Tras los versos agónicos de Tonino Guerra

Tras permanecer tres años encerrado en un campo de concentración en la ciudad de Troisdorf, Tonino Guerra entendió que la única manera de resistir a su tragedia sería escribiendo poesía.

Torino Guerra murió el 21 de marzo de 2012.Cortesía

Uno de sus poemas más famosos sería La mariposa:

Contento, lo que se dice contento, / he estado muchas veces en la vida/ pero más que ninguna cuando/ me liberaron en Alemania/ que me quedé mirando una mariposa/ sin ganas de comérmela.

Poemas llenos del dolor que nos hace humanos, que nos hace conscientes de nuestra vulnerabilidad y nuestra injusticia. Poemas escritos con la memoria del cuerpo y de la mente, así eran los poemas de Tonino Guerra, un novelista, guionista, dramaturgo y poeta italiano que habló en dialecto romañolo (lengua galorromance que desciende del latín vulgar y que se diferencia del italiano, entre otras cosas, por poseer 20 vocales en lugar de siete) y que comprendió que el lenguaje es la fuente de la comunicación y el entendimiento, más aún cuando los instantes nos piden palabras para el recuerdo, para la resistencia y para apaciguar la desidia.

La fuerza de sus palabras dictó también la fuerza de las imágenes que proyectaría en el cine italiano. El éxito de sus producciones y de sus colaboraciones con grandes cineastas del cine de la posguerra provendría de ese hábito pasional por la escritura y ese ejercicio visceral de trasladar al papel las sensaciones de soledad y desolación provenientes de la amarga experiencia de (sobre)vivir a un campo de prisioneros en Alemania.

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“La poesía nos salvó de aquella soledad.” Así lo expresó alguna vez y así habría de reconocer que el dolor de la deshumanización se haría más llevadero con una estética del sufrimiento. Sus narraciones, sus respuestas y sus libretos siempre iban a estar manchadss de sus vivencias y de los rastros de la violencia en los cuerpos de quienes fueron sus amigos y en las zonas de aquellas tierras que vieron engendrar la barbarie de la Segunda Guerra Mundial.

Durante la ocupación Nazi trabajó como docente, profesión que le ayudó a sensibilizarse antes de su captura. Cuatro años estaría atrapado en el campo. De 1942 a 1946 su única esperanza era su diario, su pluma y su lenguaje para escribir y para mantener vivo el dialecto con el cual creció y con el cual sostuvo varias conversaciones con sus amigos en prisión. Seis años después de haber sido liberado inició su trabajo como guionista. Ya terminada la Segunda Guerra Mundial, pasaría a fortalecer sus palabras visualizándolas en las pantallas del cine europeo.

Directores y cineastas como Michelangelo Antonioni, Giuseppe de Santis, los hermanos Taviani y Federico Fellini trabajaron con Tonino Guerra. Nombres de lujo y hombres de gran relevancia para el devenir del cine europeo se juntaron con el fin de mejorar la industria cinematográfica del viejo continente a partir de un fortalecimiento de la imagen y de la intensidad de esta para transmitir sentimientos y pasiones en los espectadores del cine de la posguerra o de lo que muchos consideraron como el cine neorrealista y posneorrealista de Italia. Para ello, era indispensable generar una reversa en la imagen fascista en Italia por medio de un cambio en los valores morales, promoviendo así una sinceridad tajante, visualizando calles empobrecidas y en medio de ruinas, de modo que la realidad se convirtiera en una imagen cruda y descarnada.  

Lo anterior se daría más que todo con las películas de Giuseppe de Santis, los hermanos Taviani y Fellini. Así, cintas como Arroz amargo (1948) con de Santis y Amarcord (1973), con Fellini, retratan la época del fascismo italiano en la primera mitad del siglo XX, dejando entonces un mensaje de tinte político implícito en la trama y en los guiones de los personajes que conviven en medio de las fuertes medidas del gobierno del Primer Ministro Benito Mussollini. Ya en el caso de los hermanos Taviani, Guerra  participa en el guión de la película La noche de San Lorenzo donde describen la desesperación y la incertidumbre del pueblo toscano por escapar de los bombardeos alemanes.

Con Antonioni se encargarían de realizar películas que se asociaran a las relaciones personales, la intensidad y las peripecias que se desencadenan en acontecimientos inesperados o en reacciones espontáneas de los seres humanos. De modo que películas como La aventura (1960), El desierto rojo (1964) o Blow-up (1967), dan cuenta de la capacidad del director y de Guerra para describir lo intrínseco de nuestra condición por medio de la locura, el misticismo y el amor.

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El poeta y guionista italiano también trabajó con otros referentes del cine mundial. Figuras como Andréi Tarkovski y Thódoro Angelópoulos también contribuyeron a la evolución del cine como un medio audiovisual capaz de relatar, criticar y plasmar en sus libretos y tramas las dinámicas sociales en Europa. Desde lo íntimo en la vida de un poeta, hasta el sonido de las voces indignadas que tuvieron que escapar de la guerra o de las persecuciones a causas de poderes políticos. Nostalgia (1983) sería una de las películas emblemáticas de Tarkovski, pues en ella se cuenta la experiencia del director al ser perseguido por el gobierno soviético. La vivencia del exilio y las consecuencias que esto generó le permitieron a Guerra retomar las palabras de la melancolía del recuerdo no grato y de los momentos de soledad y desamparo a causa de un gobierno que abandonó a uno de sus ciudadanos a su suerte. 

Por otra parte, con el director griego Angelópoulos, se destaca la película La eternidad y un día (1998) donde Torino Guerra colabora como si estuviera describiéndose a sí mismo, pues en la cinta se presenta a un poeta griego que se entera del corto tiempo que le queda de vida. Allí se presenta la belleza de la muerte mediante reflexiones y trazos que unen la tragedia con la estética, formando así un escenario de poesía y arte alrededor de la trayectoria por el mundo y de un primer paso a lo desconocido y misterioso de la muerte.

Torino Guerra murió el 21 de marzo de 2012, no sin antes dejarnos un legado lleno de arte, pues hablar de solo poesía, literatura o cine es delimitar la eternidad de una obra que resguarda los contrastes de los tiempos oscuros de la guerra con la transparencia de la palabra como elemento sagrado para sobrevivir a esos instantes donde pareciera que la esperanza ha sido abolida de nuestra condición.

 

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