Un latinoamericano en las antípodas

“Corea: apuntes desde la cuerda floja”, el libro de Andrés Felipe Solano merecedor del Premio Biblioteca Narrativa Colombiana II, tuvo una larga historia antes de ser publicado. Así fue el proceso.

 

Corea: apuntes desde la cuerda floja, de Andrés Felipe Solano, es el libro ganador del Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana en su segunda edición. Este texto, que presenta una amalgama entre crónicas y una buena cuota de diario íntimo con sugestivas digresiones, releva un proyecto que tiempo atrás el escritor había asumido con el fondo editorial de la Universidad Diego Portales (Chile): un pasaje sobre Luis Buñuel para el que estuvo investigando cerca de dos años. Sin embargo, habiendo entrevistado a uno de los hijos del cineasta de la Generación del 27 y también visitado Calanda (provincia de Teruel, España) para presenciar el toqueteo de tambores del Jueves Santo, por mencionar algunas faenas de reportería, Solano, al escribir, pensó de inmediato en devolver el adelanto. No era este el libro que perseguía.

Así fue como una suerte de desventura coincidió con un viaje de corto aliento por Corea para una residencia literaria en donde surgieron unas primeras crónicas sobre su tránsito y estancia, las mismas que cautivaron a la cronista Leila Guerriero, que ya había trabajado con él como editora en uno de sus trabajos periodísticos, por cierto, el que más ha dado de qué hablar: Seis meses con un salario mínimo. Con domicilio en Asia, la argentina le propuso: “¿No quisieras escribir un libro sobre Corea ya que estás allá?”. La puerta de la editorial chilena, abierta por la argentina, seguía con vía libre. Esta mujer, que siempre viste de negro, ha despejado el campo para que otro tipo de escrituras entren en un catálogo importante de narrativa latinoamericana que, según asegura Solano, permite que gente que se percibe como novelista, pero que por su actividad o por sus gustos ha escrito otras cosas que son no ficción, tenga ahora una participación representativa.

Aunque para Solano ser periodista no es un asunto vergonzante, se piensa como un escritor seducido generosamente por la ficción. No siendo el caso de este libro, que él mismo denomina como uno de “no ficción” -aludiendo a la clasificación gringa que, aun con la premisa de la no invención, le interesa puesto que cada vez proliferan más las licencias narrativas abiertas o no a discusión-, se pregunta si lo que más atrae de su escritura es justamente esta categoría. Pone el ejemplo del escritor norteamericano Geoff Dyer. Es interesante, en cualquier caso, y así lo enfatiza él, que esta editorial cuyo director es Matías Rivas, haya sido igualmente merecedora de este premio, dado que es el fondo de una universidad privada con muchos recursos con los que ciertamente han curado un catálogo donde están hoy publicados diferentes autores representativos de América Latina, como Alan Pauls, Edmundo Paz Soldán, Fabián Casas, entre otros.

Cuando este bogotano estaba en noveno semestre de literatura, en la Universidad de los Andes, no quería estudiar más, estaba “aterrado”, y fue entonces cuando entró a la revista Cromos. Recuerda que empezó con la soberbia suficiente: “Me preguntó la directora que cuánto tiempo pensaba estar en la revista, le contesté: ‘Me voy a quedar un año y después voy a hacer mi novela, que es lo que me interesa’... Y me he tragado esas palabras. Mira, 15 años haciendo periodismo”. Antes de publicar Sálvame, Joe Louis (Alfaguara, 2007) y Los hermanos Cuervo (Alfaguara, 2012), Solano no sentía la suficiente entereza para lanzarse al vacío con una novela y por esto se obligaba a escribir periodismo. Él piensa que ya ha alcanzado su techo de no ficción o periodístico, no porque sea “súper”, sino porque es su propio techo, y declara: “Me interesa verme como un escritor”. No es todo, le enorgullece y satisface el premio, sin embargo, está convencido de que si alguien escribe para obtener méritos o reconocimientos como este, está dando un paso en falso. Él sabe que cuatro o cinco autores pudieron haber pasado a la segunda ronda de finalistas acompañando a Tim Keppel, a Juan Gabriel Vásquez y a William Ospina, y se atreve a mencionar a Juan Cárdenas, a Juan Álvarez y a Luis Miguel Rivas. “Creo que el corte de los 11 finalistas es mucho más significativo que el de estos últimos cuatro”, asegura.

Sin más, Corea: apuntes desde la cuerda floja, sucede entre invierno, primavera, verano y otoño. Las estaciones, que dan cuenta del paso del tiempo, entreveran silencios que, según el autor, proponen una lectura particular. Piensa Solano que el mayor atributo de este libro puede ser la honestidad, ya que se atrevió a explorar ciertos aspectos de su vida como la relación son sus padres, por ejemplo, o con su esposa y con lo extraño que puede tener el oficio de la escritura e igualmente le dio cabida a su percepción sobre Asia, por supuesto, siendo para él Corea un lugar muy entroncado con la historia del siglo XX en el mundo; la guerra, los motivos ideológicos, los vestigios de la Guerra Fría que percibe semejantes a los de Cuba, el emporio tecnológico y, no menos importante, la vida de un latinoamericano en las antípodas. De hecho, Prosas apátridas, de Julio Ramón Ribeyro (1975), fue un libro estimulante para su proceso de escritura.

En el caso de este libro, concluye, fue Leila quien lo lanzó, y él quien encaró la caída. “Para mí sí es muy importante tener un editor, me gusta, lo siento cada vez más necesario. Aprecio el diálogo que puede haber, no me creo infalible, además, porque un libro es una construcción y la mirada de un editor hace que esa construcción sea entre el escritor y el lector. No lo reclamo como una parcela mía que tenga que defender…” Ahora Solano, quien en 2010 fue escogido como uno de los 22 mejores narradores en español por la revista Granta y que ha escrito para medios como Gatopardo, Soho, Rolling Stone, Arcadia, entre otros, está en el proceso de creación de una novela que ocurre entre la misma Corea y Colombia.

 

 

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