Para soñar en grande

Wiesner Alfonso Osorio Ocampo, instructor colombiano del Sena, se alzó con el primer puesto en La competencia de History Channel con un generador de energía eléctrica por combustión de hidrógeno.

Wiesner Alfonso Osorio Ocampo en su taller en Armenia. / Javier Verján Franco

Wiesner Alfonso Osorio Ocampo sabe que nunca es tarde para cumplir los sueños. Que las dificultades sólo son un impulso, un soplo, un respiro para alentar el progreso y anticiparse al futuro.

Intuía desde hace mucho que su admiración por el gran Albert Einstein y el interés por conocer más sobre cómo creció entre inquietudes científicas eran un indicio de que tarde o temprano también a él le llegaría el día de cambiar la historia.

Fue un pálpito que avivó con documentales, lecturas, textos rígidos sobre la vida y obra de quien en 1905, con sólo 26 años, le comunicó al mundo la idea de que el tiempo como algo absoluto era falsa. Que la vida mantenida a lo largo de tantos años moría en cada segundo y la relatividad afloraba como una nueva necesidad para los seres humanos.

La señal recurrente de que también en sus manos estaba la posibilidad de cambiar la historia de muchos, se hizo realidad luego de que su propuesta de generar energía eléctrica por combustión de hidrógeno superara las 5.841 ideas enviadas por latinoamericanos que tenían el mismo sueño de empezar algo, liderar buenas causas y luchar sin descanso para promocionar un ideal de progreso.

Por eso viajó con mentalidad de ganador y siempre lució la bandera de Colombia en sus hombros en la gala de finalistas del concurso promovido por History Channel, premiado en México, que lo eligió como el mejor proyecto basado en responsabilidad pública para generar bienestar social.

A pesar de que alcanzó 26.500 registros en las votaciones previas por redes sociales, 10 mil más que el resto de los finalistas, su claridad y vocación le permitieron defender la idea con suficiencia y convicción.

No se sentía en competencia. Más bien, complementando los proyectos de un chileno que busca acceso a agua potable para los hogares de su país y el mundo; un peruano inventor de una máquina tipo cabina para limpiar el aire; otro chileno que generó un aparato capturador de humedad y el mexicano que trabajó en un proceso catalizador para convertir los desechos plásticos en combustible.

Ahí, en medio de los grandes, acompañado de personajes a quienes alguna vez vio por la televisión o siguió por las series y documentales que tanto le gustan, Wiesner Osorio, el caleño, el instructor del Sena en Armenia, cumplió, a los 32 años, su sueño de generar una idea para cambiar el rumbo del mundo.

La máquina en la que ensayó 1.000 veces en los últimos cinco años, la que tiene paneles prestados y que al principio llamó Mech 1 o motogenerador de energía por combustión, fue elegida como Una Idea para Cambiar la Historia. El generador de energía eléctrica por combustión de hidrógeno separa el hidrógeno del oxígeno para obtener energía sin necesitad de combustibles y extiende su utilidad a motos, automóviles y vehículos para uso agropecuario.

Su emoción en la gala de finalistas, significó para Wiesner Osorio la graduación definitiva como Ingeniero Mecánico de la Universidad Autónoma de Cali. Esa ceremonia la aplazó hace unos años, al lado de su grupo de compañeros de clase, porque para la época no completó el dinero necesario para cancelar los derechos de grado, pues hoy continúa pagando el préstamo que adquirió para hacerse profesional.

En la premiación, consciente de que fue reconocido como el más innovador de los latinoamericanos, y que le espera un amplio camino de estructuración de su conocimiento, agradeció a dios por la riqueza del conocimiento, a su familia por el respaldo continuo en la armada de este rompecabezas tecnológico, a los compañeros de una empresa de llantas que muchas veces lo vieron limpiar herramientas y salir sin bañarse del trabajo, untado de hollín, para cumplir con sus responsabilidades universitarias.

Además, a todos sus estudiantes del Sena en Armenia, a quienes les prometió una fiesta si ganaba, y especialmente, a su hija Estefanía, de 10 años.

A ellos, en todo momento, les inculca que aunque la teoría de la relatividad de Einstein establece paradójicamente que no todo es relativo, como la velocidad de la luz, tiene que existir un absoluto, algo que no cambie jamás: la idea de que en cualquier tiempo y espacio los hombres estamos hechos para soñar que podemos cambiar la historia.