Sobre la palabra 'Nostalgia'

Nostalgia parece una palabra mal puesta porque tiene cara de dolencia corporal, como el nombre de una enfermedad curable, por el sufijo “algia”, que indica dolor.

Jorge Luis Borges, uno de los más eximios cultores de la nostalgia. Cortesía

Creo que fue Borges quien escribió “le tocaron, como a todos los hombres, malos tiempos en que vivir”. La nostalgia es muy tramposa y son sus artilugios (mañas, ardides) los que embolatan al espíritu y lo convencen de que todo tiempo pasado fue el mejor. Y como todos los males del alma, tiende a agravarse en las madrugadas y en la modorra de los domingos por la tarde. 

Nostalgia se me hace una palabra mal puesta porque tiene cara de dolencia corporal: parece el nombre de una enfermedad curable. Ah, pero eso es culpa del sufijo “algia”, que indica dolor, como en neuralgia, mas no uno que agobie algún nervio de nuestro complejo e imposible organismo, sino uno que agobia el alma que quiere, y no puede, echar para atrás (nóstos, vocablo de origen griego, significa regreso). Me gusta más saudade, palabra portuguesa que cruzó la frontera y se castellanizó. O esplín, que viene de la inglesa spleen, que puede ser melancolía o bazo, porque la vieja medicina hipocrática de los griegos creía que la melancolía era un mal del bazo (sí, del órgano).   

Ha de ser un error de la creación no poder echar para atrás la existencia. O tal vez sea un castigo por sabe Dios cuál pecado original. O tal vez el castigo sea la memoria: esa cruel posibilidad de sentir eternamente (y con “eternamente” quiero decir “mientras la vida dura”) lo que ya se fue. Puede ser también una medida divina de seguridad humana para evitarnos el desafuero de patinar en el mismo lodo: volver, volver y volver para cometer errores nuevos cada vez. 

Mi abuelo era un tipo nostálgico: después de la tercera copa de aguardiente estaba llorando por su mamá, que murió de una enfermedad sin nombre cuando él tenía 20 años. Pero pudo morir tranquilo y con los ojos secos porque en su final solamente podía recordar el número de su cédula, nada más ni a nadie más. 

“Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida, y entonces comprende cómo están de ausentes las cosas queridas”, cantaba Mercedes Sosa. Es una trampa. Solo un niño puede ser completamente feliz porque no tiene aún la mancha del pasado y el mecanismo cruel de su memoria apenas rueda. No le han tendido la trampa, mientras tanto, mientras juega. Solo el olvido puede salvarnos de la vida.