Sobre una nueva religiosidad

El sociólogo francés dictó tres conferencias en el marco del Centenario de Investigaciones Arqueológicas de San Agustín.

Michel Maffesoli, director del Centro de lo Actual y lo Cotidiano en la Sorbona.  / Gustavo Torrijos - El Espectador
Michel Maffesoli, director del Centro de lo Actual y lo Cotidiano en la Sorbona. / Gustavo Torrijos - El Espectador

Le preguntan quién es. Él se sorprende y en la sala hay un momento de silencio. La gente voltea las cabezas para mirar quién fue la niña que lo trató de tú y se atrevió a hacerle esa pregunta. Algunos pensaron que se indignaría. “Él es Michel Maffesoli, un sociólogo, uno de los fundadores de la sociología de lo cotidiano, quien hizo popular el término de tribu urbana, y ¿usted no sabe quién es?”, le hubieran respondido. Pero él, sin parecer indignado, incluso sonriente, contesta: “Nadie importante, un hablante de lo que se vive. Pues, en el fondo, ese es el rol del intelectual: hablar, lo más claramente posible, sobre lo que construye la existencia”. Los asistentes aplauden, se hacen más preguntas y luego, alguien más, un hombre, vuelve a hacer referencia a la misma pregunta. Dice que lo que pensó cuando la escuchó fueron las mil posibilidades de ser que tenemos ahora, gracias a la tecnología y a lo cambiantes que pueden ser nuestros estatus de Facebook. Podemos ser muchas personas en una, somos esquizofrénicos.

Intelectual, Facebook, esquizofrenia, sociología. Y a esto le podemos sumar otros términos: tribus, arqueología, ruinas, San Agustín, yoga, meditación. ¿Qué tiene que ver lo uno con lo otro? El primer impulso sería alejarnos y dejarlo así, pensar que esas cuestiones están muy lejos de nuestro alcance. Y resulta que no, resulta que es de lo más cercano. Resulta, si se mira de una manera sencilla, una asociación de nuestro pasado con nuestro presente, hablando sobre las herramientas que más usamos hoy y, dentro de todo, haciendo una crítica a un sistema. Crítica. Ahí está la clave.

La conferencia en el auditorio de la Universidad Jorge Tadeo Lozano duró dos horas, y, aunque es difícil resumirla sin trivializarla, se pueden tocar algunos temas de los que habló, los que están más cercanos a nosotros. Maffesoli dice que el mundo moderno está en ruinas, en ruinas morales: ya no hay religión que valga, para nadie. Pero, entonces, sí hay una nueva religiosidad, que todos seguimos sin ser del todo conscientes de ello: la internet, la cibernética y los chats. No es que ellos sean nuestros nuevos dioses, no, de eso no habla Maffesoli. Él habla de nosotros, de nuestro antes, de nuestro después y de la interacción que tenemos con el mundo. Dice que el mundo solía apostarle a lo lejano, a una eternidad política o religiosa, pero que ahora ya no hay tal. Se vive la realidad en el instante, en el presente, y se comparte con otros.

Lo lejano se vuelve cercano, entonces, en las pantallas de nuestros computadores. Para Maffesoli, internet sería ese lugar en el que todo confluye, donde la comunicación global no se da por medios espirituales, sino donde se comparten gustos sexuales, musicales, deportivos y de consumo. Cada uno encuentra su tribu y ahí se queda. Es esa la religiosidad, ya sin iglesias ni mecas. Ahora, en su reemplazo están el yoga y la meditación, cuyas ayudas visuales también aparecen en el medio cibernético. Ese es el nuevo mundo para Maffesoli. Un mundo en el que no sólo nos conectamos con muchos, de la misma manera en que lo harían alguna vez los católicos gracias a la creencia en la comunión de los santos, sino que podemos ser, nosotros mismos, uno y todos: esquizofrénicos “legales”, como lo diría el hombre que le hizo la pregunta. A ninguno lo internan en un manicomio por actualizar su estatus en Facebook o por cambiar su nombre en Twitter.

¿La crítica? Va para las universidades y para el sistema pedagógico. Por conformarse con la repetición, con decir lo mismo siempre, basándose en cómo deberían ser las cosas y no en cómo son. Él aboga porque se vaya a lo real, a lo que ocurre. Y lo que ocurre es eso: internet. Tal como sucede con la nueva religiosidad, los intereses de los estudiantes cambian. El sistema debe ser flexible y, en vez de imponer, podría acompañar: “Aunque resulte paradójico”, afirma Maffesoli, “si la universidad mantiene una actitud puramente pedagógica, se va a desconectar cada vez más de la realidad”.

Maffesoli viene a Colombia a eso. A enfrentarse a lo real, volviendo al pasado y regresando para afrontar su presente: un auditorio que espera escucharlo hablar. Antes de enfrentarse al micrófono había visitado las ruinas de San Agustín en compañía de Fabián Sanabria, el director del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), y dictado una conferencia a los habitantes de la región. Todo dentro de la celebración del Centenario de Investigaciones Arqueológicas que está realizando ese instituto. De la conferencia que dictó en el Huila, “El retorno de los ídolos”, no dijo nada, o tal vez sí. Al fin y al cabo todo hace parte del estudio —su estudio— de nosotros y de nuestra cotidianidad.

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