Un diplomático hecho a la medida del arpa

El arpista mexicano debuta hoy en el Festival y asegura que quiere hacer énfasis en que la música no debe ser del todo ajena a la política.

/ Fundación Salvi

Escuchar un arpa es como viajar por el tiempo hacia épocas remotas. En efecto, la antigüedad del instrumento es tal que el compositor y musicólogo inglés Cecil Forsyth —autor de uno de los libros de orquestación más importantes— dijo que “si pudiéramos despertar a un faraón momificado en el siglo XIII antes de Cristo y llevarlo a una sala de conciertos, él no reconocería prácticamente nada excepto el sonido del arpa”. El instrumento ha recibido varias modificaciones a través de los siglos, pero su esencia y estructura básica han sobrevivido hasta nuestros días para ser testigo vivo de las civilizaciones antiguas.

El prestigioso arpista mexicano Ángel Padilla será el portavoz de este ancestral instrumento cuando debute hoy en el IX Cartagena Festival Internacional de Música. Su repertorio consistirá principalmente en obras del compositor español Isaac Albéniz (1860-1909), aunque sus manos ya han recorrido las cuerdas con repertorio que va desde el siglo XVI hasta el XXI y que ha incluido músicas tradicionales latinoamericanas e inclusive asiáticas. Nadie menos que el solista puertorriqueño Nicanor Zabaleta ha dicho que Padilla “hace unos trinos como ningún otro arpista del mundo”.

Nacido en la Ciudad de México, Padilla dice que se enamoró del arpa y optó por dedicarse a ella desde la primera vez que la escuchó a los cinco años. Aun así admite que también le habría gustado seguir una carrera como diplomático en caso de no ser aceptado como estudiante de música. “Desde niño me sentí muy identificado con la carrera diplomática”, confesó hace un tiempo. “Soy bueno para lidiar con situaciones de la mejor forma posible”. Para un mundo donde los artistas suelen ser ajenos al adulterado e insensible medio de la política, la personalidad de Padilla resulta refrescante y hasta esperanzadora. Para él, la educación y la cultura son los dos elementos principales que le hacen falta a nuestra sociedad para salir del peligroso fango que la envuelve. “Con esas dos cosas —educación y cultura— podemos salir adelante”, ha dicho convencido.

Estos mensajes de alta trascendencia, cabe decir, están presentes en la música que Padilla toca. Y están implícitos en su propio enfoque como artista. “Tocar con tu corazón y alma es lo más importante”, dice el arpista. “El reto más grande es intentar ser un buen artista y no únicamente un buen arpista”. En otras palabras: la técnica debe ser una herramienta —no un fin— para lograr metas que deben engrandecer a la humanidad. Y ese es uno de los fines —si no el fin último— de la música. “En estos momentos de crisis política y económica”, continúa Padilla, “lo primero que los gobiernos quieren cortar son las orquestas, ¡pero es lo primero que deberían promover!”.

Con esta ideología y con estas convicciones, que hoy son más válidas que nunca, Padilla se presentará en la Heroica con el llamado “instrumento de los ángeles”. 

* Compositor e historiador.