Artbo fin de semana

Transfiguración objetual en el Espacio El Dorado

Bache y En – seres son las exposiciones que presentan los artistas Alejandro Salcedo y Ana Claudia Múnera, respectivamente, en el Espacio El Dorado, una posición frente al objeto y su labor dentro de la historia del arte como potenciador de una identidad que busca la reflexividad.

Transfiguración objetual en el Espacio El Dorado
Bache, una de las obras de Alejandro Salcedo que se presentan en El Dorado espacio este fin de semana. Cortesía

Limitarse al significado puro de un objeto creado por el hombre con una finalidad específica se convierte en algo sesgado para atribuirle un valor personal que se experimenta en el espacio y en el tiempo. Cada elemento que constituye el entorno del desarrollo del ser humano adquiere un significado diferente que se adhiere a los recuerdos y establece un lugar privilegiado en la construcción de identidad. Es desde este sentido que el artista propone apropiarse del objeto a partir de su experiencia personal y darle un valor totalmente distinto en un espacio artístico. Desde una perspectiva del crítico de arte norteamericano Arthur Danto, el objeto se constituye a partir de las ideas y deseos que pretende expresar el artista, encarnando un significado completamente distintito a su valor coloquial. Una transfiguración arraigada a lo que el artista quiere comunicar. En cierta medida, las exposiciones instauradas en el Espacio El Dorado en la ciudad de Bogotá, nos revitalizan con esta posición con las obras de los artistas Alejandro Salcedo y Ana Claudia Múnera.

‘Bache’, como se titula la exposición del artista Alejandro Salcedo, nos induce a una idea poco probable. “Tuve una visión de la Nada en donde el tiempo para mí se plegó sobre sí mismo ocasionando un bache”, explica el artista. En esta visión el tiempo se paralizó ocasionando visiones bizarras como si se estuviese atrapado y a partir de allí confluyen las piezas de la muestra. La pintura como elemento primordial desde una visión personal que se relaciona con los objetos cobrando valor dentro de sus recuerdos de infancia, unas rejas hechas por su padre y un oso de fieltro usado para envolver muebles se convierten en las piezas principales. Este último es representado a través de la pintura y apartado de un sitio usual, en donde se podría encontrar este objeto para configurarle un nuevo significado dentro de un entorno de exposición de arte. De esta manera, explica el artista: “me di cuenta de que cuando uno llega a determinados sitios tiene que desplegar ciertos objetos para sentirse que está ahí, para sentir que su identidad ya llegó”.

La reproducción de un video a través de cintas de cine de 16mm. muestra el entierro de cerámicas prehispánicas, una “guaca” encontrada en su casa de la que el artista se quería deshacer, siendo el entierro la única manera de desaparecerla. “Todo tiene que ver con la identidad en relación con la infancia, cómo la infancia está construida míticamente y cómo la vida misma se va construyendo con pequeños mitos de la vida, de pequeñas cosas importantes, de sucesos y objetos que van reflejando, objetos que uno decide seguir cargando, o deshacerse de ellos”, explica Salcedo.

Remembranzas se convierten en el pilar de la exposición figurando en una relación con la historia del arte y constituyendo entonces un discurso entre el objeto y la infancia. Es así que los recuerdos materializados logran instaurar cierto papel dentro de un arte que se transfigura, como lo apuntaba Danto, uno que establece ideas a partir de un mundo vivido. La artista Ana Claudia Múnera instala su creación artística a través de los objetos. En esta exposición titulada ‘En – seres’ aparece una serie de performances que explican la idea de recuerdo materializada. ‘Mantel Solar’ reconoce al sonido como recreador de escenarios pasados con un tocadiscos que hace sonar uno de los discos de su padre, mientras la artista, tras un mantel, se reconoce en la infancia que ello representa.

“Mi inquietud va acerca de la infancia, del ser mujer y una preocupación por la destrucción humana, ese problema de destruir lo que se crea”, explica la artista. En aquella destrucción propone la acción ‘Ofrenda’, en la que a partir del destrozo de vasijas de barro, va incorporando los trozos para crear un nuevo inicio. Este aspecto de retornar hacia lo nuevo lo manifiesta en la sala del primer piso del Espacio el Dorado, creando así un círculo vicioso. Es entonces que a partir del objeto aparece una idea otorgándole todo el significado. En este mismo plano surge su videoinstalación ‘Despojo’, una mesa de planchar y una plancha que acompañan un video que reproduce cómo a partir de la cera líquida se van creando distintos objetos domésticos. Existe aquí una reflexión sobre la duración de los objetos. Mientras la plancha de hierro permanece, los objetos de cera se van transformando a través del tiempo. “A mí me interesa lo doméstico, la relación que tiene el ser humano con su espacio vital, que es la casa, y a partir de allí, cómo los objetos nos representan en el mundo y cómo ellos nos ayudan a comunicarnos con el mundo”.

Como lo afirma Francisca Carreño: “El arte nos hace ver los objetos del mundo, y los materiales, los colores, las formas que la obra posee en cuanto que mero objeto del mundo de manera distinta (…) los percibimos transfigurados, sin dejar de ser lo que son, pero al mismo tiempo arrojando luz diferente, dejándose ver de un modo nuevo, con una fuerza diferente, impresionándonos de distinta manera”. Aquí las huellas tras una connotación familiar y de infancia duplican el valor al objeto, mientras a su vez se transforma a partir del espacio expositivo que lo pone como una obra artística que refleja y cuestiona la realidad humana. Es la identidad y un aspecto personal que sale a la vista en estas dos exposiciones, una preocupación hacia lo doméstico y la infancia, a través de la pintura y el performance en el que los objetos se mutan en verdaderas obras.

La exposición estará abierta al público hasta el 14 de julio.

 

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