Un monolito contra el olvido

Formulado y construido por las víctimas, este centro cultural, que se inaugura este jueves busca tener incidencia en toda Bogotá para aportar a un sueño de paz.

Así se ve el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación horas antes de su inauguración. / Óscar Pérez
Así se ve el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación horas antes de su inauguración. / Óscar Pérez

En 2007, cuando el país le apostaba a la guerra como solución al conflicto, cuando la Ley de Víctimas, que ordena la creación de museos de la memoria, ni siquiera estaba en ciernes, una idea de Camilo González Posso fue la apuesta de Bogotá para construir un centro de memoria y reconciliación como aporte de la capital a la paz.

Un monolito se levanta al lado de la muerte. Junto al Cementerio Central, sobre la calle 26 con carrera 19, se ve una estructura cúbica de grandes proporciones: el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación del Distrito, que será inaugurado hoy con la presencia de organizaciones de víctimas, representantes de la sociedad civil y las autoridades del Distrito.

A pesar de estar enmarcado en el Plan de Desarrollo de Samuel Moreno, el Centro tiene, más que una vocación política, el espíritu de las víctimas.

Son más de 40.000 testimonios. Historias de vida que, sin nada a cambio, las víctimas compartieron sobre sus muertos. Todas ellas, incluidas algunas en la forma de fotografías, objetos y mensajes de los que ya no están, podrán ser consultadas en un archivo que quedará disponible en la red y, por supuesto, en las instalaciones físicas del Centro.

Además, la gran base de datos que se está construyendo sobre la victimización producto del conflicto armado y la violencia política puede ser la más grande del país. Distintas organizaciones sociales, como el Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado e Hijas e Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio entregaron sus propios registros de víctimas.

Periodistas, estudiantes, líderes sindicales y de comunidades desplazadas, organizaciones de víctimas y ciudadanos hastiados de la guerra provenientes de todo el país visitaron el lugar durante su construcción y dejaron un mensaje en alusión a la memoria y la paz.

Mensajes que vienen en 2012 tubos de ensayo alojados en diminutos orificios en las paredes principales del monolito. Cada recipiente tiene un puñado de tierra acompañado por un pequeño papel en el que se referencian los mensajes, que también están sistematizados.

El Centro, trazado por el arquitecto Juan Pablo Ortiz, diseñador del edificio del Archivo Distrital y ganador del concurso abierto por la Alcaldía Mayor de Bogotá en 2008 para este proyecto, también cuenta con una sala de exposiciones, un auditorio para 320 personas y pequeñas salas de conferencias, que estarán abiertas a todo tipo de organizaciones, artistas y ciudadanos.

Pero el efecto para la ciudad no se limitará a la edificación y a lo que allí ocurra de ahora en adelante. Una cartografía social, construida con las organizaciones de derechos humanos, da cuenta de 64 puntos claves en Bogotá relacionados con magnicidios, luchas sociales y violencias políticas. Cada uno de estos lugares, si las autoridades lo permiten, será intervenido con símbolos, monumentos y “pintadas” que serán aprobadas o diseñadas por las víctimas a las que concierna.

La ubicación geográfica también hace emblemático al Centro. José Antequera, asesor de participación y política pública vinculado al proyecto desde 2008, e hijo del líder de la Unión Patriótica asesinado, con quien comparte el nombre, vio enterrar en el Cementerio Central a su padre y a cientos de militantes de la UP, a pocos metros de la obra que hoy se inaugura. “Será en el lugar que recorrí de niño, dejándome besuquear por herencia de las mujeres imprescindibles, sintiendo la impotencia de mil muertes, con sus pañuelos blancos agitados y su olor a corona de margaritas”, sostiene.

Pero, más allá de la memoria, el Centro también trabajará sobre el futuro. “Cada vez es más grande la esperanza de paz en este país y si, con las conversaciones que se adelantan entre las guerrillas y el Gobierno, se llega al fin del conflicto, nosotros ofrecemos este Centro como un laboratorio para la reconciliación en un escenario de posguerra”, dice Camilo González Posso, gestor y director del proyecto.

Además, durante la semana de apertura, los bogotanos podrán acceder a una exposición sobre los trabajos arqueológicos previos a la construcción de la estructura, el diseño arquitectónico, la actividad pedagógica allí desarrollada y una muestra de los seis libros publicados por el Distrito con énfasis en la paz, entre ellos Bogotá, ciudad memoria, que se lanza este día, Los 20 años de la Constitución, y la segunda edición de Unión Patriótica, expedientes contra el olvido.

El reto del Centro, paradójicamente, es no caer en el olvido. Los bogotanos tendrán un lugar para recordar, rehacer y hacer propia una historia común, un relato común de victimizaciones que, de ser olvidado, podrá repetirse.