Susana Wald: La luz después de la guerra

La artista chileno-canadiense celebra 50 años de vida artística con la exposición Luna Llena, en el Centro Cultural Espacio Matta, de Santiago de Chile.

Una de las obras de Susana Wald, que representa, en sus palabras, "el huevo que tenemos las mujeres que va bajando por los ductos de Falopio". Cortesía

¿Qué transmite su obra Suspenso?

Esta imagen es una de mi serie de Huevos en que hay más de 60 pinturas además de grabados. Para mí la imagen tiene que ver con el huevo que tenemos las mujeres que va bajando por los ductos de Falopio. Al pintar la imagen surgió el impulso de hacer una alusión a lo ígneo (el rojo en el huevo), al paso de la materia desde el magma de la Tierra hacia el exterior, en el proceso volcánico. Me interesaron los Huevos, en el sentido metafísico, considerados como símbolos de resurrección y tras el periodo en que los pinté en forma completamente instintiva y automática me pregunté qué era lo que estaba resurgiendo. Mi sensación es que en nuestro inconsciente colectivo, que es de donde considero que proceden las imágenes que creamos, lo que resurge es la sacralidad de lo femenino olvidado y enterrado durante cuarenta y cuatro centurias. De que se pueda encontrar el modo en que podamos crear una nueva interioridad respecto al Gran Femenino dependerá, me parece, nuestra supervivencia como especie en el planeta que habitamos".

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¿Qué es para usted la luz y cómo se realizó su relación inicial ante ella, en qué momento se dio ese hecho, qué carácter tuvo para usted y por qué?

Mi relación inicial con la luz tiene que haberse dado en el momento en que he salido del vientre de mi madre. Ese momento no lo recuerdo y me es imposible saber cómo debo haber reaccionado.

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¿Qué es para usted la luz y cómo se realizó su relación inicial ante ella, en qué momento se dio ese hecho, qué carácter tuvo para usted y por qué?

En mi niñez, durante la Segunda Guerra Mundial, tuve que vivir muchas horas despierta en la oscuridad de un refugio antiaéreo. No lo recuerdo como algo malo. Fue más difícil no poder moverse por lo apretado del espacio para cada persona. Después que terminó la Guerra, al jugar con unos lápices de colores, descubrí a la luz de un mechero que poniendo amarillo sobre azul obtenía verde. Ese fue un momento mágico que me marcó para toda la vida y que considero el comienzo de mi carrera como artista visual. Sin la luz del mechero la experiencia no habría sido posible. Sólo con luz podemos ver colores. En los talleres que me he construido siempre me esforcé en tener luz abundante. La casa que he construido en el sur de México, donde tengo mis talleres, tiene 23 ventanas. La luz de cada día al amanecer me es fundamental. En las noches gasto mucha electricidad manteniendo abundante nivel de luz.

¿Con la obra de qué poeta, escritor, pintor, escultor, fotógrafo; usted descubrió y se transmitió a sí mismo de manera radical e incremento o no su relación con el tema de la luz y por qué?

En el sentido metafísico de la luz me ha dado mucho descubrir la psicología de C. G. Jung. Me han dado luz sobre mi proceso de envejecimiento como mujer las obras de Jean Shinoda Bolen y Betty De Shong Meador. En plástica me interesó desde siempre el tratamiento que Caravaggio da a la luz, contrastándola con lo oscuro, lo inasible y con las variaciones que sugieren las áreas en sombra. Las alteraciones que he experimentado en mi conciencia sobre la luz tanto físicas como metafóricas no han sido radicales, sino paulatinas, no violentas sino suaves y duraderas.

¿Desde dónde en usted considera que esa relación con la luz se mantiene y sostiene intacta o indeleble en usted y su ser y hacer estético o no y por qué?

Considero que la relación que tengo con la luz se da desde la exploración constante de mi inconsciente en que busco imágenes, en los últimos 50 años.

 

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