TEDx sobre mujeres, para todo público

Esta semana se presentaron nueve charlas en el primer “TEDxBogotáMujeres: El futuro es ahora”, a cargo de diferentes personajes de la vida pública. Las estrellas de la tarde fueron las creadoras de Susana y Elvira.

Las creadoras de “Susana y Elvira” hablando sobre un estudio que revela que las mujeres somos mayoría en redes sociales, y sobre lo que eso implica. Cortesía TEDxBogotáMujeres
TED, el fenómeno global que ha reunido más de 1 millón de ideas que “valen la pena difundir” en charlas de no más de 18 minutos, realiza anualmente TEDxWomen, una celebración mundial que tiene como misión apalancar las iniciativas de cambio que demuestran el poder de las mujeres de todas las edades, alrededor del mundo, para ser creadoras de cambio.  
 
Esta semana se llevó a cabo en el Teatro Nacional Fanny Mikey el primer TEDxBogotáMujeres, un evento que llegó a ser en la ciudad dentro de un contexto actual donde las mujeres son uno de los principales motores de transformación en Colombia. Una jornada en la que las protagonistas fueron las mujeres, pero más que ellas mismas, sus ideas y los proyectos que las empoderan.
 
Lo primero que llamó la atención fue que gran parte del público era femenino, y ocho de los expositores también eran mujeres. Ello pone en evidencia un fenómeno al que varios queremos hacerle frente: el tema de las mujeres parecería ser sólo para mujeres, o estar dirigido exclusivamente al género femenino, como si sólo entre mujeres se pudiera hablar de mujeres.
 
Dos valientes expositores hombres se pararon en el escenario a hablar del otro género sin miedo. Uno de ellos, el abogado Fabio Castro, habló de la violencia contra la mujer, las convenciones sociales, que, dijo, rigen nuestros comportamientos inconscientemente, y en muchos casos más fuertemente que la ley. Ellos descubrieron para el público que hablar de igualdad de género no implica perder la masculinidad, y que es un tema que nos incumbe a todos, pues la violencia y los prejuicios están justo en el medio de los sexos. Y fueron más allá: Fabio Castro resaltó que la pérdida de la masculinidad no es lo más terrible que le puede pasar a un hombre, que no lleva a un cambio de orientación sexual y que, dejar de preocuparse por ello descarga a los hombres de un montón de prejuicios que también recaen sobre lo masculino.
 
Que el tema de la mujer sea algo así como un nicho exclusivo para mujeres es como si ser mujer (valga la redundancia, la repetición del término) fuese una condición, o un atributo que permanece aislado de la sociedad. Es como si la sociedad estuviera compuesta mayoritariamente por hombres (cuando ocurre lo contrario), a quienes les incumben todos los temas, y a un lado, en un rincón, estuviéramos nosotras, hablando de nosotras y sobre nuestras preocupaciones femeninas. La razón por la que la mujer es un tema que vale la pena poner sobre la mesa es porque aún existe desigualdad de género. Sin embargo las mujeres no hablan más de dietas, cremas antiarrugas o consejos de moda, al menos no todo el tiempo, porque no es lo único que les interesa. Por eso es que “el futuro es ahora”, y ya es hora de abrir los ojos ante ello.
 
Fui al teatro en la tarde de ayer con un prejuicio: poner a la mujer como tema es resaltar la diferencia y la desigualdad. Un TED dedicado a las mujeres, se pensaría en principio, es una manera errónea de resaltar de nuevo –una y mil veces– la diferencia que amenaza la pelea por la igualdad de género. Pero el problema no es la diferencia, porque las diferencias existen. El enfoque estuvo puesto, más bien, en las particularidades, porque es en las generalizaciones, los prejuicios y los lugares comunes en donde se hacen más evidentes las diferencias que quisiéramos suprimir y que atentan contra la igualdad entre hombres y mujeres (dejando de lado un espectro real y complejo que está por fuera de ese binomio).
 
Lo más gratamente sorprendente fue que varias de las charlas de ayer, hechas por mujeres, no giraron exclusivamente en torno las expositoras, como mujeres. Una indígena wayuu, Anastasia García, contó su experiencia en la India; vivío allá por tres meses sin entender la lengua, fue a aprender cómo instalar y usar paneles solares para llevar luz a su tierra. Otra, la artista plástica Adriana Marmorek, habló de su obra, inundada de erotismo, pero un erotismo que trasciende el género, que nos incumbe a todos. En medio de la charla habló de su hija, que sufre una enfermedad que le provoca dolores intermitentes. La consciencia del propio cuerpo y la importancia de cuidarlo aparecieron en medio de sus palabras, pero su cuerpo de mujer nunca estuvo en el centro del discurso.
 
María Fernanda Moreno y Marcela Peláez, las creadoras de Susana y Elvira, sí se fueron lanza en ristre contra los prejuicios machistas y el tratamiento que se le da a lo femenino en la publicidad y los medios. Este dúo es autor del libro Lo entendimos todo mal y el E-book Consejos viscerales para casos reales. Desde 2008 se han convertido en un importante referente y caso de éxito de los proyectos transmedia en Colombia, y se han posicionado como autoras y líderes de opinión, tanto así que en 2014 fueron seleccionadas como unas de los 100 Líderes de la Sociedad por la revista Gerente.
 
Maria Fernanda Moreno es periodista y politóloga. Además de escritora es profesora universitaria. Marcela Peláez es literata y tiene una maestría en nuevas tecnologías de la comunicación. Ambas han trabajado en diferentes medios de comunicación, inclinadas hacia el ámbito digital. Juntas fundaron Siete y Ocho, una compañía de contenidos digitales e investigación especializada en mujeres que maneja todo el proyecto Susana y Elvira, la serie web protagonizada por Manuela González y Mábel Moreno.
 
Y con una charla llena de humor e ironía, “#yosoyunamujer (punto): cuando los adjetivos limitan”, el dúo de creativas cerraron la jornada. TEDx volverá a Bogotá el próximo año, tal vez con otro tema de actualidad para la discusión.
 
#yosoyuna mujer (punto): cuando los adjetivos limitan
 
(Reproducimos algunos fragmentos de la charla para los lectores. Espere pronto el video de la charla completa).
 
“Les pedimos a nuestras usuarias que se definieran a ellas mismas y esto fue lo que nos dijeron: (aparecen en pantalla adjetivos que corren: ‘única’, ‘soñadora’, ‘apasionada’, ‘alegre’, ‘profunda’, etc.). Este es un caso del huevo y la gallina en el que vale preguntarnos si fuimos nosotras las que dijimos que éramos todas esas cosas o si más bien habían sido la publicidad y los medios los que nos dijeron que nosotras éramos todo eso. Creemos que fue lo segundo, porque finalmente los creadores de contenido y los publicistas nos han tratado de definir con etiquetas únicas que, como lo decimos en Lo entendimos todo mal, nuestro libro, son perezosas. Es como si nos metieran a todas en una sola bolsa donde no hay cabida para el disenso, para la diferencia, como si acaso todas fuéramos iguales. Y como han sido creadas todas estas etiquetas positivas, hemos creado también unas que nos han hecho mucho daño, como ‘solterona’, ‘arpía’, ‘amargada’. Pero hay una que es muy peligrosa porque se esconde detrás de una buena, ‘perfecta’: cómo tener la piel perfecta, cómo ser la madre perfecta, cómo ser la esposa perfecta, cómo tener un pelo perfecto, cómo hacer que tu cola se vea perfecta en ese pantalón. ¿Existe la perfección?
 
“Nos han vendido esa idea de que todas tenemos que ser perfectas, pero lo peor es que nunca vamos a poder ser perfectas porque siempre nos va a faltar alguito para ser perfectas. Gloria Steinem dijo en los ochenta que la mayoría de revistas femeninas lo que trataban de hacer era convertirnos a todas las mujeres en mejores consumidoras. Esta afirmación sigue siendo verdad hoy. ¿Qué pasa? Que la publicidad y los medios se nutren de la insatisfacción, siempre tenemos una meta más lejana que alcanzar. Y si tenemos una meta ¿dónde la vamos a conseguir? ¿En los quirófanos? ¿En las tiendas? Probablemente nos dicen: ‘Ya tienes tu cuerpo perfecto, ya te lo hiciste en el quirófano, entonces ahora corre y cómprate un carro perfecto para acompañar ese cuerpo perfecto. Te falta ahora el vestido perfecto, la cartera perfecta, porque tiene que ser una cartera de diseñador. Mujer: ¿te salieron arrugas por estar preocupada pagando el préstamo del cuerpo y el carro? Cómprate una crema contorno de ojos porque qué oso aparentar la edad que tienes’.
 
“A la mujer le dijeron: ‘Mujer, tienes tetas, y a los hombres les gustan las tetas, entonces úsalas para venderles cosas. Y de paso crea una cantidad de inseguridades e insatisfacciones para las mujeres’. En un comercial del año pasado vemos en cámara lenta correr, durante 45 segundos, a una mujer. ¿Pero qué vemos? Sus tetas. Y no nos están vendiendo tops para hacer ejercicio, ni realzadores de silicona, ni cámaras con altísima resolución es slow motion: nos están vendiendo artilugios que usamos en las muñecas como medidores de nuestra frecuencia cardiaca. Nos encontramos con dos premisas que están siempre presentes en la publicidad y en los medios de comunicación. Primero: a nosotras las mujeres nos meten a todas en una misma bolsa llena de adjetivos genéricos y positivos. Segundo: si mostramos unas tetas en cámara lenta vamos a vender más. Lo que sea, pero lo vendemos. Entonces, además, nos enfrentamos a una dura y triste realidad: los contenidos y la publicidad para mujeres están hechas por hombres. Finalmente son industrias creadas por hombres: los creativos son hombres, los directores de comerciales son hombres. Y eso es bien absurdo. Una firma consultora de mercadeo encontró que dentro de la próxima década las mujeres pasarán a controlar dos tercios del poder de compra en Estados Unidos. Esta realidad no se aleja mucho de la colombiana, sobre todo si tenemos en cuenta nuestra creciente clase media y nuestra mayor participación en el mercado laboral y en la educación. Otro estudio revela que las mujeres somos mayoría en las redes sociales. Si tenemos en cuenta esa realidad, el contenido que satisfaga esas necesidades del mercado femenino tiene mucho más chance de ser distribuido, compartido y consumido por esta vía.
 
“Lo que estamos diciendo es: creen contenido más inteligente, eso es todo; un contenido que vaya a la par de nuestra evolución como mujeres y que vaya a la par de la evolución del feminismo. ¿Vale la pena seguir creando publicidad desde aproximaciones masculinas? ¿Y vale la pena utilizar todas estas etiquetas que nos hacen ver como seres etéreos? Si nos fijamos con detenimiento, somos ‘líderes’, ‘soñadoras’, ‘apasionadas’… Todo el tiempo, al parecer, estamos en las nubes, viviendo en la estratósfera. ¿Será que la publicidad trata así a los hombres? Hicimos un ejercicio similar con los hombres y descubrimos en efecto que ellos también han sido reducidos a estereotipos, pero las etiquetas por supuesto son diferentes y no tantas. Seguimos viendo que hoy, después de sesenta años, el hombre sigue siendo definido como el hombre Marlboro: solitario, sexy, salvaje, poderoso. Entonces: nosotras vivimos en las nubes, estamos en la estratósfera constantemente, mientras que los hombres tienen sus dos pies sobre la tierra y están buscando una sola cosa, el estatus que da tener un buen carro, un buen reloj, tener sexo con una mujer bonita.
 
“También vemos que en los hombres la edad no pesa tanto como pesa en las mujeres. Tenemos campañas como la de ‘El hombre más interesante del mundo’ que para nuestros estándares generacionales bien podría ser ‘el abuelo más interesante del mundo’. A los hombres, creemos ver, el tema de la edad los hace más interesantes. Y a nosotras, en cambio, nos dicen que somos unas ancianas desde los 24. Si eso fuera diferente no habría tantas mujeres desfigurándose la cara con una toxina o en el quirófano. Pero no estamos proponiendo el fin de la industria médica, no estamos proponiendo el fin de la publicidad, no estamos proponiendo el fin de los medios de comunicación: estamos proponiendo que creen contenidos más inteligentes y coherentes con quienes somos hoy”.
 
 
 
 
 
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