Sinfonía foránea para Batuta

Los jóvenes colombianos ofrecerán el miércoles un pequeño concierto en la Plaza del Vaticano, ante el Papa Benedicto XVI.

El primer concierto en Berlín ha sido el más importante, hasta ahora, de toda la gira que ha hecho Batuta por Alemania e Italia. Fue en la Konzerthaus de Berlín, la sala de conciertos más tradicional de ese país y una de las casas históricas más importantes de la música sinfónica. Ahí se estrenaron creaciones de Brahms, Mahler y Strauss. Yo no había dimensionado la importancia del festival Young Euro Classic hasta que vi a la orquesta metida en él, porque sólo van las agrupaciones juveniles más destacadas del mundo. Ellos entienden ‘orquesta juvenil’ como preprofesional, o sea, los músicos que están a un paso de ser profesionales. Nuestros músicos eran todos menores de 20 años, es decir, lo que hicimos fue llevar a una sub-20 a un campeonato de mayores.

La organización ha sido muy buena. Cada cosa que pedimos nos la solucionan de inmediato. En el avión se averiaron dos cellos y las personas del festival nos dieron dos instrumentos para que pudiéramos tocar tranquilos. En Alemania me di cuenta de que más de la mitad de la orquesta nunca había montado en avión, sólo uno había salido del país, porque la mayoría son jóvenes de estratos 1, 2 y 3, así que nos tocó adelantar todo el proceso de los trámites de pasaportes, visas y, además, pedir permiso en los colegios y universidades.

En Frankfurt nos estaban esperando funcionarios de Proexport y de la embajada colombiana en Alemania, lo que nos ayudó a agilizar la salida de los chicos. Llegamos muy rápido a Berlín y nos hospedamos en el Hotel Zoo (se llama así porque queda al lado de un zoológico), en frente del Hard Rock Berlín, a donde la embajada nos invitó a almorzar. El día de la llegada hicimos una reunión tarde para cuadrar las normas que íbamos a seguir, porque para todos debía quedar muy claro que no estábamos de paseo.

A las 8 a.m. teníamos ensayo en el lugar de la presentación. Allá estaba todo listo. El ensayo fue pésimo. En el primer tema (Ramón, el camaleón, de Luis Fernando Franco) incluimos una bandola y eso nos hizo tener un color distinto, como orquesta colombiana. Por pura casualidad, un muchacho de Valencia, España, nos ayudó con esa interpretación de lo que en España se conoce como bandurria (bandola). Él llegó hasta Berlín. En la última pieza (La noche de los Mayas, de Silvestre Revueltas) requeríamos de cinco percusionistas y el festival nos los ayudó a conseguir. Sin embargo, debíamos acoplarnos con los invitados especiales y no lo logramos hasta el final del ensayo.

La prueba de sonido era a las 5 p.m. y esa era nuestra esperanza, pero, en verdad, sonó muy bien. Ya en el concierto conocimos a nuestro ‘padrino’ durante el evento. Era el señor Steffen Seibert, el portavoz del Gobierno alemán y quien le habla al oído a Angela Merkel. Nosotros coordinamos para que una niña de la orquesta lo presentara a él en español. Luego de eso, Seibert dijo lo siguiente: “Aquí en Berlín deberíamos sentirnos avergonzados de no tener un programa de inversión musical y social como Batuta”.

En el concierto lo que más me pareció alucinante fue el público. Porque la gente está en actitud de escuchar. La espalda no toca en ningún momento el espaldar. Nadie se pierde una nota. No se escucha nada distinto a la música. Yo sólo he sentido algo similar cuando los conciertos son únicamente para músicos; de resto siempre hay ruidos. Me tocó en primera fila porque la embajadora colombiana no fue y estuve entre gente muy prestante. Yo nunca los había visto tocar tan concentrados.

En la segunda obra, el Concierto para violín y orquesta de Andy Khachaturian, tocó Camilo Sánchez, un pelado de la orquesta que tiene 18 años. Antes estaba muerto del pánico, pero en la tarima lo hizo muy bien, como nunca antes. Yo creo que todos los integrantes de Batuta se sentían privilegiados de estar ahí, pero al mismo tiempo se sentían indignos. Cuando Sánchez terminó, la gente lo ovacionó y lo hicieron salir cuatro veces. Ahí terminó la primera parte.

En la segunda parte del concierto debíamos interpretar La noche de los Mayas. Esa obra tiene una parte percutiva muy fuerte y en un momento tocan caracoles de mar. El teatro tiene público en un balcón rectangular y yo vi cómo la gente se levantaba a mirar qué era lo que estaba sonando. Cuando terminó la interpretación, todo el público se puso de inmediato de pie. Pidieron dos bis y los hicimos de música colombiana. Una de las piezas fue Colombia, tierra querida y unas niñas de la orquesta se pusieron rápido los trajes típicos y salieron a bailar. Fue muy lindo y creo que por ese concierto ha valido la pena hacer esta gira por Europa. La crítica en prensa fue muy especial con nosotros, y allá un crítico es una autoridad.

El último concierto que tendremos en esta gira por Alemania e Italia es el 9 de septiembre, en Roma. El 7, mañana, estaremos en la plaza del Vaticano, en un pequeño concierto ante el Papa, una especie de dono musical, y seguro tocaremos alguna de las piezas colombianas para que en este continente sigan recordando a Batuta y a Colombia como sucesos especiales.

* Director ejecutivo de la Fundación Batuta