"Toquerolazo": la protesta hecha carnaval

El domingo 24 de noviembre, hacia las dos de la tarde, en la plazoleta de la calle 85 con carrera 15, algunos músicos se citaron a un ‘toquerolazo’, con el fin de seguir apoyando una conversación nacional. 

Imagen de uno de los momentos más emotivos de la tarde del pasado domingo en Bogotá, durante el "toquerolazo" de la 85 con 15. Laura Valeria López

Esta vez las calles que han estado acostumbradas a las rumbas de los fines de semana de la capital experimentaron algo diferente, un encuentro de jóvenes artistas esperanzados en cambiar la realidad de nuestro país. 

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Poco a poco se iban sumando personas de todas las edades, pero aún así, primó durante toda la jornada la energía que solo la juventud nos presta para poder gritar, cantar, bailar y saltar al son de las cacerolas que desde el pasado jueves 21 de noviembre cogen más fuerza. Alrededor de unos músicos, tocando instrumentos de percusión, un micrófono con su amplificador, estaba la gente, en un estado insaciable de carnaval, donde se repetían los diferentes versos emblemáticos de los últimos días. 

El arte, las pancartas y la música estuvieron presentes, todo el tiempo. A las cinco de la tarde un joven empezó a tocar con su trombón uno de los ritmos más representativos de Colombia. La cumbia, la cumbia del caribe, esa que escuchas y es inevitable no sentirla por todo el cuerpo, que te obliga a bailar y mover la cadera de lado a lado. A esto se sumaron dos mujeres que empezaron a cantar ‘El Pescador’, y fue así como la gran mayoría de los presentes soltó por un momento sus carteles y bailó. 

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Dos jóvenes se llevaron la atención por un buen tiempo, pues construyeron el “Cacerolo Man”, un muñeco con un parecido a “Don Quijote de la Mancha”, hecho a base de las tapas, los sartenes y olletas “destruidas” por el golpe de la resistencia.  

Cuando la luz iba disminuyendo en el nororiente de la ciudad y empezaban a verse colores lilas y rosados en el cielo, un grupo de jóvenes armaron una “tarima”, con tres bafles, dos micrófonos y una consola. Empezaron a tocar las bandas. Se abrió el show con “Come Together”, de The Beatles. El coro resonaba en toda la plazoleta. Mientras se iba organizando el siguiente grupo, se acercaron cinco mujeres a cantar dos canciones, la primera, inspirada en las protestas de Latinoamérica. Su coro, “de las protestas renaceremos”, y la segunda, dedicada a Dilan Cruz, el joven que resultó gravemente herido con una granada de gas lacrimógeno lanzada por un agente del Esmad, y quien hasta la fecha se encuentra en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del San Ignacio en un coma inducido. 

Al poco tiempo llegó el grupo Aguas Ardientes, una banda de folk bogotana, conocida por sus líricas cargadas de humor y parlache colombiano, y su diversidad de instrumentos: la bateria, o al menos las partes más importantes, el bajo, violín, dulzaina, melódica, guitarra y acordeón. Empezaron cantando ‘Bogotá’, luego ‘Odebrecht’, ‘No hay luka’, ‘Culpa de la vareta’, a las cuales les hicieron adecuaciones con frases alusivas al paro y al gobierno.  Le siguieron otras bandas, como Montaña y Mulan, y otra cantos, casi todos alusivos a la resistencia y a la solidaridad. Entre canción y canción, palabras, llamados a la toma de conciencia, a la hermandad y a la honestidad. 

Al caer la noche, las linternas de los celulares de todos los manifestante se fueron encendiendo. Desde lejos parecían luciérnagas que acompañaban el paisaje de este “Distrito Salvaje” que se manifiesta y trata de emerger desde la cultura. Desde el Arte. 

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Laura Valeria López

Cultura

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