“Un mercenario descarado”

El escritor y periodista John Carlin ha escrito acerca de todo, desde una masacre en Guatemala hasta una plaza de mercado en Barcelona. Considera, sin embargo, que no maneja ningún tema.

A John Carlin (59 años) le gusta que sus lectores rían mientras leen El córner inglés, cuando se toman un café el domingo por la mañana. El escritor y periodista británico escribe cada semana una columna para el diario El País de España sobre fútbol. Pero asegura —al mismo tiempo— que eso no tiene importancia. “Soy un mercenario descarado que escribe todo tipo de temas que no controla muy bien”. Ha escrito sobre el apartheid, José Mourinho y hasta El Bulli, un restaurante de Cataluña que estuvo abierto entre 1962 y 2011, aunque él considera que es absurdo publicar un artículo sobre comida. Con todo y eso, ganó en 2004 un premio al mejor periodismo gastronómico del año.

Vivió en Buenos Aires (Argentina) cuando era niño. Su papá era un escocés hincha del Celtic, y él seguía a los Excursionistas (club) de la ciudad de Belgrano, por lo menos hasta que se volvió fanático del Manchester United. “Durante 25 años, eso fue lo más importante en mi vida. Y me pasó como a uno de los personajes de Woody Allen, uno de los que se enamoran y luego se olvidan de todo cualquier día”. Por eso, quizás, era inevitable que Carlin escribiera las columnas de El córner, que relaciona con asuntos diarios y hasta con política, como la que se publicó hace unos días, en la que compara la infalibilidad de Mourinho y Louis van Gaal con la humildad del papa Francisco.

El escritor, que mide más de 1,80 metros de estatura, fue uno de los autores invitados al Hay Festival que se realizó en Cartagena, y visitó por primera vez la ciudad. Dice que no es un experto en temas deportivos. Empezó a escribirlos por casualidad hace más de 10 años cuando un editor en Londres le pidió que lo hiciera. “Tengo compañeros en El País que tienen un conocimiento táctico y enciclopédico del fútbol. No soy un periodista deportivo”. Pero es uno de los más conocidos en la materia.

Carlin ganó en 2000 el Premio Ortega y Gasset de Periodismo. Ha obtenido varios reconocimientos en sus 30 años de carrera. Es el autor de El factor humano, un libro que cuenta cómo Nelson Mandela acabó con el apartheid. Dice que, por casualidad, también se convirtió en 1989 en corresponsal en Sudáfrica del diario británico The Independent. Así conoció “la época más interesante de la historia de ese país”. Llegó en un momento clave. La película Invictus, protagonizada por Morgan Freeman y Matt Damon, se inspiró en su obra. “El liderazgo de Mandela consistió en persuadir a la gente a que abandonara los rencores, acumulados no sólo en décadas sino durante varios siglos. Mandela fue el gran seductor de las masas”, afirma.

Es autor de siete libros. El último, Pistorius, la sombra de la verdad, se publicó el año pasado. Se echó un año y seis meses en la investigación y redacción de la obra que cuenta la historia de otro sudafricano. “Un héroe fascinante que un día asciende y luego cae estrepitosamente”. Para escribirlo, suspendió su contrato con El País.

“Siempre que se habla de un deportista, la historia es básicamente la misma: perseverancia, superar obstáculos. Pero Pistorius es esa misma historia multiplicada por 100. Es la historia más verosímil que he conocido en el ámbito deportivo”. Al atleta le amputaron las piernas cuando tenía 11 meses. Participó, con ayuda de unas prótesis, en los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008, y mató a su novia el 14 de febrero de 2013 (Día de San Valentín). Ahí comenzó el descenso.

A veces da la impresión de que Carlin está fastidiado con la atención de los medios, pero luego se ríe de algunas aventuras por las que ha pasado, como las que ha vivido en el fútbol. “Casi no tuve otra opción, no tuve posibilidad de elegir”.

Cree que Colombia está pasando por su mejor momento en este deporte. “Falcao es, sin duda, el jugador que rompió el hielo, y luego vinieron las demás figuras. Pero esto que está pasando es muy importante, no sólo en materia deportiva, sino también en el proceso de paz que se gestiona en La Habana”, afirma. Pero va más allá, quizá porque conoce el conflicto que se vivió en Sudáfrica. Asegura que si para firmar el acuerdo se necesita que miembros de las Farc participen en elecciones, se debería aprobar esa condición.

“Es un trago amargo para la mayoría de los colombianos. Pero hay que elegir entre quedarse en el pantano, en el modelo de violencia ojo por ojo de Israel-Palestina, o en el modelo que lideró Mandela, el de no quedarse hundidos en el lodo”.

 

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