'La soberbia juventud'

El autor chileno es el director de la Fundación Iguales, organización que se dedica a proteger la plena igualdad en dignidad y derechos de la comunidad LGBTI.

Pablo Simonetti ha publicado ‘Vidas vulnerables’ (1999), ‘Madre que estás en los cielos’ (2004), ‘La razón de los amantes’ (2007) y ‘La barrera del pudor ’(2009). / Cortesía Prisa Ediciones

Esta es una historia en apariencia simple. Una historia de amor, de los excesos y de las carencias de éstos, de las brechas de edad que determinan el juicio de las acciones. De los deseos y los miedos que polarizan la vida, del dilema entre el ser y el deber ser, de la construcción constante de una identidad que pretende hacerse un lugar en el mundo. Un libro que demuestra los vericuetos de la homosexualidad. Una historia simple más compleja de lo que parece.

El narrador de la historia es Tomás Vergara, un escritor con fama que intenta descifrar las actitudes de un joven del que se enamora. Ese es Felipe Selden, carismático y de la alta sociedad chilena. Arquitecto, de padres del Opus Dei. católico, derechista y homosexual. Una contradicción en persona. Casi un Adonis para los ojos de Tomás y, de paso, para los de Camilo, alumno de Tomás, quien ostenta una actitud viril y tiene una personalidad llamativa y acaudalada.

La novela se inscribe en la actualidad, en un mundo invadido por la fachada de Facebook. Con quién sales, con quién vas de fiesta, con quién te tomas unos tragos, con quién vas a la playa. Este mundo virtual termina por ser una fragilidad. Por eso los personajes muestran su tenacidad y sus fracturas interiores todo el tiempo.

Dos Felipes que luchaban consigo mismos. Un Tomás que rechaza la normalidad y la etiqueta. Y medio Camilo invadido por una idea de amor puro y libre de cinismo, que no es nadie sin Felipe. Y en el centro de ese mundo gay aparece Elvira, una poeta envidiablemente independiente que vive con otro homosexual exitoso, Pumarino, un hombre mayor que no deja minar su razonamiento con algo que no sea real y que está sumergido en la peste de la coherencia y del amor convencional.

De hecho, Simonetti asegura que todos los personajes tienen algo de él y que, hasta cierto punto, se trata de una novela autobiográfica que busca salirse de su encierro y darse la libertad de la ficción: “Todos sus troncos y ramas —sus personajes— y su follaje —sus escenas y deliberaciones— son obra de la imaginación, alimentada por mis vivencias, lecturas y obsesiones, pero liberada de las servidumbres de la crónica autobiográfica”.

El autor dice que de Camilo tiene la entrega apasionada, de Elvira el vicio de la intensidad, de Pumarino la tentación del cinismo y de Tomás la edad, la añoranza de la juventud, el valor que le damos a la vulnerabilidad.

Estos personajes son la fiel muestra de la capacidad y la incapacidad de amar de unos y de otros. Comparten ese amor melódico que da un paso adelante y otro atrás. De hecho, el autor dice que La soberbia juventud es, “un melodrama de salón” inspirado en El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald y Retrato de una dama de Henry James.

“La vivencia cercana de un amor repentino y desmesurado me reveló a un ‘personaje disponible’, al hombre que fue objeto de esa pasión. Ese personaje se trenzó con dos heroínas de mis lecturas: Isabel Archer, del Retrato de una dama de Henry James, y Lily Bart, de La casa de la alegría de Edith Wharton. Los tres comparten juventud, belleza, carisma, una educación y una posición social privilegiadas. Y los tres dudan en un comienzo de si aceptar el amor seguro y caudaloso de sus pretendientes bien intencionados. Al rechazar esos amores, en parte por inmadurez, en parte por soberbia, los tres se ven enfrentados a duras experiencias de formación. Es más, me pareció que ese par de mujeres de fines del siglo XIX y ese hombre gay de comienzos del XXI compartían una misma perspectiva de realización personal que, años antes del tiempo que les toca vivir, habría sido impensable”, comenta el autor.

Sin embargo, en el libro brilla por su ausencia el contexto chileno. Podría ser una novela que pasa en Latinoamérica como en Europa. En ningún momento está el sello del país y aquí se pierde la posibilidad de poder vivir la homosexualidad a puertas abiertas. No obstante, Simonetti explica que el relato toma una postura crítica y, por lo tanto, política del tiempo en el que le toca vivir. De modo que “La soberbia juventud puede ser leída en esta clave, como una metáfora de cómo las nuevas generaciones quiebran con el violento temor a la diferencia. Cuando pertenecer deje de ser equivalente a discriminar, habremos dado un paso importante”.

En resumen, la obra de Simonetti retrata la pugna por el tiempo y busca “provocar fuertes descargas de humanidad”. Personajes que están en la penumbra y en la luz a todas horas, que se contradicen y se afirman, que cargan con esa manía de estar esencialmente insatisfechos para gozar después de una extraña satisfacción. Y, finalmente, logra demostrar que, al fin y al cabo, es mejor una juventud soberbia, que una tímida y mojigata.

 

 

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