La última gira de Gardel

El escritor colombiano presenta la reedición de su novela “La caravana de Gardel”, con ocasión de los 80 años de la muerte del cantante argentino.

Fernando Cruz Kronfly, nacido en Buga en 1943 y quien acaba de relanzar su novela “La caravana de Gardel”, llevada al cine por Carlos Palau. / Archivo

La obra de Fernando Cruz Kronfly (Buga, 1943) es motivo de estudio por parte de docentes y alumnos universitarios. La ceniza del Libertador y La caravana de Gardel son las novelas más conocidas de su prolífica bibliografía. La segunda acaba de ser reeditada por Sílaba y llevada al cine por el director Carlos Palau. Hablé con Cruz Kronfly antes del preestreno de la película en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. Esto dijo.

Su novela “La caravana de Gardel” narra dos momentos: los años 30, con el traslado de los restos de Gardel a Buenos Aires, y los años cincuenta, el tiempo de la Violencia. ¿Qué lo hizo conectar esos dos períodos históricos de la vida nacional?

Quise vincular los dos períodos históricos en la novela por razones de la exigencia literaria misma del proyecto. La ficción me llevó a introducir la dimensión temporal del año de 1950, época en que Rendón, ya convertido en una réplica de Gardel, va en busca de su otro compañero de arriería de 1935, para cobrarle la parte que le debía corresponder en un saqueo del féretro ocurrido durante la travesía, quince años atrás. Y yo quise hacerlo así, porque ya en 1950 el país se debate en la violencia política, escenario que necesitaba para redondear la novela. Pero la película sólo se instala en el primer período, el de diciembre de 1935.

¿De dónde le vino la idea de escribir una novela sobre el viaje final del Zorzal? ¿Qué tanto hay de leyenda y de realidad en la imagen que recibimos de Gardel?

Aunque no es mi interés especial trabajar este género denominado novela histórica, o sobre hechos históricos, no puedo desconocer que de alguna manera lo he trabajado en La ceniza del Libertador, La última noche de Antonio Ricaurte (cuento) y, ahora, en La caravana de Gardel. Es apasionante entender que en este tipo de literatura acerca de hechos históricos existen “agujeros negros” que no interesan a la historia y que la literatura puede ficcionar. Yo debí indagar sobre los hechos reales. Los testigos de aquella época que fueron entrevistados (tres) contradijeron la leyenda popular. Dijeron que aquellos homenajes de que se habla no existieron. Entonces resolví plegarme a la leyenda popular y construir la ficción. Todo lo que ocurre en la novela es ficción, menos el viaje por ferrocarril, mula y carro, que fue real.

En algún texto usted dijo que siempre le interesó investigar el porqué de la importancia del tango en Antioquia, el Eje Cafetero y parte del Valle. ¿Qué tiene el tango que desplazó del gusto nacional al bambuco? ¿Qué lugar ocupa Gardel en el imaginario popular colombiano?

Medellín fue una ciudad que se industrializó desde finales del siglo XIX y sobre todo a comienzos del XX. Y esa industrialización y urbanización se hizo con migrantes rurales que tuvieron en la ciudad naciente una novedosa experiencia. Buenos Aires se hizo a partir de masivas migraciones europeas. Algo en común, a mi modo de ver, unía estas dos experiencias: los inmigrantes solitarios, que debieron vivir este desarraigo. Y el tango, que narró esta vida en Buenos Aires, enraizó en estas regiones antioqueñas y de tradición paisa más extendida a través del proceso de colonización, todo lo cual hizo que el tango se volviera la canción “espejo” en que estos inmigrantes solitarios urbanos se podían reconocer y mirar.

En “La ceniza del Libertador” y “La caravana de Gardel”, dos de sus novelas, la muerte ocupa un lugar central. ¿Le preocupa la muerte como fenómeno social y personal? ¿Están los escritores colombianos condenados a tratar con ella?

La muerte es un tema universal para la literatura. De manera directa o indirecta siempre está ahí, incluso en los nacimientos. Heidegger, si lo recuerda, definió al ser humano como un “ser para la muerte”.

¿Qué impresiones tuvo al ver su novela en la pantalla grande? ¿Qué nos puede contar del trabajo del señor Palau?

Ver la película basada en una novela que uno ha escrito no deja de producir en el autor una cierta impresión. Pero soy consciente de que el lenguaje cinematográfico es absolutamente diferente del literario. Cuando uno es consciente de esta diferencia debe estar dispuesto a no encontrar en la película lo que está en el texto literario. Cada “género” en lo suyo. Desde este horizonte, la película está muy bien lograda. En ella se encuentra presente el “espíritu” de la novela.

Estos años han sido fructíferos para usted: además de la reedición de “La caravana de Gardel”, también con Sílaba Editores publicó “Destierro” y “La vida secreta de los perros infieles”. ¿Cómo fueron recibidas esas novelas? ¿Qué proyecto literario tiene entre manos?

Mis novelas últimas, como las anteriores, han tenido muy buena recepción en ciertas “élites” cultas que gustan de un lenguaje estéticamente trabajado. Y, por esto, tengo muy claro que no soy un escritor de mayorías promedio. No me interesa esto, a cambio de castigar la estética formal del lenguaje. Pero, claro, los profesores de literatura y lectores exigentes valoran lo que escribo. Ahora mismo ando en un proyecto muy exigente, desde hace ya tres años, y tengo un borrador que vengo trabajando con inmenso compromiso. Pero es muy prematuro hablar de él, porque un día de estos lo cierro y lo destruyo. Un buen día nos sentaremos a conversar sobre él.