La tarde que Macondo despidió a García Márquez

Crónica del sepelio simbólico que le hicieron ayer al Nobel de Literatura sus paisanos.

Cortesía Enrico Barazzoni

Aracataca despidió a su hijo más ilustre Gabriel García Márquez en medio de una caminata bajo la lluvia. Las horas del mediodía presagiaban la llegada del agua que se precipito sin recatamientos sobre los habitantes del pueblo, precedida de un viento suave y frio que hizo llorar de los arboles flores blancas y amarillas que se mezclaron con el agua mientras la gente avanzaba en el homenaje al escritor más grande de las letras castellanas.

Muchas veces el premio Nobel de literatura departió en medio de vítores y parrandas con sus amigos más cercanos de Aracataca, en varios patios de la población resonó la voz del celebrado autor que organizó varias vigilias acompañado de amigos, música y tertulias memorables. Esta tarde, en esos patios solamente quedaban los mangos que se precipitaban vencidos por el viento de la tarde de abril, porque todos los habitantes del Aracataca con sus nombres y circunstancias a cuestas salieron a marchar para decirle adiós a Gabo al compás de canciones y lecturas.

En los rostros podía leerse la tristeza de quién espera la tardía primavera, y las voces se entrecortaban en medio de aplausos mientras alguno entre la multitud iba leyendo las páginas de García Márquez. De repente como tocados por algún influjo de la providencia, toda la multitud quedó en silencio cuando sonó una grabación con la voz de Gabo, como si tocara la piel, se fuera disgregado entre los poros y tocara el corazón de un centellazo directo para hacer necesario el silencio que gritaba con fuerza el cariño de su tierra al niñito que muchos años antes plasmó con amor en su corazón a este pequeño pueblo escondido en el Caribe colombiano.

Las personas que salieron a transitar las calles de Macondo, son las mismos que han cargado los padecimientos de las necesidades disimuladas al son de alegrías y bulla del caribe. Pero sobre todas las cosas, son los mismos que se han dejado llevar de la mano por las letras de su paisano más ilustre para construirse mundos más felices al son de buenas historias. Sus obras tocan la realidad, la cotidianidad misma de los cataqueros, un pueblo lleno de magia donde es tan común ver vacas en el cementerio caminando entre las tumbas como a un alcalde salir en toalla por toda la población ante la protesta de su pueblo.

La relación de García Márquez con su tierra era una conexión tan grande que lograba tocar las fibras sensibles de cada uno de los habitantes, que si bien no ha todos habrá conocido personalmente, logró cautivarlos de tal manera que la población entera suspendió su existencia cotidiana para dedicarse a decirle a adiós a su hijo más universal, porque si bien el coronel no tiene quién le escriba, Gabo si tendrá siempre quién lo quiera y ese afecto inmarcesible empieza primero en Macondo.

La tarde seguía su curso, los pasos de la gente iban detallando la sinfonía de una noche que marcaría un adiós para siempre. De vez en cuando la procesión paraba para escuchar a algún poblador hacer la lectura de las obras de Gabo y las almas a falta de voz que les fuera suficiente para expresarse, decidían dar un aplauso atronador a la genialidad de García Márquez. De repente se escuchó una grabación con la voz del celebrado autor, como si un centellazo abrazará el corazón y obligara las palabras al exilio, todas personas quedábamos en silencio, invitados a soñar bajo las riendas de la voz cantada y melodiosa del escritor más grande de los últimos tiempos.

La lluvia se fue silenciando, permaneció haciendo susurros con algunas gotas que de vez en cuando terminaban su existencia contra el pavimento, mezcladas con los pétalos de flores amarillas y blancas que se revolvían por el suelo hasta que en algún momento, el viento las moviera algún centímetro. Nadie sabe exactamente porque llovió el día de despedir a García Márquez después de varios meses sin ver una gota caer del cielo, sin embargo posiblemente la causa del cese repentino sea que Isabel se movió de la ventana y eso ayudó a que cesara el aguacero en Macondo.

Varios de los amigos de parranda con los cuales Gabo formó el primer festival vallenato en Aracataca en 1967, estuvieron rindiéndole el último adiós, al autor de cien años de soledad. Todas las generaciones se unieron y a veces en medio de la gente se oían anécdotas de Gabito en su tierra natal. Cuenta la nieta de uno de los mejores amigos de García Márquez que una vez el escritor le dijo a su amigo que quería visitarlo, esté correspondiendo a la dignidad de recibir a tan distinguido personaje ordenó a sus hijos comprar la mejor ropa posible y arreglarse con todo el protocolo. Gabito al llegar a casa de su amigo exclamó: “ Ajá y está qué locura es, por qué andan disfrazados? vayan a quitarse la ropa que acá llegó fue su tío”. A ese mismo amigo Gabo lo llamo varias veces desde Europa a medianoche para que le diera paso a paso la receta de la sopa de mondongo y el sancocho trifásico.

El escritor que hoy día celebra el mundo entero, nunca dejó de ser un hombre sencillo que sucumbía a las realidades de la buena amistad. Seguramente por esta razón que personas de todo varios lugares, aguantando primero el sol y luego la lluvia llegaron a darle el último adiós al hijo del telegrafista que ahora permanecerá disgregado entre sus páginas y afianzado en los corazones nobles que decidan leer sus palabras, palabras de un Nobel que clausuraba todo vestigio de fama cuando estaba con sus amigos y que se refería a Aracataca con ojos de nobleza y una voz sincera que denotaba la emoción de sus las palabras cargadas de afecto para su pueblo.

Gabriel García Márquez tenía un gran afecto por Aracataca, contrario a lo que muchos puedan pensar guiados por el lugar común que lleva a pensar que los artistas tienen reemplazar los deberes estatales. Gabo era un hombre que se preocupaba por su pueblo y hasta hace algunos años se dictaban talleres literarios y espacios de apoyo a los docentes para formarlos en la enseñanza de literatura, teatro entre otros por parte de personas venidas de Bogotá. Una de esas personas contó a mi tía que todo era gestión de Gabito, solamente le pidió total prudencia porque así él lo había pedido. No contaba él con la indelicadeza de este autor que ahora lo escribe en este artículo menos con el afán de ser indiscreto y más con las ganas de contar algo que sería justo que algunas personas conozcan.

En cada corazón permanecerá Gabriel García Márquez. En su pueblo natal lo empiezan a atesorar desde los niños que ya muchos han decidido escribir gracias a la influencia de su paisano escritor, existe mucho talento en Aracataca y sobretodo un talento agradecido que sabe corresponder y que salió sin reservas a marchar por las calles para rendir homenaje al más grande de sus coterráneos. Personas soñadoras, alegres y sonrientes que a toda adversidad le saben esquivar con buenos momentos sus adversidades, personas que merecen no solamente una segunda oportunidad sobre la tierra sino todas las que sean posibles.

Ha sido tan grande la partida del hombre que nos ha llevado con sus líneas a lugares de gran alegría y nos ha hecho reflexionar la vida misma armado de letras y descripciones, que no le bastó a la providencia que todo el pueblo caminara en honor de su nombre, sino que también quiso precipitar flores para adornar los corazones afligidos y regalar vientos suaves para acariciar las almas comprimidas por el dolor. Porque ha sido tan grande Gabriel García Márquez la providencia misma quiso que en medio del calor más inclemente, sin razones suficientes que puedan explicarlo, una tarde memorable de abril nos lloviera un poco de primavera.