Tribulaciones de una cortesana

Esta obra de Giuseppe Verdi inaugura el sábado el ciclo de verano de la Ópera Metropolitana de Nueva York.

Natalie Dessay como Violetta en “La Traviata” de Giuseppe Verdi. / Marty Sohl

Cuando se presentó por primera vez, el 6 de marzo de 1853, en el teatro La Fenice de Venecia, La Traviata ingresó en el paradójico club de las óperas que fracasan en la función de estreno para luego convertirse en título emblemático del género, una historia que comparte con El barbero de Sevilla, Norma y Carmen. “Fue un inmenso fiasco, y lo peor de todo es que la gente se rió”, escribió Verdi para reportar la mala acogida que se le dio a la obra. Las risas habrían sido un logro si se tratara de una comedia, pero La Traviata (que podría traducirse como La descarriada) es un drama que termina con la muerte de la protagonista minada por la tuberculosis. Además de los mediocres desempeños del tenor y del barítono, contribuyó al desastre la apariencia de la soprano —que cantó maravillosamente, según la crítica—, cuyas formas rotundas y rozagantes, sin embargo, no eran adecuadas para encarnar a la mujer pálida, delgada y de aspecto enfermizo que muere en la escena final. El público se divirtió en lugar de conmoverse con las desdichas de la heroína.

El compositor tardó en encontrar el tema apropiado para su ópera, pero una vez que se decidió por La dama de las camelias, de Alejandro Dumas (hijo), Francesco Maria Piave escribió el libreto y Verdi concluyó la composición en pocas semanas, aunque la labor no estuvo exenta de dificultades: “La ópera para Venecia”, confesó en una carta, “me cuesta tanto trabajo que apenas me queda tiempo para comer y dormir”. A pesar de eso, el resultado fue una obra fluida en la que no decae la inspiración del compositor. La Traviata pertenece al período en que Verdi alcanzó su madurez creativa y hace parte de la denominada “trilogía popular”, al lado de Rigoletto y El trovador. El asunto de la ópera se distancia de las primeras realizaciones de Verdi, en las que se asomaba con frecuencia el ingrediente patriótico, estimulado por la realidad histórica de la Italia del siglo XIX que luchaba por unificarse en un solo reino en medio de la opresión de potencias extranjeras. Verdi escogió esta vez un drama íntimo, centrado en las tribulaciones de Violetta, famosa cortesana radicada en París que abandona su vida libertina porque ha encontrado en Alfredo el verdadero amor. Pero la pareja se deshace cuando ella, a petición de su suegro (Germont), decide renunciar a su felicidad.

Además de la riqueza melódica, habitual en el compositor, y una elaborada orquestación, La Traviata pone en escena a uno de los personajes más exigentes y queridos del mundo de la ópera: Violetta, que debe ser interpretado por una soprano de voz y recursos dramáticos muy versátiles, toda vez que la partitura la conduce del canto ornado y de bravura de su solo más célebre, Sempre libera, en el acto I, a los tintes líricos y doloridos del acto III. El pasaje más popular de la ópera es el Brindis de Violetta y Alfredo, que transcurre en ritmo de vals, una danza que transita con frecuencia los compases de esta ópera. Pero tal vez el centro dramático de la obra se encuentra en el dúo de Violetta y Germont del acto II, cuando el padre le pide a la cortesana sacrificarse por el bien de la familia de Alfredo.

Aunque La Traviata comenzó con un revés de público, Verdi sabía que la obra terminaría por imponerse. Y no falló en su pronóstico.

Sábado 11 de julio. 11 a.m. Salas de Cine Colombia en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga y Cartagena.

Dirección musical: Fabio Luisi. Producción: Willy Decker.

Violetta: Natalie Dessay. Alfredo: Matthew Polenzani. Germont: Dmitri Hvorostovsky.