traicionada por la nobleza francesa, entregada a los ingleses, procesada por el obispo inglés Pierre Cauchon y condenada a la hoguera por herejía.

Cuando Beauvoir comenzó a investigar en la década del 40, en la Biblioteca Nacional, sobre la condición femenina, la mujer vivía en una sociedad patriarcal, estaba relegada al hogar y a la reproducción. Obtuvo el derecho al voto por su activa participación en la resistencia a la ocupación nazi y comenzó a respirar ciertos aires de libertad. El segundo sexo abrió las puertas para que la mujer tomara conciencia del papel que le correspondía cumplir en la sociedad y para exigir que se le reconocieran sus derechos como sujeto activo y decisivo de la historia. Se dio un paso importante para su liberación y fue el comienzo de una nueva etapa en la historia de la mujer.

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El segundo sexo despertó controversias: en Francia fue criticado por Albert Camus, por considerarlo antimachista, pero fue recibido con interés en el mundo femenino. En Estados Unidos, por ejemplo, encontró eco en dos escritoras: en el libro Política sexual, de Kate Millet, y en La mística de la feminidad, de Betty Friedan.

El libro, según Naïr, se podría dividir en dos partes: la que trata acerca de la dimensión de la mujer en la historia, con sus grandes disparidades, y la que pone en cuestión el mito femenino, la feminidad y los mecanismos de dominación masculina. A la afirmación de que “no se hace mujer, se llega a serlo”, agrega que “el hombre no es una especie natural: es una idea histórica. La mujer no es una realidad inmutable, sino un devenir”. Reitera que la mujer es “un producto de la sociedad masculina patriarcal”, biológicamente débil, destinada a cumplir un papel secundario. Niega que haya una naturaleza femenina en contraste con “la realidad masculina construida sobre la dominación de los sexos”. La mujer interioriza su condición subalterna, la naturaliza, se resigna a su papel reproductivo y maternal, su dedicación al trabajo doméstico. En estas condiciones la mujer está alienada por su sumisión y dependencia del hombre, una relación parecida a la del amo y el esclavo hegeliana, legalizada por las reglas del derecho, relativas al matrimonio, la propiedad de bienes, la herencia. Prosigue con la demostración que “la mujer es un producto histórico fabricado por la sociedad masculina”.

Beauvoir propone la liberación femenina de la sociedad de dominación masculina mediante modificaciones sustanciales, como el derecho de la mujer a la plena igualdad. Ante las críticas que recibió por su posición feminista, reiteró la necesidad de que la mujer tome plena conciencia del papel protagónico que le corresponde cumplir en la sociedad. Esto, dado que en la época en la que escribió El segundo sexo, la mujer tenía acceso a la educación universitaria, de la que derivaba cierta independencia para el trabajo profesional y otras opciones de vida.

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Conocí a Simone de Beauvoir en el año 1977, o 1978, al final de unas vacaciones de verano, en un viaje nocturno en tren entre Venecia y París. Un poco antes de las seis de la tarde, caminaba con cierta prisa para llegar a tiempo a la estación, donde, para mi sorpresa, me encontré con una compañera francesa de un curso de filosofía de la universidad París VIII. Entramos juntos al tren y antes de que tomáramos asiento en un compartimento me dijo:

- ¿Sabes quién va en este tren?

- No sé, le contesté. ¿Es alguien que conocemos?

- Sí, dijo. Va Simone de Beauvoir, la conocemos a través de sus libros, sobre todo a través de El segundo sexo. ¿No te parece que debemos localizarla y hacerle una pequeña entrevista?

-De acuerdo, le contesté. Organicémonos un poco y luego la buscamos.

Colocamos el equipaje en el dispositivo lateral y nos dedicamos a hablar de Venecia, la ciudad que parece que surge del mar, y de los cursos y los profesores de la universidad. Recordamos la novela La Muerte en Venecia, de Thomas Mann, que tiene como escenario dicha ciudad.

A las ocho decidimos buscar a la escritora francesa y recorrimos los compartimentos hasta localizarla. Sylvie la conocía más que yo y sonrió para celebrar lo que prometía ser un encuentro interesante. La escritora estuvo de acuerdo en recibirnos y en hablar con nosotros. Nos hizo seguir y estaba acompañada por una mujer un poco menor. Simone de Beauvoir tendría unos 65 años y conservaba los rasgos que la habían distinguido.

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Sylvie le dijo que había leído El segundo sexo y que quería preguntarle sobre la afirmación que la mujer no nace mujer, sino que llega a serlo a través de la educación y la cultura. “Sí”, respondió Beauvoir. “Para más precisión, debo decir que la mujer históricamente ha cumplido los papeles de madre, esposa, hija, hermana. Esto ha sido una forma de discriminación, pues la mujer no ha tenido otras opciones. La genética no define propiamente a la mujer, sino las formas en la que ella es educada y socializada. En mi libro propongo que la mujer, para su liberación, debe elaborar su propia identidad, con criterios independientes de los masculinos. Me complace que hayan leído mi libro y que hayan venido a entrevistarme. Escribir el libro no ha sido en vano. Dada la gran recepción que ha tenido en el mundo y la revolución que ha producido, la mujer ya no será como antes”.

Pocas veces un libro, como El segundo sexo, cambiaría en forma tan radical la condición femenina. A partir de él, la mujer tomó conciencia de la situación, de las condiciones en las que vivía, y se propuso cambiarlas. Cuando viví en París, de 1975 a 1979, supe que la mujer desde joven ya no vivía con sus padres, estudiaba en la universidad, tenía relaciones de amor libres, usaba la píldora y viajaba. En fin, era más libre. A esa libertad contribuyó también la Revolución de Mayo del 68 en París. El movimiento feminista tomó fuerza y se expandió por todo el mundo, como una necesidad de afirmar la independencia de la mujer. En algunos países tuvo más fuerza que en otros, pero encontró resistencia, sobre todo, en los países de tradición musulmana. La mujer continúa su lucha por la igualdad de género, por su libertad, para superar la “condición” femenina de opresión, de violencia ejercida por el varón, sobre todo sexual. Me Too, por ejemplo, surgió hacia 2017, con apoyo en las redes sociales, para denunciar el acoso y el abuso sexual que se comete contra la mujer en el mundo. La cadena de denuncias comenzó con el productor de cine norteamericano Harvey Weinstein.

La relación de Sartre y Beauvoir no solo fue amorosa, sino sobre todo intelectual. En los dos se pueden encontrar influencias recíprocas, sobre todo filosóficas. La escritora se inclinó más hacia la literatura, la novela, el ensayo, mientras que Sartre hacia el ensayo filosófico y literario, y una novela: La náusea, publicada en 1938. La pensadora reconoció la gran influencia que ejerció Sartre sobre ella, al tiempo que él la reconoció como su interlocutora y con quien tenía una relación de igualdad.

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Simone de Beauvoir, frente al colonialismo, asumió una posición radical, de denuncia y condena por la violencia, la opresión y el sojuzgamiento que ejercía Francia sobre Argelia. La compartió con Sartre y otros intelectuales franceses y extranjeros partidarios de la independencia de la colonia. Ellos denunciaron el incumplimiento del lema libertad, igualdad y fraternidad pregonado por la Revolución Francesa, como un engaño y traición a esos principios, razón por la cual fueron perseguidos, atacados en la calle, criticados por la prensa y víctimas de un atentado. Sartre y Simone de Beauvoir recibieron duras críticas de la izquierda francesa, sobre todo del Partido Comunista y una fracción del Partido Socialista obrero, así como de sectores de la extrema izquierda trotskista. Ante la crítica situación, un grupo importante de intelectuales lanzó el Manifiesto de los 121 en forma de apoyo al movimiento de liberación de Argelia.

Beauvoir denunció las torturas y la violencia a la que fueron sometidos los argelinos que lucharon por la liberación. En París, donde vivía un gran número de ellos, la policía reprimió las manifestaciones de estos a favor de la independencia, con un saldo elevado de muertes y heridos. Naïr cita el caso del escritor Gabriel García Márquez, residente entonces en París, quien por su aspecto magrebí fue obligado a presentar sus papeles de identidad en la calle y en el metro. Parece que por esa situación dijo: “Soy pobre e indocumentado”.

La lucha por la independencia de Argelia, después de ocho años de una dura y sangrienta batalla, se logró en 1962 mediante los Acuerdos de Evian, firmados por representantes de Francia y del gobierno provisional de Argelia del Frente de Liberación Nacional. Simone de Beauvoir y los otros firmantes del Manifiesto de los 121 celebraron la independencia de Argelia como un triunfo del movimiento anticolonialista, no solo de Argelia sino del tercer mundo. Sin embargo, la escritora francesa no estuvo de acuerdo con el tratamiento discriminatorio que el nuevo gobierno argelino, que se proclamaba socialista, le dio a la mujer, pues no se parecía al socialismo real. La opresión a la mujer continuaba, pues se mantuvo obligación del uso del velo y el matrimonio forzoso.

La posición de Simone de Beauvoir frente al conflicto árabe-israelí de la época fue ambivalente, pues fue favorable a los intereses de Israel. Fue partidaria de que existiera un Estado binacional, donde los derechos de los palestinos fueran iguales a los de los israelíes, pero se opuso a la creación de dos Estados independientes, con Jerusalén como capital, al que aspiraban los palestinos. Naïr atribuye esta posición de Simone de Beauvoir a su rechazo al antisemitismo, al horror del Holocausto, pero explica que esta posición humanitaria también se ha aplicado a la discriminación de la mujer y del hombre negro.

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Sami Naïr se dedica a explicar qué ha pasado con El segundo sexo 25 años después de su publicación y cuál es su vigencia. Destaca que es un libro que plantea por primera vez en occidente las características y situaciones de la relación hombre-mujer en la sociedad, así como sus conflictos y complejidades. Reconoce que los problemas surgen por el carácter desigual de la relación, por el poder de dominación que el hombre ejerce sobre la mujer. La mujer vive alienada y solo se liberará cuando tome conciencia de esa condición y cuando el hombre permita esa liberación. Para ello es necesario que se produzca una revolución política, económica y social, una transformación de la sociedad en la que la mujer logre emanciparse y viva en condiciones de igualdad. Se podría afirmar que El segundo sexo produjo importantes cambios en la sociedad occidental a favor de la mujer, aunque aún quedan muchos derechos por conquistar.

Beauvoir fue consciente de que por su condición de mujer burguesa tuvo acceso a la educación, lo que le permitió escribir, ser profesora y recibir regalías de sus libros. Le permitió ser una mujer libre. En ese sentido, se consideró una mujer privilegiada. Esto, a diferencia de las mujeres que “son tratadas como el segundo sexo por la sociedad masculina, cuya estructura se derrumbaría si su orientación masculina fuera totalmente suprimida”, como lo manifiesta en su libro Escritos.

Una de las tesis que plantea El segundo sexo es que, al considerarse sujeto político, la mujer exige que el poder político no sea exclusivo del hombre. Es decir, se demanda que la mujer participe en él en igualdad de condiciones, aunque en la fuerza laboral sigue siendo discriminada y no muy bien remunerada. La política refleja las divisiones sociales de poder en la sociedad, dado los intereses económicos en juego de las clases que la conforman. Beauvoir dice que las mujeres “no son una clase social, sino un género trasversal que atraviesa a todas las clases sociales y que es, al mismo tiempo, atravesado por los intereses de todas las clases sociales”. En este sentido, la liberación femenina permitiría la liberación del hombre del estado de alienación en que se encuentra, para lo cual habría que cambiar las estructuras políticas, económicas, sociales y culturales de la sociedad.

Beauvoir consideraba que todo lo que contribuyera a la liberación femenina debía ser celebrado como una conquista de los derechos de la mujer y que esa lucha debía continuar. Así, lo que se ha logrado no debe ser motivo de conformismo. Los movimientos feministas en el mundo confirman que la causa ha progresado y continúa con los mejores augurios, aunque los detractores no faltan.

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Simone de Beauvoir confesó en Cuadernos de juventud que desde muy joven se propuso ser escritora por la necesidad de comprender y explicar su posición en el mundo a través de la literatura, como un compromiso con su tiempo. “Las palabras luchan contra el tiempo, la soledad y la muerte”. El escritor debe crear “un universo rico en significado”, debe alcanzar la universalidad, como Cervantes, Shakespeare, Dostoievski, cuyas obras han trascendido la época de su producción.

Para ella, el compromiso “es la libertad fundamental del ser humano” que le da sentido a la vida. Sobre el yo, la elección y la acción recae la posibilidad de la realización humana, que debe asumir con responsabilidad contra la condición incierta a la que está sometido. El hombre está en situación, es decir, no debe actuar solo, sino en función del otro, de la comunidad humana.

La relación de pareja en la sociedad patriarcal está determinada por los valores de discriminación a los que debe someterse la mujer, sin posibilidades de elección, de realización personal. Dado que la relación de amor es una relación de desigualdad, la autora propone que esta debe fundarse sobre la igualdad de la pareja y en el reconocimiento de las necesidades mutuas. La relación debe apoyarse en un equilibrio interno, en el deseo mutuo, basado en la diferencia sexual y en la amistad.

Parece que cuando Simone de Beauvoir se miró en el espejo y se dio cuenta de que tenía arrugas, decidió escribir un libro sobre la vejez, un análisis sociológico del modo en que la sociedad mercantil condena a la persona vieja a vivir como un objeto desechable, al abandono, a la exclusión, a la muerte, sin importarle que sea alguien distinguido. Propuso que se debe reconsiderar la vejez e integrarla a la vida normal y productiva, así como a su “dimensión simbólica, cultural y social”.

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