¿Qué tanto piensan los precandidatos en la cultura?

Ayer se realizó un foro, organizado por El Espectador y El Tiempo, en el que participaron cinco de los precandidatos a la Alcaldía de Bogotá.

Los precandidatos a la Alcaldía de Bogotá en la Cumbre de Arte y la Cultura para la Paz. /Andrés Torres
Clara López (Polo Democrático), María Mercedes Maldonado (Progresistas), Carlos Vicente de Roux (Alianza Verde), Hollman Morris (Progresistas) y Antonio Sanguino (Alianza Verde) participaron ayer en el debate “Arte, cultura y paz” para los precandidatos a la Alcaldía Mayor de Bogotá, moderado por el periodista Eduardo Arias y organizado por las secciones culturales de El Tiempo y El Espectador.
 
Las principales preocupaciones que salieron a flote fueron la necesidad de descentralizar y democratizar la vida cultural en la ciudad; la urgencia de aumentar el presupuesto para cultura, con el objetivo, sobre todo, de apoyar a los artistas; la intensificación del proceso educativo que está viviendo la ciudad, refiriéndose al programa 40x40 de la Bogotá Humana. Los precandidatos asumieron que una transformación cultural se da a través de educación, pero ninguno anticipó lineamientos específicos de posibles políticas exclusivamente culturales, cosa que deja una pregunta en el aire: ¿Qué tanto han atendido los precandidatos a la cuestión cultural? 
 
El foro se dividió en tres partes: en las últimas los precandidatos respondieron preguntas al azar de los editores culturales de El Tiempo y El Espectador (Julio César Guzmán y Fernando Araújo, respectivamente) y a preguntas del público. En la primera fase respondieron a la misma pregunta: “¿Qué importancia tendrán el arte y la cultura en su alcaldía y cuáles políticas públicas en materia cultural piensa implementar en su gobierno?”. Recordamos aquí sus respuestas y los momentos centrales del debate.
 
Clara López
 
Es necesario visibilizar el mito de la masculinidad, la cultura de dominancia y el modelo patriarcal que rige nuestra sociedad y reemplazarlos por una “cultura participativa, encontrar los caminos de cooperación y solidaridad”. Afirmó que un cambio cultural —visto desde una perspectiva política y social— se da sólo a largo plazo, pero que ese cambio ya empezó a darse en Bogotá desde la escuela. Sin embargo, afirmó que la cultura no sólo debería ser llevada a la escuela, sino también al barrio, y que en su gobierno se implementarían políticas públicas que convirtieran a los artistas en generadores de paz. Según López, esta sociedad debe concientizarse de que el arte “es un trabajo productivo que debe ser visto no sólo como una forma de expresión, sino como una forma de liberación” y de desarme. La transformación cultural, según la precandidata, debe darse desde las aulas, los medios de comunicación y las políticas culturales, implementadas a través de recursos públicos dedicados a la educación y a la cultura.
 
María Mercedes Maldonado
 
Fue una de los precandidatos que enfatizaron en la necesidad de democratizar el acceso a la cultura. Eso sucede, afirmó, a través del fortalecimiento de los artistas. El segundo foco que considera significativo es que la ciudad vea la cultura como algo más integral y vivo. “Bogotá ha avanzado en la integración de esos dos enfoques”, afirmó, “con el programa educativo 40x40 [aunque más adelante en el debate dijo que la cultura no debía confundirse con cultura ciudadana y educación], la Filarmónica y Canal Capital, entre otras iniciativas”. Aun así, según Maldonado, “hay que reforzar la presencia del arte y la cultura en toda la ciudad, reconocer que ocupan un espacio que debe ampliarse [...] Es necesario ligar las políticas artísticas y culturales a la lucha contra la segregación”, que se expresa socio-espacialmente. Habló de la fuerza que han cogido manifestaciones culturales como el hip-hop y de la necesidad de apoyarlas a través de políticas públicas que favorezcan la cultura.
 
Carlos Vicente de Roux
 
Resaltó cuatro puntos: (i) La relación entre cultura y calidad de vida: “Si en una ciudad todo funciona bien pero no hay vida cultural, estamos muertos. Por eso, para construir una ciudad mejor, la cultura debe estar en el centro de cualquier programa”. (ii) Cultura y convivencia: “Hay que construir colectivamente las pautas de comportamiento. No se imponen desde arriba, son un consenso”. Sin embargo, según De Roux, hay que rescatar la cultura ciudadana y el respeto por los otros y por el espacio. (iii) Cultura y educación: el precandidato reconoció la importancia del programa de la actual Secretaría de Educación para la mejora de la calidad (40x40), pero afirmó que en ello se invierten $109 mil millones anuales, siendo que la cobertura es sólo de un 10%: “Hay que darle plena cobertura y doblar el presupuesto”. (iv) Democracia y cultura: “Idartes hace un gran trabajo, pero hay que intensificar la labor. ¿Se está acaso identificando y apoyando a las mejores agrupaciones de la ciudad?”.
 
Hollman Morris
 
Yo quiero convertir a Bogotá en la capital de la paz. Ante la firma de un acuerdo de paz, Bogotá será el corazón de la instrumentalización de ese acuerdo. En el centro de esa ciudad de paz estará la cultura. Ninguna ciudad mejora sin cultura. ¿Y qué cultura? La democrática. Esa Bogotá capital de la paz debe convertir a sus niños en seres tramitadores de conflictos, con otros valores, que saben reconciliarse con el medio ambiente o la movilidad, que tienen memoria, que saben abrazar a sus víctimas”, dijo Hollman Morris. “Si el centro es la cultura, los gestores culturales y los saberes de los barrios serán los transformadores”, continuó.
 
Habló del metro, afirmó que se convertiría en “el túnel de la memoria, con estaciones que se conviertan en estaciones de la memoria”. Más adelante en el debate dijo también que Bogotá debería convertirse en una “ciudad museo”: “Tiene que haber una revolución del patrimonio, [cosa] que tiene que ver con la revitalización de nuestras víctimas, líderes y antepasados. De ahí los parques-museo y las estaciones-museo”.
 
Respecto a propuestas culturales precisas, Morris dijo que en su gobierno se fortalecerían las “manifestaciones pluriculturales que tiene la ciudad”, y dio un ejemplo: “Hay que democratizar más Rock al Parque [...] Convertir a Bogotá en ciudad de la música depende de una cadena de fortalecimientos de espacios como Rock al Parque”.
 
Antonio Sanguino
 
Afirmó que existen por lo menos tres desafíos en cuanto a políticas culturales: el primero es hacer de Bogotá una ciudad educada, como la contemplaron el antiguo secretario de educación, Abel Rodríguez, con su plan “Bogotá: una gran escuela”, y ahora Sergio Fajardo con su “Antioquia la más educada”. La educación, afirmó, está entre los ejes que en su gobierno tendrían toda la importancia y uno de los ámbitos a los que se destinarían grandes recursos; el segundo desafío es el de la cultura ciudadana: “Bogotá perdió mucho al abandonar la impronta de Mockus”, dijo; el tercer desafío que mencionó Sanguino fue el de la reconciliación: “Jesús Martín-Barbero y Daniel Pécaut proponen construir un nuevo relato nacional”. Afirmó que es necesario no sólo pensar en el conflicto, sino ver la ciudad y el país hacia adelantes, mediante políticas públicas en materia cultural. “Bogotá debe cumplir un rol significativo en la construcción de ese nuevo relato de país”.
 
Sanguino propuso algunas iniciativas culturales, entre las que se encuentran la creación de laboratorios artísticos y culturales en clave de reconciliación y la reestructuración de los pénsums en los colegios, pensados en torno a ese nuevo relato.
 
Por último, afirmó que Bogotá ha venido avanzando en el proceso de democratización cultural, pero hay que seguir en esa dirección: “Los instrumentos de la Filarmónica de la Bogotá Humana están ahora guardados en un salón [... ] Lo que tengamos que hacer en cuanto al arte y la cultura no lo puede hacer, entonces, la ciudad sola; debe hacerse en articulación fluida con la nación. Establecer un compromiso con Mincultura es crucial y en eso aún hay que trabajar”.
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