Escritores Indígenas

Hugo Jamioy Juagibioy: Un danzante del viento

Hugo Jamioy Juagibioy viene de la cópula entre la tierra y el hombre, “Somos árbol-hombre, somos gente, somos pueblo”, Hugo Jamioy Juagibioy viene de la palabra, la encarniza junto con las memorias ancestrales que ella moldea, a través de la poesía.

Jabersiam significa en la lengua indígena camëntsá danza, movimiento, alegría, pensamiento, música. De por sí, esta palabra se compone única por un tejido de significados y este no es sino el reflejo más virgen del pensamiento camëntsá: somos música que se mueve en medio de la alegría, teniendo aquí a la alegría como vocera de los sentires; oscilamos entre el pensamiento y el sentir, vamos tejiendo la vida a medida que la danzamos o vamos danzando la vida a medida que la tejemos: siempre sintiendo, siempre pensando, sin fragmentar ambas esencias, sino formándolas al unísono, como un baile del amor.

Para los camëntsá, pueblo nativo ubicado en el Putumayo, la palabra nace de la relación entre la gente y la tierra. Si bien creemos que las curaciones indígenas se fundan en el uso de las plantas, no nos equivocamos, pero sí nos hace falta comprender una de las relevancias de ello: si las plantas tienen virtud de sanadoras y la palabra viene de la relación entre el humano y la tierra, este pueblo concibe que la palabra es una terapia que sana, por ello aprender la lengua camëntsá no consiste en  entenderla sino en sentirla.

Hugo Jamioy Juagibioy viene de la cópula entre la tierra y el hombre, “Somos árbol-hombre, somos gente, somos pueblo”, Hugo Jamioy Juagibioy viene de la palabra, la encarniza junto con las memorias ancestrales que ella moldea, a través de la poesía. Lea más www.elespectador.com/noticias/noticias-de-cultura/el-nacimiento-de-la-plata-nueva-articulo-695939

Nació en 1971, por el Valle de Sibundoy. Hizo sus estudios en ingeniería agronómica en la Universidad de Caldas. Ha trabajado como director del taller de escrituras creativas Renata en su pueblo indígena. Es investigador de la oralidad indígena de Colombia, obtuvo la Beca Nacional de Investigación del Ministerio de Cultura en el 2006 y sus libros están incluidos en la Biblioteca Básica de los pueblos indígenas de Colombia. Pero, más que nada, su ilusión de persistir en el no olvido de la lengua camëntsá, es decir, de la identidad de su pueblo, y su corazón de poeta amante de la palabra, le ocupan la mente con un edén de cosechas de botaman: de un pensar bonito que se respira en la oralitura camëntsá.

Oralitura, es un acto entendido desde lo colectivo, pues es la palabra de un pueblo. Orature, significa escritura de lo oral; fue un concepto que surgió en África, cuando se estaban dando los procesos de descolonización. 

En una entrevista, Jamioy dijo que “la poesía siempre ha existido en nuestras lenguas, ha estado guardada allí para nosotros”.

Él se vale de la poesía latente de su lengua para darle vida a su huella de oralitor y plasmar las visiones del yajé, los saberes provenientes de la interpretación de los sueños y la sabiduría de las palabras de los viejos, en el papel. Ha publicado Mi fuego y mi humo, mi tierra y mi sol; No somos gente; Bínÿbe Oboyejuayëng. Danzantes del Viento, y, según la Fundación Universia, ha sido traducido al inglés, al francés, al italiano y al portugués.

En  Panorama Cultural, este danzante del viento respondió lo siguiente acerca del analfabetismo: “Analfabeta no solo es el que no saber leer y escribir, es también el que no sabe leer la naturaleza. América Latina es un continente analfabeta de lo indígena porque no sabe valorar el conocimiento de estas comunidades”, por eso, en su poesía, es mayoritaria la presencia de la naturaleza y la concepción que su pueblo puede tener de esta, así como los silencios, los misterios y las revelaciones de los mayores.

Los camëntsá y sus ancestros son los danzantes del aire, atrapados por el aroma que brota del colorido del capullo de las flores hecho palabra. Ellos vienen del ainan (corazón) de la verdad: la palabra, y hacen de la carne verbo. Se han refugiado en la oralidad mas no en la alfabetización, escriben tejiendo o tallando. 

Así pues, Jamioy trajo algunas de las escrituras gráficas y simbólicas de su pueblo a la primera edición (2005) de su libroBínÿbe Oboyejuayëng. Danzantes del Viento, haciendo de este una recopilación poética, desde su don para crear, y comunitaria, complementada por el arte verbal, desde los relatos comunitarios y las palabras de los viejos; la escritura alfabetizada; y  las grafías, manifestada en los tejidos, las máscaras, las pinturas que narran un algo de su pueblo,  y las fotografías que allí aparecen del bëtscanaté (carnaval del perdón).

El oralitor  define ese libro como una minga (que significa reunión) literaria, porque además de la lectura poética, verbal y gráfica, fue dedicado a Bëngbe Bëtsa (el Creador), Tsëbatsana Mamá (la madre tierra), los taitas y la Universidad de Caldas. Sin embargo, esta enriquecedora minga literaria, fue limitada a su expresión alfabetizada cuando se incluyó en la Biblioteca Básica de los pueblos indígenas de Colombia, reduciendo así el impacto de la magnificencia de la poesía verbal y gráfica de Jamioy.