"Tengo apetito por personajes complejos": Rodrigo Santoro

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Es el actor brasileño de mayor éxito internacional del momento.

Algunos dirán que su cuerpo escultural y sus facciones que despiertan histeria colectiva dentro del público femenino le han abierto más puertas que su talento como actor. Las apariencias engañan. Son injustas. Ocho premios como mejor actor, nacionales e internacionales, refutan la primera teoría de un tacazo. También lo hace su declaración: “No trabajo una imagen; me encargo de construir y pulir mis personajes”.

El 2003 fue el comienzo de la carrera en Hollywood de Rodrigo Santoro, sin soñarlo, sin esperarlo. Desde entonces, su trabajo se ha dividido entre los roles de los grandes estudios como los que hizo en 300, Love Actually, Los ángeles de Charlie, la serie de televisión Lost, Che, entre otras, y entre producciones en Argentina y su natal Brasil. Apariciones largas, cortas, pero nunca personajes pequeños.

Rodrigo Santoro está en Cartagena porque la película que protagoniza junto a Angie Cepeda, Heleno, dirigida por José Henrique Fonseca, participa en la competencia oficial. También actúa en Secretos de pasión, dirigida por Roland Joffé y que se encuentra dentro de la sección Gemas. Este mismo festival le ha dado ya dos premios como mejor actor principal y de reparto. En el 2002, con su interpretación en Bicho de Sete Cabeças y en el 2004 con Carandiru. “Es muy especial para mí estar en Cartagena finalmente”, dice Santoro desde una terraza en la ciudad vieja, con vista al mar y en pleno atardecer. Asegura que siempre tuvo ganas de conocer la ciudad, que admira profundamente a García Márquez y que su madre es una amante de la arquitectura caribe. “Por varias razones me siento feliz de estar acá”. No lo dice por una falsa complacencia, sino genuinamente. Lo dice en un español casi perfecto. Lo aprendió en tiempo récord de manera intensiva para conseguir el papel de Raúl Castro en la película Che, de Steven Soderbergh. Su acento es caribeño, de cadencia carioca y cubana porque tuvo un profesor de la isla.

Santoro encarna a Heleno de Freitas (1920-1959), el controvertido futbolista brasileño que vivió su edad dorada en los años 40 en Río de Janeiro.

Polémico por estar hinchado de gloria, de ego, de temperamento explosivo, repleto de lava. Controversial por ser un astro del fútbol, agresivo, amante de las mujeres, del alcohol, del cigarrillo. “No creo en el fútbol sin la sangre hirviendo, sin el puñal entre los dientes”, afirmaba Heleno. Pero las ironías del destino lo llevaron a contraer sífilis, a no quererse tratar y a terminar desvencijado, viejo antes de tiempo, derrotado y con la mirada de la locura en sus ojos. La historia de Heleno es contada en blanco y negro, con una cinematografía hermosa, una dirección de arte increíble y la actuación comprometida de Santoro que retrata a este héroe en su cima y caída.

Esta interpretación le valió el premio de mejor actor este año en el Festival de Cine de La Habana. Y es probable que Cartagena le vuelva a dar otro India Catalina.

Santoro se involucró tanto en el guión que terminó produciendo la película, su primera aventura del otro lado de la cámara. “Fue un aprendizaje increíble, respeto mucho ese trabajo. Porque generalmente oyes decir que fue muy difícil hacer la película y pareciera que fuera un discurso pregrabado, pero para entenderlo hay que hacerlo”, confiesa.

Si antes jugaba fútbol con sus amigos, como lo hace cualquier brasileño, ahora lo juega mejor. Tuvo clases con un crack, Cláudio Adão, que tenía la misma característica que Heleno, esa manera tan elegante de recibir la pelota en el pecho. Fueron dos meses en los que no sólo recibió entrenamiento físico sino fundamentos de fútbol.

Angie Cepeda hace el papel de Diamantina, la gran pasión de Heleno. “Angie es un personaje increíble, una cantante de casino. Dicen que ella era venezolana, o colombiana, y empezamos a buscar una actriz y llegamos a ella. Fue una decisión perfecta haberla escogido. Aparte de ser linda y perfecta para el personaje, hizo un trabajo muy bueno como actriz”.

Por otro lado, Santoro interpreta a un anarquista y revolucionario, Oriol, en Secretos de pasión, que será estrenada el 13 de abril en cartelera nacional. Una producción hecha en Hollywood de característica épicas que cuenta historias de la guerra civil española y la vida de José María Escrivá de Balaguer, el fundador del Opus Dei. “Es un papel trágico, heroico. Lo acepté porque era tener la oportunidad de trabajar con Roland Joffé. La misión y The Killing Fields (Los gritos del silencio) fueron siempre referentes para mí. Fue un placer increíble trabajar con un director que está enamorado del trabajo del actor, que está ahí para potenciar todo y de haber podido filmar aislados en un desierto en Argentina”.

Hollywood y producciones independientes. Santoro ha pisado los dos terrenos, pero sostiene que las películas estilo blockbuster, son proyectos de fórmulas comprometidos por el dinero, porque tienen que conseguir la inversión de vuelta. “Por otro lado, las películas independientes están comprometidas con la historia. Yo como artista y actor, estoy interesado en la humanidad, en crear un personaje que sea lo más humano posible. Las películas independientes son más satisfactorias porque uno trabaja de una forma más artesanal. Me encanta porque así empecé a hacer cine en Brasil”. Sin embargo, aclara que no se trata de decir si es bueno o malo. Es diferente trabajar de un lado y del otro, pero si puede elegir, prefiere sentirse involucrado con el proceso y eso sólo lo logra con producciones más pequeñas.

Nunca sabe el resultado final de una película. Su concentración está en el set, en ese recorrido diario de un rodaje donde encuentra la clave para seguir creciendo como actor. Explica que le gusta el proceso de exploración, poder experimentar, buscar posibilidades y acercarse al universo del personaje. “Tengo apetito por personajes complejos. Yo elijo a tipos que sean distantes y muy diferentes a mí. Me gusta alejarme de los estereotipos porque es muy peligroso caer ahí. Por lo tanto, me gusta investigar y ser como una palanca de cambios en un carro: neutro”. Ahí, en ese punto medio donde no sea muy Rodrigo ni muy alejado de él mismo, es donde le gusta estar. Sólo ahí puede comenzar a manejar el carro.

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