La torre oscura

Stephen King Romántico

La película que se estrenó esta semana, lanza por la borda los años de trabajo que le costó a Stephen King levantar un mundo triste, complejo y fascinante. En escasos noventa minutos destruye una obra que tomó 4,250 páginas y 1,334,631 palabras en tomar forma.

Archivo particular

Para quien haya visto “It”, probablemente sabrá que quien le dio vida a uno de los payasos más famosos de mundo es Stephen King, un escritor tan prolífico como conocido por sus novelas de terror. Sin embargo, detrás de aquella mortífera máscara de espíritus malignos, noches aterradoras y payasos  demoníacos, existe un King que sorprendería a muchos. Existe el King romántico, una faceta que, irónicamente, se desencadena en su obra magna: La Torre Oscura.

Esta obra es una saga compuesta de ocho libros que cuentan la historia del último pistolero del “Mundo Medio”, Roland de Gilead, quien vive y se desvive por encontrar la Torre Oscura. A lo largo de su búsqueda se encontrará con un adicto a la heroína, una mujer en silla de ruedas y un niño que lo ayudarán a encontrar su preciada Torre. También será perseguido por fantasmas del pasado que no lo dejarán vivir en paz. Recordará días más calurosos en los que aún tenía a sus amigos cercanos y a su amada. Se olvidará de sí mismo para salvar a su nueva compañía; y sobre todo, le irá mostrando a lector un universo que, si bien es producto de la ciencia-ficción y la fantasía, posee una mitología profunda que le otorga cohesión y coherencia.

La película que se estrenó esta semana lanza por la borda los años de trabajo que le costó a Stephen King levantar un mundo triste, complejo y fascinante. En escasos noventa minutos destruye una obra que tomó 4,250 páginas y 1,334,631 palabras en tomar forma. La película esboza un “Mundo Medio” a medias, compuesto por un desierto y un pueblo sin identidad, como si el hogar del protagonista fuera un remiendo en el espacio. Asimismo, la rica mitología que King desarrolla en su obra es vaciada a punta de diálogos que no explican mucho y escenas pobremente iluminadas. Pudieron haberle enseñado al espectador un mundo al nivel de Matrix y desarrollaron uno borroso que apenas se puede entender. No obstante, lo más triste de todo es la falta de evolución de los personajes. Con un contexto tan exiguo, es difícil sentir empatía por Roland, no se sabe de dónde sale el antagonista- “Hombre de Negro”- y la trama en general parece andar apresuradamente y a trompicones.

En suma, es una película que hace de una obra original algo impersonal. Un hombre criado bajo los preceptos del honor y la protección del débil, como todo un caballero, se torna en un pistolero que poco se diferencia de los vaqueros del Viejo Oeste, un mago misterioso y grandioso cae en el estereotipo de villano que no tiene explicación para hacer las cosas que hace, y el espectador termina la película sin saber muy bien qué fue lo que vio. Y esto no es culpa de los guionistas, la dirección o los actores, es culpa del afán por resumir en tan poco tiempo una historia como ésta.

“La Torre Oscura” pudo haber pasado a la historia cinematográfica como la película que supo plasmar en pantalla la redefinición de “héroe” en un pistolero tan caballero como asesino; pudo haber presentado a un Stephen King romántico que desencadenó toda su sensibilidad en los ojos azul desteñido de Roland de Gilead, pero tristemente no fue así. Si llega a materializarse la serie de televisión sobre Roland que está planeada, espero que corrija los errores de la impresionante película que nunca fue porque una obra como “La Torre Oscura” merece ser explorada, una obra como “La Torre Oscura” merece aportar al género de la ciencia-ficción, una obra como “La Torre oscura” merece más que lo que observé esta semana.