La transformación musical de Christina Rosenvinge, artista invitada al Estéreo Picnic

La intérprete de canciones como “Voy en un coche” o “Mil pedazos”, se presenta hoy con su más reciente trabajo, “Lo nuestro”. Un recorrido por su trayectoria.

La española Christina Rosenvinge se presenta en el escenario Pepsi Music. / Cortesía.

En cada disco Christina Rosenvinge se reinventa. En 1980, una adolescente española apasionada por la música iniciaba su carrera en un grupo que mezclaba punk, pop y ska. Eran Ella y los Neumáticos cantando “yo no soy una cosa que se puede comprar. Prefiero ver las series de la televisión antes que salir contigo”. Aunque el grupo hizo parte de una nueva generación madrileña, con el tiempo desapareció.

Cinco años después este proyecto dio origen a Magia blanca. De la mano de Toti Árboles y en compañía de Álex de la Nuez, Rosenvinge grabó tres canciones en las que experimentó con sonidos que fusionaban el electro-pop con funk. Cuando Árboles se retira se convierten en un dúo, Álex & Christina. Este es el inicio del éxito. Sus composiciones les permite grabar dos álbumes y alcanzar el reconocimiento del público.

Sin embargo, es hasta la década de los 90 cuando Christina Rosenvinge logra consolidar su carrera como solista. Éxitos como Voy en un coche (1992) o Tú por mí (1992), fueron grabados bajo el nombre de la banda “Christina y los subterráneos”, en donde la letra de las canciones conservaban una mirada femenina romántica.

“Los subterráneos existían solo en el nombre. Ellos eran los músicos que me iban acompañando pero nunca conseguí que fuese una banda estable, muchas veces cambiaban del disco a la gira, o viceversa. Al final decidí quitar el nombre porque originaba demasiada confusión y lo que estaba detrás era las canciones que escribía”, me comenta Rosenvinge al recordar el inicio de su carrera.

Durante tres años produjo canciones que se convirtieron en un completo éxito. Empezaron a sonar en las radios de su natal España hasta llegar a tierras latinoamericanas. Se dio a conocer como una de las intérpretes más importantes del pop en español, por lo que la disquera para la que trabajaba le pidió seguir haciendo hits, pues sabía que tenía la capacidad de hacerlo. Pero este no era su sueño. Rosenvinge quería - y sigue queriendo- hacer música de una manera más personal, con una mirada al futuro que le permitiera reinventarse, pues sentía que el público quería escuchar cosas distintas y ella también quería tener un sonido nuevo.

Ese renacer la lleva a hacer música más introspectiva y experimental. Compone en inglés mientras está en Estados Unidos y en 2001 presenta Frozen pool. Durante los siguientes seis años publica dos discos con los que cierra una trilogía anglosajona.

Ese fue su regreso al español, su idioma emocional y cerebral, con el que se enamoró de la literatura, una de sus fuentes de inspiración, a la que recurre de manera instintiva para componer una canción.

Verano fatal (2007), una colaboración con el también cantautor independiente Nacho Vegas, es el resultado de ese regreso y el primer paso para volver a tomar su guitarra, o piano, y escribir el siguiente álbum en solitario, que saldría un año después al mercado, Tu labio superior (2008).

Evoluciona. Tres años más tarde presentó el trabajo catalogado por la revista Rolling Stone como "obra maestra", una producción personal en la que se destaca su trabajo más literario por llevar mitos clásicos a la actualidad en La joven dolores (2011).

Si bien ha dicho: “para mi es una obsesión no repetir las cosas que ya hice”, su más reciente producción, Lo nuestro (2015), es un completo giro a su aspecto sonoro. En el pasado quedaron las canciones melancólicas para darle paso a un “romanticismo industrial”, como ella lo define. Con esta propuesta explora nuevos caminos y reafirma su madurez lírica, sorprendiendo a sus seguidores con sonidos fuertes y eléctricos.

“Normalmente lo que yo hacía era componer con una guitarra las canciones. Hacía una grabación en casa y se la enseñaba a los músicos para grabarla tocándola todos. Con “Lo nuestro” no lo hice así, mi banda estaba en Barcelona y era difícil trabajar con ellos. Empecé a componer directamente en el computador y así las canciones tomaron un tono más electrónico”.

Solo le bastó con programar una batería, tocar los sintetizadores y construir unas maquetas de sonido para grabar el disco que tiene como primer sencillo La tejedora, una canción que habla de la maternidad y las relaciones entendidas como un sacrificio, como una entrega total. Este tema, que se acompaña de una especie de grito indígena, fue el resultado de una visita a Huacho (Perú), en donde vio un espectáculo de danza indígena en el que las mujeres emitían una especie de gritos alegres y a la vez de advertencia.

Aunque en esta producción Rosenvinge le habla a la sociedad y trata de alejarse de las letras muy personales, lo vivido en Perú la llevó nuevamente a recalcar el papel de la feminidad en sus canciones, expresando de cierta manera ese reflejo del alma humana en los distintos momentos que puede enfrentar.

Esta artista del pop independiente, con una trayectoria de más de 35 años, logró sobrevivir al mercado adolescente, rompió con su pasado comercial y decidió arriesgarse a trabajar de forma independiente, por lo que también ha llegado a ser reconocida y recordada. 

*Escenario Pepsi Music. 9:00 p.m. a 10:00 p.m.