Por un cine más humano

“La tierra y la sombra” ganó la Cámara de Oro a la mejor ópera prima en Cannes y fue distinguida como película revelación y con el premio del público en la Semana de la Crítica.

“La tierra y la sombra” es el primer largometraje del colombiano César Acevedo. / Sergio Rodríguez

César Augusto Acevedo es director y guionista. Nació en Cali hace 28 años. Se graduó con honores de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Valle con el guión de La tierra y la sombra. “De aquí han salido varios de los directores que tenemos ahora en el país. Cali es una ciudad cinéfila. Tenemos gente que ha estado toda su vida en esto. Ahí empecé a trabajar en documentales y en cortos. Luego tuve la oportunidad de trabajar en varias películas. Ahí empezó mi proceso de aprendizaje de este lenguaje”, dijo Acevedo para El Espectador.

Antes de La tierra y la sombra dirigió dos cortometrajes que aún no se han estrenado, Los pasos del agua y La campana, este último ganador del FDC de Colombia. Su experiencia cinematográfica se extiende al papel de coguionista y asistente de dirección en Los hongos, de Óscar Ruiz Navia, largometraje ganador del Premio Especial del Jurado en la sección Cineastas del Presente en el Festival de Cine de Róterdam, y al trabajo de asistente de producción en la ópera prima del mismo director, El vuelco del cangrejo (premio Fipresci, Berlinale, 2010). También fue camarógrafo del making of del largometraje La Sirga, de William Vega (Quincena de Realizadores, Cannes, 2012).

Ahora está en Cannes, todavía aturdido y emocionado por los triunfos de su primer largometraje, que narra el regreso a su hogar en el Valle del Cauca de un campesino que abandonó su casa años atrás. Vuelve para cuidar de su hijo moribundo mientras su mujer y su nuera trabajan como corteras de caña. “El día de la premier de la película estaba todo el jurado de la Semana de la Crítica. El director de fotografía de David Cronenberg, Peter Suschitzky, la alabó muchísimo. Terminada la película nos aplaudieron mucho. Para mí fue muy impresionante ver a tanta gente conmovida, aplaudiendo. Pensé que al fin lo habíamos logrado, todos los que participamos en esto. Entonces me salí a llorar y Suschitzky salió también llorando, porque la película le pareció impresionante. Estaba realmente conmovido. Luego de la entrega del premio fuimos a hablar en el back stage y él me dijo que esa película era mejor que todo el trabajo que él había hecho. Yo le dije que no, que eso no era posible, porque ese caballero es un genio. Pero escuchar que una película haya impactado tanto a este señor que tanto admiramos es impresionante”.

Debió ser sobrecogedor, sobre todo porque quienes lo conocen dicen que Acevedo es tímido y reservado. “Siempre me ha parecido curioso su silencio extremo. Eso habla bien de él. Siempre será más valioso que los bulliciosos que no dicen nada. Es un hombre muy callado, de alguna forma reflexiva en extremo. Se ríe con una carcajada particular, como que para reírse hace que el aire se vaya por completo, para que cada sonido de risa sea extremo. ¿Sabes qué es lo más valioso? Ante cada premio, más me lleno de orgullo porque está como recibiendo una sorpresa que no se espera. Eso es bonito, porque no es una humildad falsa”, dice Jaime Manrique, director de comunicaciones de la película.

Estrenada mundialmente en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes 2015, para La tierra y la sombra, su ópera prima, Acevedo fue becado en el curso de proyectos cinematográficos iberoamericanos de la Fundación Carolina e Ibermedia; recibió un estímulo de escritura de guión (2009) y otro de producción de largometrajes (2013) del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC) de Colombia. También fue ganador de Encuentros Cartagena del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias, Ficci (2013). Recibió apoyos del Hubert Bals Fund y el Hubert Bals Plus y una mención de honor en el II Foro de Coproducción Europa-América Latina en el Festival de San Sebastián. Participó en el Iberoamerican Films Crossing Borders del Festival de La Habana (2010) y en el Encuentro Iberoamericano de Coproducción del Festival de Huelva, España (2012). Todo para darle vida a una idea que empezó a gestarse y a crecer en él desde hace varios años. “La idea de La tierra y la sombra salió de algo muy personal, de un momento de mi vida. Mi mamá había muerto y mi padre era como un fantasma. Mi imposibilidad de generar recuerdos me condenó a olvidarlos. Quise entonces hacer una película que me devolviera a las personas que había amado en la vida. Era una forma de hacerles frente a los días. Como es una película que se desarrolla en al Valle del Cauca, quería hablar de los problemas sociales legitimados por el progreso que se han venido visibilizado. Quería rescatar el valor, la lucha, la resistencia de aquellos que viven allá”.

Desde el punto de vista de la imagen, es una película que está contada, dice él, de una forma poética. “Es sobre una familia que está rota y no puede comunicarse muy bien, por eso es una película con muchas atmósferas. Cada plano parece una pintura, cada plano está para descubrir el espacio, pero también para mostrar la distancia entre los cuerpos y los sentimientos. Desde el principio supe que no quería hacer un film que tuviera su forma en el realismo. Los personajes no hablan tanto porque viven un encierro no sólo físico, por la casa y el lugar, sino emocional. Es una película que apunta al corazón de los hombres. Emociona muchísimo. La respuesta en Cannes ha sido impresionante. La gente salía conmovida. A pesar de no conocer los relatos políticos, el contexto, podían entender el filme, se identificaban con él porque tocaba temas incómodos para todos, en tanto seres humanos. Muchos lloraban, y decían cosas hermosas”.

No le tocó Calliwood, le tocó Cali, pero todo lo que generaciones anteriores hicieron en Cali, según él, abrió caminos, abrió espacio para el cine. “La cinefilia no se ha perdido. Ahora hay tanta gente queriendo hacer cine, tantos directores… Yo viví lo que ellos nos heredaron, de cierta manera. Y lo que nos une, creo yo, es la ciudad. La ciudad no cambia, siempre es lo mismo, está encantada. El sentimiento debió ser muy parecido”.

Con respecto a lo que vio en Cannes, Acevedo dijo que, aunque no pudo ver muchas películas, la húngara El hijo de Saúl lo impactó particularmente. “Pude verla y realmente es impresionante. Cuenta la historia de un hombre en un campo de concentración nazi. Ojalá llegue a Colombia”. Esa película de Laszlo Nemes se llevó el Gran Premio del Jurado.

Era la primera vez que Acevedo estaba en Cannes, aunque el proyecto de la película ya estaba en el mercado hace dos años. “El festival es maravilloso. Combina la cinefilia, la gente muy apasionada por el cine, con el otro lado, el de las celebridades, que es lo que menos me interesa. Lo impactante es que toda la ciudad se mueva en torno al cine. Esto ha sido muy bonito para alguien que está intentando hacer un cine más humano, que se aleja de esa idea de que con una película no necesitamos sentir o pensar un poco más, sino sólo entretenernos ”.

 

últimas noticias

El movimiento constante

“Mi éxito será mi venganza”: Martha Senn