Tom Clancy, el escritor de la Guerra Fría

Reconocido por sus novelas sobre espionaje y guerra, Clancy fue uno de los pocos autores que llegó a vender más de 2 millones de copias de uno de sus libros.

Tom Clancy

Tom Clancy (Baltimore, 1947) perteneció a la extraña especie de escritores que pueden vivir de cuanto escriben. Hoy es reconocido como un genio de las ventas; sus libros —en los que son protagonistas agentes militares de Estados Unidos, Japón, la Unión Soviética— han sido traducidos a varios idiomas y vendidos como pan: en los años 90, una de sus novelas vendió más de dos millones de copias. Sus ventas se igualaron por entonces a las de J.K. Rowling —creadora de la saga de Harry Potter— y John Grisham; sus películas eran adaptadas para el cine y en series de televisión. Clancy se había convertido, de título y obra, en el escritor del espionaje en Estados Unidos.

Sin embargo, antes de ser un autor reconocido, Clancy ocupó un cargo en una agencia de seguros como vendedor y había tenido una vida más bien común: en 1969 se había graduado de la Universidad de Loyola, en Baltimore, y cuatro años atrás se recibió en la escuela Loyola Blakefield. Sólo hasta 1984, Clancy publicó su primera novela, La caza de Octubre Rojo, y fue entonces que pasó a aumentar la escasa fila de escritores con suerte económica: salió de su trabajo como vendedor y dedicó su vida a escribir.

Esa misma novela se convirtió en película cuatro años después, protagonizada por Sean Connery y Alec Baldwin. Esta sería, para sus seguidores, la primera obra en que aparecía el agente de la CIA Jack Ryan, también parte central de los libros que siguieron. Aquí, Ryan se enfrenta a las fuerzas navales soviéticas; en pleno 1984 —justo el año en que se cumplían las predicciones orwellianas y cuando la Guerra Fría seguía vigente— Clancy aseguraría buenas ventas, como de hecho sucedió.

De allí en adelante, Clancy publicaría casi una novela por año. En esa misma década siguieron Tormenta roja (1986), Juegos patriotas (1987), El cardenal del Kremlin (1988) y Peligro claro y presente 1989). Además de su éxito en ventas, Clancy lograba engordar una saga: aparecía allí el conflicto entre la Organización del Tratado del Atlántico Norte y la Unión Soviética; Jack Ryan salvaba a los reyes de Inglaterra de un ataque terrorista; John Clark —otro de sus personajes emblemáticos— y Jack Ryan buscaban derrotar al jefe de la KGB, mientras que la Unión Soviética peleaba en Afganistán; Clark y Ryan llegaban hasta Colombia para rescatar a un grupo de soldados que fueron traicionados al realizar una operación encubierta en contra del tráfico de cocaína.

Por estas temáticas, y por el sentido de victoria que siempre obtenía Estados Unidos en ellas, el diario The Guardian tituló "Falleció el maestro del potboiler patriótico": el potboiler es el tipo de obra hecha solamente para sobrevivir, con temáticas de venta y éxito asegurados. Clancy tenía un mercado fijo y estaba arraigado a él: era sencillo suponer que, después de un tiempo, sus obras serían apetecidas por la televisión. Dado su éxito de venta impresa, también podrían ganar un campo en la televisión y el cine —a pesar de ello, algunas de las series cuyos argumentos fueron atribuidos a Clancy, como Tom Clancy’s Op-Center, no tuvieron el éxito esperado y fueron suspendidas.

Las ventas continuaron con la producción de los años noventa y a principios del siglo XXI: libros como La suma de todos los miedos (1991), Sin remordimiento (1993), Rainbow Six (1998) y Los dientes del tigre (2003) siguieron en la misma línea de las anteriores, algunos de ellos incluso con Jack Ryan como protagonista. A través de los medios se conocían las ofertas que su editorial, Penguin Putman Inc., le realizaba; en una ocasión le dieron un contrato de US$3 millones por tres libros; en otra, Clancy recibió US$50 millones por los derechos de dos de sus libros. En suma, Clancy obtuvo una fortuna de casi US$100 millones, si a esto se le agregan los derechos por determinados guiones para televisión que, en ocasiones, eran escritos por terceros y firmados por él.

Clancy obtuvo fortuna y fama con temáticas patrióticas. Sabía en dónde estaba el mercado, en dónde podía hacerse con un buen reconocimiento. Falleció en Baltimore, su ciudad natal, víctima de una enfermedad que su editorial —que dio la noticia— no especificó. Su próxima novela, escrita junto con Mark Greaney, será lanzada en diciembre. En cierto sentido, Clancy nunca dejó de ser un buen vendedor.

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