Termina la batalla legal de Risen

Desde 2008, el gobierno de Estados Unidos ha pedido a James Risen que declare si Sterling fue o no una de sus fuentes para el libro 'State of war' (2006), que revelaba una operación de Estados Unidos para reducir el poder nuclear de Irán. Estados Unidos ha descendido en la lista de países que respetan la libertad de prensa.

Durante la administración de Barack Obama, ocho personas han sido acusadas de espionaje. / Flickr – Mark Nozell

En 2008, cuando comenzó el juicio por espionaje a Jeffrey Sterling, entonces agente de la CIA, el Departamento de Justicia citó al periodista James Risen, de 59 años, a declarar. La oficina estatal presumía que Sterling era la fuente principal de Risen en la publicación del libro 'State of war' (publicado en 2006), que refería en detalle una operación de espionaje que Estados Unidos realizó en Irán con el objeto de disminuir la capacidad nuclear de este país.

Risen, cuando fue citado, presentó un alegato argumentando que, como periodista, tenía derecho a ocultar su fuente. La citación perdió efecto en 2009 y durante el comienzo de la administración de Barack Obama fue renovada. Risen alegó, presentó un texto que glosaba sus razones para abstenerse de revelar sus fuentes. El proceso, sin embargo, siguió. En el país que fundó la democracia y la libertad de expresión en América, un periodista era presionado por revelar información.

De oficina a oficina, el proceso se extendió hasta llegar en junio del año pasado a la Corte Suprema, que desdeñó el alegato de Risen y aprobó la petición del Departamento de Justicia. Entonces, Risen se vio entre la espada y la pared: o declaraba o iba a la cárcel por desacato.

El debate, que hasta entonces se había mantenido, se aceleró. Grupos de abogados y periodistas recordaron que bajo la administración Obama ocho personas han sido acusadas de espionaje —a través de una ley de 1917—, muchas más que en todas las administraciones anteriores juntas. Recordaron, también, que Risen era apenas la punta del iceberg, y que numerosos periodistas se habían visto inmersos en el mismo proceso por revelar información secreta del Gobierno. El debate, entonces, se centró en esa cuestión: ¿hasta qué punto puede un periodista revelar información secreta que podría —podría— implicar un peligro para la sociedad?

El antiguo editor del Washington Post, Leonard Downie Jr., dijo por entonces: "Quien expone el derroche, el fraude y el abuso es considerado como un informante. Exponer las políticas y acciones cuestionables de un gobierno, aunque sea ilegal o inconstitucional, es generalmente considerado un tipo de espionaje que debe ser detenido y castigado. Esto reduce el potencial de la prensa y al mismo tiempo ayuda a sostener al gobierno frente a sus ciudadanos". El argumento de Downie contiene, también, una interpretación adicional: el gobierno, que determina qué es y qué noes información secreta, tiene el monopolio de esa información. Y uno de los objetivos del periodismo es justamente descentralizar el uso de la información, convertirla en un objeto público. Ésa fue una de las razones para que este 13 de enero el Fiscal General, Eric Holder, anulara la citación de Risen y lo liberara de la obligación de revelar sus fuentes. "Nunca un periodista será llevado a la cárcel bajo mi administración", dijo Holder.

Bajo la misma ley de espionaje, y con argumentos similares, fueron juzgados Thomas Drake (miembro de la Agencia de Seguridad Nacional, NSA), Shamai Leibowitz (contratista del FBI), Stephen Jein-Woo Kim (contratista del Departamento de Estado), Chelsea Manning (soldado raso del ejército estadounidense), John Kiriakou (miembro de la CIA), James Hitselberger (contratista) y el conocido Edward Snowden. Manning fue condenado a 35 años de prisión; Snowden (al parecer refugiado en Rusia) enfrentaría una pena de 30 años; en junio de 2013, Kiriakou fue sentenciado a 30 meses por revelar el nombre de un agente secreto a un periodista. Un reportero independiente, Barret Brown, fue condenado a 105 años de prisión por investigar el contenido de la compañía de inteligencia Stratfor, subsidiada por el gobierno de Estados Unidos. Fue en 2013 también cuando el Departamento de Justicia obtuvo un historial de llamadas de la agencia de noticias Asociated Press (AP) para saber quién había revelado determinada información sobre la CIA. La condena fue anulada. Sin embargo, es llamativo el número de casos que ha habido en apenas una década: la tarea del periodismo choca con las intenciones del gobierno a cargo.

Por esta serie de juzgamientos —en muchos casos la inteligencia estadounidense interceptó las comunicaciones de periodistas con sus fuentes, por ejemplo, a Risen—, Reporteros sin Fronteras, en su informe de libertad de prensa de 2014, puso a Estados Unidos en el puesto 46, 13 más debajo de su posición en 2013. "Los países que se jactan de ser un ‘Estado de Derecho’ —escribió la organización en su informe— no dan el ejemplo, están lejos de hacerlo. La libertad de información cede con gran frecuencia ante una concepción de la seguridad nacional demasiado amplia y un uso abusivo de este concepto, lo que marca un retroceso preocupante en las prácticas democráticas. (…) La condena del soldado Bradley Manning o la persecución del analista de la Agencia de Seguridad Nacional (National Security Agency, NSA), Edward Snowden, son algunas de las advertencias dirigidas a aquellos que se atrevan a filtrar información considerada delicada –pero de interés público comprobado– para que se le dé una divulgación más amplia".

El gobierno de Estados Unidos, en varias ocasiones, se ha encubierto en la aparente protección de los secretos estatales para llevar a un periodista a los estrados. Sin embargo, allí se enfrenta a un debate esencial: ¿por qué la información clasificada como secreta no puede ser conocida por el público? ¿Quién determina qué es secreto y qué no es y bajo qué argumentos? ¿No produciría esto un monopolio de la información por parte del Gobierno? ¿En qué quedaría, entonces, el papel del periodismo es una sociedad que sólo puede —y debe— saber lo que el gobierno quiere que sepa?