"Tres Golpes", la película champeta

Se trata de la primera propuesta cinematográfica desde los extramuros de Cartagena. En ella actúan más de cien jóvenes en riesgo.

 Los hermanos Manuel y Andrés Lozano Pineda, el primero periodista y el segundo realizador, junto a Rafael Flórez, un productor musical, emprendieron desde hace semanas una de las quijotadas más importantes del último lustro en Cartagena: realizar una película champeta en todos los sentidos. El proyecto cinematográfico involucra a jóvenes en riesgo a quienes se les ha dado una preparación actoral. Así mismo a varios intérpretes de la música champeta, a actores y actrices, todos habitantes de Cartagena. La película narra las historias de tres jóvenes de barrios populares que tratan de cumplir sus sueños en medio de la marginalidad y la pobreza. El proyecto no tiene precedentes en la historia del cine del Caribe colombiano.

¿En qué consiste el proyecto Tres Golpes y qué busca?

Andrés Lozano Pineda: Es un proyecto social y cinematográfico al mismo tiempo. Son unos cien jóvenes en riesgo. Primero se capacitaron en talleres de cultura ciudadana para fortalecer la tolerancia, la solidaridad y el respeto. Después asistieron a talleres de actuación, de apreciación cinematográfica y del lenguaje cinematográfico. Ahora tienen la oportunidad de participar en el rodaje del largometraje ya sea en la parte técnica o artística.

Manuel Lozano Pineda: En la película hay actores profesionales, dentro de ellos está la actriz Diana Caicedo, pero la mayoría son naturales y muchachos con mucho potencial. En el filme actúan siete reconocidos intérpretes de la champeta dentro de los que se destacan, Kevin Flórez, quien es el protagonista, y también actúan el cantante palenquero Louis Tower y Elio Boom entre otros. El proyecto es respaldado por Juan Carlos Díaz de la oficina de prensa de la alcaldía de Cartagena, la Secretaría del Interior, El Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena y el Alcalde Manuel Vicente Duque. Es una coproducción entre Maj Caribe Producciones y Farra Records.

El nombre de Tres golpes, remite a las tres comidas diarias, pero también tiene un doble sentido relativo al miembro viril. ¿Hay una intención básica de recurrir a varios elementos de la cultura popular de Cartagena?

A. L. P.: La champeta es así. A veces de doble sentido. La primera acepción, y fue a la que recurrimos, era la de las tres comidas: desayuno, almuerzo y comida. Esta sin duda hace referencia a la supervivencia y el tesón para seguir adelante. Pero también hace referencia a varias cosas: a los tres protagonistas, a la conocida champeta de Mbillia Bell, a la famosa canción de los Gaiteros de San Jacinto. En fin, tiene múltiples lecturas, todas referidas a nuestra cultura Caribe.

M. L. P.: El título de la película surgió de un taller que hicimos. Nos alegró y todos estuvimos de acuerdo porque esas distintas interpretaciones encarnaron el ideal de la champeta.

Hay una Cartagena marginal que aún no halla escenarios para lanzar su voz, gente atrapada en la miseria que tiene a la champeta como su única expresión libre, expresión que ha sido minimizada por parte de la cultura “culta”. ¿Temen que la película también sea mirada con resquemor?

M. L. P.: Realmente no. La música, acompañada de un melodrama y diversas formas dancísticas hacen de este proyecto algo atractivo tanto para los amantes del ritmo como para los del cine. Es una historia pensada en generar una mirada hacia una de las soluciones de las problemáticas de los barrios de la Cartagena popular que tiene pocas oportunidades. Tiene momentos dramáticos y dolorosos, pero es divertida y emocionante en otros. Es una mezcla de todo. Una historia que se pasea por todas las emociones del ciudadano que a diario le toca convivir con múltiples problemas en su comunidad.

A. L. P.: En la historia fue clave la participación del coproductor del proyecto Rafael Flórez, un ex pandillero y ahora un próspero empresario musical. El hecho de revitalizar y mostrar la champeta como una música de influencia africana pero creada netamente en Colombia es uno de los logros de la película. Pretendemos mostrar con sinceridad el mundo urbano que rodea a la champeta y con esto dignificarla y presentarla, como un ritmo musical y ¿por qué no? como uno género musical que genera identidad y que ha creado sentido de pertenecía en las clases populares del caribe colombiano.

La historia de la cinematografía en el Caribe colombiano está llena de esfuerzos fallidos y de utopías aleccionadoras, desde la época de Luis Ernesto Arocha hasta el presente pasando por Pacho Bottía y muchos otros. Son unos Quijotes. ¿Existe en verdad apoyo nacional para gente que empieza?

M. L. P.: El escenario no es nada fácil en el país y mucho menos en el Caribe. Sin embargo, consideramos que sí hay apoyo, pero también hace falta mucho por hacer, aprender y desarrollar.

En el Caribe colombiano a muchos nos hace falta organización y salir a buscar las oportunidades. Muchos nos quejamos de la falta de oportunidades, pero si salimos a buscarlas de manera creativa y atractiva seguro las encontramos. Así lo hicieron los maestros Pacho Bottía, Ernesto McCausland, Arocha y otros en época de mayores dificultades.

Todo el que se atreve a esta aventura de hacer cine es un quijote. Pero hay que saber escoger a un Sancho que sirva de escudero.

A. L. P.: Para los nuevos creadores siempre será difícil competir con los grandes directores que se presentan en las convocatorias del FDC. A la larga los que hacen sus primeros proyectos grandes siempre terminan produciéndolos por su cuenta y riesgo, pues para una convocatoria siempre se privilegia a aquellos que cuentan con una abultada hoja de vida audiovisual que, como decimos en la costa, es "mete mono". El cine independiente siempre es una apuesta arriesgada que hacen sus realizadores porque creen ciegamente en sus ideas y son capaces de transmitirle esta fe al grupo que los rodea.

¿Cómo es el reto de poner a actuar a muchachos de barrios populares?

M. L. P.: Es emocionante y al mismo tiempo un reto. Andrés realizó dos largometrajes (La Gorra y Ajuste de cuentas) y más de 30 cortometrajes. En todos ellos trabajó perfiles de jóvenes ex sicarios, ex pandilleros y con jóvenes en riesgo. Lleva 8 años trabajando con niños y adolescentes de colegios y eso ayuda mucho a este proyecto.

Además también tenemos como protagonista el gran talento del cantante de champeta Kevin Flórez, un artista integral.

A. L. P.: La idea es generar en ellos la confianza para que se expresen tal como son, se sientan seguros con el libreto y sientan que el personaje que interpretan está conectado con sus formas de ser.

¿Qué deja esta experiencia para los nuevos productores y directores de la región?

M. L. P.: Que el arte es una de las mejores herramientas para trabajar las diferencias sociales. Que la pasión hay que acompañarla de creatividad, orden y disciplina. Y que hay que rodearse de un gran equipo comprometido. En este proyecto Rafael Flórez, el papá de Kevin Flórez es clave, es un aliado que se ha tomado en serio el trabajo de hacer cine. También deja la lección de que la tecnología ha avanzado y democratizado el cine, solo falta que nos afiancemos en el lenguaje audiovisual y empezar a contar nuestras historias, que son las que nos darán reconocimientos internacionales. Nuestra originalidad en el mercado cinematográfico siempre es bien recibida.

¿Cómo ha sido la labor de conseguir apoyo económico en una ciudad que estima al cine extranjero pero que tradicionalmente no apoya la producción propia?

A. L. P.: Esta película es de Cartagena. Se ha construido con el aporte de muchos empresarios, fundaciones, artistas y sobre todo del Alcalde que con su visión social cree en el proyecto. Hay mucha gente interesada en participar del proyecto no solo por lo cinematográfico sino por lo social. Todavía faltan cosas por conseguir.

Esta iniciativa nació al año pasado. Queríamos hacer realidad un guión con el cual ganamos en Colombia y en Brasil: “La tribuna”. Pero para calentar motores emprendimos otro proyecto más sencillo. Pero cuando surgió la idea de “Tres Golpes”, la cosa fue tomando forma y fuerza y dejó de ser un ejercicio.

¿Existe una forma de hacer cine costeño?

M. L. P.: Definitivamente sí. Nuestras historias y escenarios, la cercanía al mar, la música, nuestros problemas, nuestra gente; todos perfilan una forma de ver las cosas y de contarlas. Pasa lo mismo en el periodismo, en la televisión y con la música. Pasa con todo.

A. L. P.: El estilo lo da el director. Un director sincero y original habla desde la realidad que ha vivido. Se ven elementos comunes en las películas del Caribe, así como lo vemos en el inquieto y vertiginoso cine cubano, o en el a veces calmado y reflexivo cine que se hace en el interior de nuestro país.