Literatura

Un encuentro de resistencia

Desde el 25 de abril y hasta esta semana se llevará a cabo el V Congreso de Literaturas Amerindias.

Imagen del evento en el municipio de Guatavita. / Miguel Rocha Vivas

Fueron llegando. Algunos solos, otros en pareja; algunos venían directo del aeropuerto, otros ya habían pasado por el hotel. Se registraban, unos emberas les ponían a la entrada las manillas del Congreso. Entraban al auditorio, esperaban, escuchaban Después del primer café, todos los asistentes al evento: Humberto Ak’abal, Fredy Chikangana, Jorge Cocom Pech, Vicenta Sios,  investigadores de distintas universidades del mundo y asistentes se dispusieron a hablar, al encuentro con el otro, con las raíces, con la diversidad, con las literaturas, las lenguas y los pueblos. A vivir en la minga, que en quechua significa reunión solidaria.

La red de encuentros de Literaturas Amerindias se realizó por primera vez en 2010 en Chile bajo el nombre Primer Encuentro Intercultural de Poesía indígena del Cono Sur, Mapuche y Quechua, como respuesta a la necesidad de un espacio de reflexión a los pueblos indígenas en la academia, a su poesía y sus lenguas, y a los estudios críticos que alrededor de ello se han producido. Este año, el evento tuvo como sede principal la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá y contó con espacios adicionales para recitales de poesía y ponencias en la Biblioteca Nacional, la Filbo y la plaza de Guatavita, y se finalizará en La Guajira. 

En la inauguración del Congreso, Miguel Rocha Vivas, uno de los presidentes del evento, habló de la noción de literatura canónica, que reduce la literatura a las palabras y la experiencia en relación con un libro de papel o pdf, y que impera actualmente en las sociedades debido a, entre otras causas, la industria editorial.  Esa noción es con la que cualquier estudiante de literatura comienza su carrera, hasta que descubre que, por ejemplo, los relatos de transmisión oral —oralituras— y los tejidos son otras formas discursivas y narrativas en las que también reposan una literariedad y un sentido estético dignos de ser estudiados y aprehendidos. Ya dijo Borges que comentar una obra es revivirla, es decir, hacerla pervivir en un ciclo sin fin. El acercamiento a una literatura es el acercamiento al contexto, la lengua y la cultura en que fue producida, por tanto, siguiendo con la idea de Borges, estudiar las literaturas indígenas es, de algún modo, contribuir a la pervivencia de estos pueblos.

Una de las urgencias de estos encuentros es la de reflexionar, a partir de las narrativas, las poéticas y las investigaciones, el devenir cultural e intelectual de los pueblos indígenas. Otra, es la de reconocer y celebrar su gran riqueza cultural, así como rechazar la enorme expropiación que todos los pueblos amerindios han venido sufriendo desde hace poco más de cuatrocientos años.

A propósito de esto último, en la Facultad de Artes de la Javeriana se está presentando la exposición “Soberanía visual”, en la que participan creadores indígenas como Tirsa Chindoy (camentsä-inga), Benjamín Jacanamijoy Tisoy (inga), entre otros. El jueves pasado, cada uno de los expositores presentó su obra y, tanto en sus palabras como en las obras mismas, salió a la luz algo común: el reclamo, individual o colectivo, por la dignidad de la memoria de sus orígenes y de sus herencias; por la desfachatez con que aún hoy estados y multinacionales buscan exterminarlos y desplazarlos por el potencial económico de sus territorios; por sus luchas, que en pleno siglo XXI siguen siendo necesarias, en busca de un justo reconocimiento histórico, político y social.

Para la resistencia

Aparte de dar lugar a ponencias de estudios críticos, recitales de poesía, reconocimiento y escucha con el otro desde la diversidad, el Congreso dio espacio para  denuncias con relación a este tiempo y a la época colonial de la corona española, esta última basada en el estudio de textos literarios de ese entonces. En lo que respecta al tiempo contemporáneo, tenemos el caso de Estercilia Simanca Pushaina (wayuu), que adelanta un trabajo similar al que hizo con Manifiesta no saber firmar, un cuento con el que logró adelantar procesos judiciales y legislativos, en el que narró cómo a los indígenas de su pueblo los recogían candidatos políticos y los llevaban, por dos o tres bolsas de comida, a la Registraduría Nacional a expedirles cédulas para que votaran, en las que les cambiaron sus nombres wayuus por Cositarica, John F. Kennedy, Alkaseltzer, Marihuana, y en las que todos, mayores y niños, resultaron con que habían nacido dieciocho años atrás, un 31 de diciembre. También está la poeta Adriana Paredes Pinda (mapuche), que antes, durante o después de cada declamación alzó su voz y, de paso, alzó la poesía en contra del terrorismo de Estado que actualmente adelanta el gobierno chileno en contra de la Nación Mapuche, por el que van más de cien días de huelga de hambre.

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Maria Paula Lizarazo

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