'Sin improvisación, la música estaría muerta'

Está en Colombia el guitarrista y compositor estadounidense de 60 años, maestro en la escena de la guitarra contemporánea.

John Scofield es un hombre de pocas palabras, pero con un auténtico y prolijo lenguaje musical que lo diferencia de cualquier otro artista. Es uno de los maestros de la improvisación en la escena de la guitarra contemporánea, privilegio que comparte con Pat Metheny y Bill Frisell. El estadounidense ha producido más de 30 álbumes en compañía de los más grandes músicos de la historia del jazz y se presenta mañana, a las 7:35 p.m., en el Parque Metropolitano El Country.

¿Cómo fueron sus inicios en la guitarra, qué música sonaba entonces?

Eran los años sesenta. Sonaban Los Beatles, llegaba el rock ’n roll. A los 11 años tomé la guitarra por primera vez. Lo que más me gustaba era el blues y a partir de este estilo empecé a incursionar en el soul, el rock ’n roll y el rhythm & blues.

¿Qué diferencia hay entre estos géneros y el jazz?

No sé. Los géneros se mezclan, un estilo remite a otro. A veces estoy tocando R&B y siento que toco jazz. La música fluye de modo intuitivo.

Usted estudió en Berklee School con grandes músicos como Gary Burton y Mick Goodrick. ¿Cómo fue esta experiencia?

Fue decisiva. Era un niño y entonces me convertí en músico. Sin embargo, en el instituto duré apenas tres años. Luego tuve suerte y se me abrieron las puertas para tocar en grandes escenarios. Desde entonces no he parado de hacer música.

Uno de sus primeros conciertos fue en Carnegie Hall con Chet Baker y Gerry Mulligan. ¿Cómo lo recuerda?

Estaba demasiado nervioso. Seguía siendo un niño al lado de esas grandes estrellas. Hasta tuve que pedir un carro prestado para llegar al concierto. Pero a la vez fue fantástico, un primer gran paso hacia la música.

También tocó junto a eminencias del jazz como Miles Davis en 1982. ¿Cómo marcó esta experiencia su carrera profesional?

Fue una iniciación para mí. Estaba acompañando al hombre más grande del jazz en el momento. Todo el mundo estaba pendiente de quiénes lo acompañaban en el escenario. Estar en su banda me lanzó muy lejos, fue una gran publicidad y empecé a figurar como artista reconocido.

¿Cómo recuerda a Davis?

Era una superestrella. Había pocos como él. Cuando íbamos a algún lado todo el mundo se paralizaba. Miles era un ícono cultural más allá del jazz, un pedazo de historia americana importante para todo el mundo. Lo recuerdo como un artista grande, inspirador. La tradición, así como la espontaneidad y la improvisación, estaban vivas en él. También es una de las personas más graciosas que he conocido, su humor era a veces bastante cruel.

¿Qué otros artistas lo han influenciado?

Todos lo han hecho. Tuve suerte de estar con los más grandes, escuchar sus historias a través de su música. Así es como aprendí a tocar. En jazz se supone que uno debe contar una historia cuando se sube a la tarima. Se cuenta una historia soplando, tocando el instrumento, a través de los solos. Todos los músicos con los que he estado han llevado esa tradición de contar historias de manera espontánea, con sentimiento, con improvisación. Ahora yo llevo esa tradición.

¿Qué sería de la música sin improvisación?

Estaría muerta. Porque cualquiera puede tocar las mismas notas una y otra vez, pero si uno está vivo y alerta a lo que está pasando alrededor, entonces uno siente, responde, expresa... Es como el lenguaje, ahora mismo estoy improvisando mientras hablo, utilizando pensamientos y sentimientos. Hacemos eso con la música y es natural hacerlo. Pero si sólo se leen notas de un pentagrama no se está sintiendo, se está tratando de reproducir otra cosa exactamente en el modo que debe ser. Lo que distingue al jazz de otros géneros es la improvisación, la expresión espontánea, contar historias con un instrumento.

¿Y qué historia nos va a contar en Bogotá?

Voy a contarles mi historia, a través de una larga serie de solos improvisados. Es lo que los grandes músicos que conozco hacen. No es sólo leer notas, reproducir sonidos, es el alma de una persona la que se expresa.

¿Qué tanto de sus conciertos y del repertorio son improvisados?

Tocamos las mismas canciones cada noche, pero cada noche son diferentes, porque las tocamos con espontaneidad. Cambiamos algunas partes, pero conservamos la forma de las canciones. Entonces, es difícil decir qué es y qué no es improvisación.