Nuevo director de la Fiesta del Libro

“Sueño con que se hable del libro más allá de las ferias”: Diego Aristizábal

Aristizábal también manejará los eventos en torno a la lectura que se desarrollan en Medellín. ¿Quién es el encargado de direccionar una de las ferias más importantes del país?

Diego Aristizábal, director de la Fiesta del Libro de Medellín, fue el jefe de prensa de la reciente edición de la Feria del Libro de Bogotá. / Mauricio Alvarado - El Espectador

La Bastilla, en Medellín, es una calle estrecha en el centro de la ciudad, entre Ayacucho y Colombia. Es conocida porque allá se consiguen los libros más baratos de segunda mano. Desperdicios de obras literarias que ya no tienen tapa y les faltan tantas páginas internas que sólo son cadáveres descuartizados para la venta o, también —la mayoría—, primeras ediciones y libros restaurados a precios irrisorios. En esas cuadras la ciudad luce momificada, embalsamada en un tiempo que no es pasado ni es presente ni es futuro: un tiempo mudo, como si toda Medellín hubiera sido sumergida en un balde de formol y hubieran quedado los vestigios de una vejez eterna: un tufo antiguo, un color amarillento. Por esas calles caminaba con frecuencia Diego Aristizábal cuando estudiaba periodismo en la Universidad Pontificia Bolivariana. Eran años feroces, como siempre son cuando uno quiere escribir y es muy joven.

Aristizábal tenía todos los carnés de las bibliotecas de Medellín. A veces, un pensamiento negro se refundía en su interior y lo hacía dudar de la lectura. Alguna vez podría leer todo lo que había prestado en esas bibliotecas. Alguna vez podría leer todo lo que había comprado por cinco pesos en La Bastilla. En su universidad comenzó a trabajar en un espacio a donde llevaban escritores y periodistas para hablar con estudiantes. Cuando terminó el pregrado comenzó a trabajar en medios y luego saltó a la academia. Durante ocho años dictó clases en universidades como la Universidad Pontificia Bolivariana, en Medellín, y la Universidad Externado de Colombia, en Bogotá.

Mientras dictaba clase nunca se propuso obligar a sus estudiantes a leer, sin embargo, según él, lo que le interesaba era dejarles anzuelos. “Yo siempre he tratado de ligar el libro con la vida, no es nada excepcional. No es algo que te haga más interesante, es una compañía”.

Hace ocho años, Aristizábal tiene una columna en El Colombiano, donde escribe de libros, y en un momento tuvo que elegir si escribir, como la mayoría de columnistas del país, sobre temas actuales o seguir hablando de literatura. Escogió lo segundo, a pesar de la guerra de clics y likes. Escogió lo segundo porque sólo le interesa escribir de lo que quiere, de lo que le gusta. “Yo sueño con que los medios de comunicación hablen de libros durante todo el año, no solamente durante ferias del libro”.

Este año, Diego Aristizábal fue el jefe de prensa de la Feria del Libro de Bogotá. Un trabajo apoteósico que le significó recorrer casi todos los medios del país contando, explicando, qué traía la Feria: un cronograma bestial con más de 800 actividades e invitados de la talla de J.M. Coetzee y Richard Ford. Una jornada que comenzaba a las ocho de la noche y terminaba, casi siempre, a las once.

A pesar de que su nombre era conocido en el medio —cerrado— de la literatura y las ferias, se multiplicó cuando en medio de la Filbo lo nombraron como el nuevo director de la Fiesta del Libro de Medellín. El evento, que se realiza en septiembre, hace parte de una política de promoción de lectura en la capital de Antioquia.

¿Cuál fue su primer acercamiento a la Fiesta del Libro?

Hay tres etapas: primero fui un visitante, que iba y recorría los stands, que hablaba con los libreros y asistía a algunas actividades. Luego fui moderador. Hacía parte de algunos conversatorios y me preparaba para eso. El último acercamiento que tuve fue el año pasado, en una actividad que se llama “Adopta a un autor”, que consiste en visitar los colegios de Medellín y hablar de tu obra. Lo que hace la Fiesta es generar un espacio y una disposición para mirar la literatura de una manera diferente: desde los autores, desde los libros, desde los invitados, desde los espacios y las formas como se lee.

Juan Diego Mejía, el pasado director, logró consolidar la Fiesta como uno de los eventos culturales más importantes del país. Cuando le dijeron a usted que sería el próximo director, ¿qué se le pasó por la cabeza? Sobre todo cuando para mucha gente era difícil reemplazar a Mejía.

Cuando alguien hace el trabajo muy bien, siempre existe el miedo para quien lo sucede. Lo primero que pensé, y creo que es normal, es si sería capaz de sacar adelante el evento. Hay un trabajo muy juicioso que comenzó Guillermo Cardona, lo subió Juan Diego, y luego eso quedó ahí como ¿ahora qué? Aparte del susto, lo que pienso es que si me llamaron para esto es porque confían en mí. Lo que me interesa es la Fiesta. Al final uno termina siendo una coyuntura.

Ya conocemos los eventos que se hacen en torno a la lectura en Medellín. ¿Cuál será su aporte a cada uno de ellos?

Lo primero es hacer lo posible para que el libro se vuelva protagonista, no solamente durante los eventos, sino durante todo el año, gracias a la euforia que generen las distintas actividades. Eso se puede lograr si los espacios de educación a lectores crecen en los Días del Libro, la Parada Juvenil y la Fiesta del Libro.

La Fiesta del Libro es muy independiente, no recibe recursos directamente del Ministerio de Cultura y se mantiene como un ente muy separado, pero creo que una de las visiones que tengo es sacarla un poco del aislamiento y hablar más con otras ferias del país: hacer trabajos en conjunto, compartir autores, lograr que todas las ferias que se hacen a lo largo del año se conviertan en una red donde siempre se hable del libro. La idea es aprender de todas las experiencias. Hay una misión importante en el tema de la rueda de negocios: lograr que las pequeñas editoriales puedan hacer un trabajo más juicioso con personas de otras partes que quieran comprar derechos. Eso se hace, pero creo que hay que meterle más fuerza.

Este año fue el jefe de prensa de la Filbo. ¿Qué experiencias de Bogotá quiere replicar en Medellín?

Yo no soy dado a las comparaciones. En Medellín, algo que tenemos clarísimo es que el lector es más importante que la venta, mientras que en Bogotá es un evento más comercial. La magnitud de la Feria del Libro de Bogotá es increíble, la forma como construyen la programación académica es un ejemplo para nosotros que, aunque no estamos atrás, podemos hacerlo mejor. En Medellín tenemos muy claro que no nos interesa un nobel, por lo que puede llegar a costar; siempre hemos pensado que en vez de traer a un nobel de literatura podemos traer a un montón de escritores que pueden ser más interesantes. A veces, del nobel sólo deslumbra el nombre. Nos interesa el impacto que tengan los autores de acuerdo con nuestra filosofía, no el impacto que causen por su fama.

¿Cree que es posible crear esa red de ferias?

Justo la primera reunión que tuve cuando asumí el cargo fue una que se llama Ferieros, con todos los directores de las ferias del país. Ahí charlamos de los eventos: en qué estábamos, cuándo las íbamos hacer, a quiénes vamos a traer. Con Bucaramanga, por ejemplo, es posible que compartamos los gastos para traer a algunos autores. Esperamos que eso pudiera crecer en Latinoamérica para contactarnos con ferias como la de Guadalajara y Buenos Aires. Hay mucha disposición por parte del gremio. En estos temas uno no debe ser egoísta. Lo mejor es mostrar nuestros métodos para que otros los adopten y nosotros adoptar los de otras partes. Mejor dicho, todo por el libro.

Esta pregunta es prematura porque no ha comenzado a trabajar directamente con los eventos, pero ¿cómo le gustaría que recordaran esta edición de la Fiesta?

Quisiera que la gente recordara la Fiesta como un lugar al que siempre quiere volver y que, para superar el guayabo que deja cuando se acaba, tenga esos libros que pudo adquirir durante esos días. Lo más importante es que la gente quede contagiada de la lectura, de ir a bibliotecas, a librerías, que el evento sea un pretexto para generar lectores más críticos en la ciudad y el país. No creo que los esfuerzos que hacemos allá sólo sean para Medellín, sino que sea algo que se extienda.

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Algunos de los invitados que este año trae la Fiesta del Libro en Medellín son Alejandro Zambra, de Chile; Patricia Engel, de Colombia; Jorge Volpi, de México, y Alan Pauls, de Argentina.

Según Aristizábal, la idea de los eventos que comienzan con los Días del Libro, el 19 y el 20 de mayo, es salirse de lo que usualmente pasa en Colombia en actividades donde siempre invitan a los mismos para hablar de lo mismo. “Nos interesa mirar quiénes están haciendo cosas interesantes, tengan o no renombre”.

¿Qué les diría a quienes creen que las ferias del libro son eventos eruditos?

Yo he sido muy dado a pensar que entre más leas, entre más aprendas, lo único que se debe ser es humilde. Finalmente, entre tú más sepas, lo único que debe existir es una emoción por compartir ese conocimiento. El tema de los pseudointelectuales y de las personas que se amarran el conocimiento, en un país como el nuestro, debe dejarse a un lado. Lo único que necesitamos es gente que hable de libros sin erudición.

 

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