Un vacío en las artes durante la era Chávez

Las artes plásticas en Venezuela, según sus actores, tuvieron falencias administrativas durante los 14 años que duró el gobierno.

Galería de Arte Nacional de Caracas.
Galería de Arte Nacional de Caracas.

Fueron precisamente las instituciones apoyadas por el gobierno, los museos que solían ser ejes de la escena artística venezolana los que más se vieron afectados por la política chavista. Ivanova Decán, directora del Museo Jesús Soto desde 1996 hasta 2004, afirma que a pesar de que el gobierno de Hugo Chávez le dio mucha importancia a las manifestaciones de arte popular, también reconoce que la gestión en los museos y en las artes visuales no fue exitosa, sobre todo bajo la era del ministro de Cultura Francisco “Farruco” Sesto, que permaneció del 2003 al 2008 en este puesto.

La gestión del ministro Farruco fue nefasta para las artes venezolanas porque hubo una voluntad de centralizar la gestión de los museos. A los directores de museos se les quitó la autonomía que tenían, se desdibujaron los perfiles de los museos, y las colecciones no eran las que el daban a la institución su columna vertebral. Y si uno no tiene la libertad y está obligado a exhibir determinadas cosas porque lo decide un ministro en un escritorio, los museos pierden su esencia”, asegura Decán.

Por su parte, la galerista Carmen Araujo, afirma que durante el gobierno de Chávez “la cultura sufrió grandes cambios, la política de las instituciones del estado -los museos- se alinearon a las acciones del Gobierno. Muchas de las personas que en esas instituciones crecimos como profesionales salimos de ellas al no estar de acuerdo con sus nuevas acciones, lo que representó en el tiempo un cambio muy grande de los equipos de trabajo y de los ejes de investigación, curaduría y exposiciones que se venían desarrollando”.

Según el artista plástico Luis Lizardo, que hace poco tuvo una exposición individual en la galería NC arte en Bogotá, “Estos 14 años han sido de gran oscuridad en el tema de las artes. Han sido años de asfixia para las instituciones artísticas que tenían una larga tradición como el Museo de Bellas Artes, La Galeria de Arte Nacional, El Museo de Arte Contemporáneo de Caracas que se llamaba Sofía Ímber, nombre que le fue suprimido. La política de la cultura comienza con la destitución de todos los directores de los museos irrespetando y obviando todo lo que habían hecho. Como consecuencia, se fueron muriendo las instituciones museísticas”, lamenta Lizardo. En efecto, hubo una diáspora de los curadores altamente profesionalizados que en estos momentos tienen importantes misiones en el exterior.

Julieta González quien fuera curadora de arte contemporáneo entre 1996 y 2003, del Museo de Bellas Artes y del Museo Alejandro Otero en Caracas, se fue de Venezuela como tantos otras personas del mundo del arte. Trabajó como curadora independiente y desde el 2009 hasta el 2012 fue curadora asociada de arte latinoamericano de Tate Modern en Londres y actualmente trabaja como curadora en jefe del Museo Rufino Tamayo en México D.F. “No podemos llamar política cultural a una dinámica de desmantelamiento, de desarticulación institucional y falta de discurso a todo nivel, como lo evidenciaron los cambios frecuentes y arbitrarios de los directores de museos, muchos de los cuales no tenían experiencia en museos, ni como curadores, ni como administradores culturales”, sentencia González.

Uno de los múltiples acontecimientos durante el gobierno chavista, fue el desalojo de la sede del Ateneo de Caracas en 2009, una institución cultural sin ánimo de lucro que se encargaba de impulsar el arte, el teatro, la literatura, el cine y las humanidades en general. La desplazaron para poner las oficinas y talleres de lo que se llama ahora la Universidad de las Artes. “Yo no niego que la idea de la Universidad de las Artes que reunía a todos los institutos universitarios de danza, teatro y artes plásticas en una sola institución fuera buena, pero fue un total irrespeto desplazar a una institución del calibre del Ateneo. Había otras formas de hacerlo”, sostiene Lizardo.

Según la venezolana Susana Quintero, curadora de arte independiente, hubo una pérdida de institucionalidad. “Hace 10 años crearon las Fundación Nacional de Museos, y reunieron los ocho grandes museos de Caracas bajo una sola institución. Eso terminó siendo un elefante blanco más. Para poder circular cualquier obra de las colecciones había que hacer todo tipo de trámites. Por querer centralizar todas las instituciones lo que lograron fue desarticularlas. Además se concentró el dinero en las actividades que tenían un corte ideológico”.

A su vez, Decán confiesa que en el pasado estaban a la cabeza en América Latina en infraestructura museística pero con la gestión chavista los museos pararon su política editorial y la de adquisiciones. “Un museo que no documenta lo que hace es como si no existiera y si no enriquece su patrimonio también pierde”.
En efecto, una de las consecuencias fue que las adquisiciones de obras para las colecciones de estos grandes museos se suspendieron. Durante una década hubo un gran vacío. Las colecciones tienen que crecer, reevaluarse, revisar, repensarse y una de las vías naturales para hacerlo, es adquiriendo nuevas obras que refresquen y le den un camino a la colección.

En el pasado, los Museos funcionaban como fundaciones lo cual les permitía a estas entidades acceder tanto a los fondos que otorgaba el gobierno así como también a los que se podían conseguir a través de la empresa privada. “En general, en las instituciones de provincia que es donde yo tengo experiencia de trabajo, era muy difícil acceder a los recursos y si llegábamos a ellos, recibíamos peticiones de parte del Ministerio de Cultura o de la Fundación Nacional de Museos de incluir un determinado programa”, sostiene Quintero.

Julieta González tiene la misma línea de pensamiento. “La programaciones de los museos durante estos 14 años fueron impuestas por el gobierno, regidas por la improvisación, la falta de discurso crítico y el desorden. Creo que no podemos hablar de apoyo gubernamental cuando los museos pierden su autonomía y se convierten en órganos de propaganda mediocre del gobierno”.

Los artistas en efecto, se alejaron de las instituciones no sólo en forma de protesta por haber sacado de forma repentina y sin razón a muchos de sus agentes, sino porque esas plataformas dejaron de ser válidas para sus trabajos. “¿Quién querría exhibir en un museo donde la programación oscila entre exposiciones con claro corte populista de artesanías y otras de paisajes anodinos de autores desconocidos colocados todos de forma lineal en una sala sin ningún tipo de discurso crítico que los acompañe?” Se pregunta Julieta González y agrega: “Con esto no quiero decir que el arte popular no tenga cabida dentro del museo pero hay museos para ello, cada museo tiene su misión, y en los museos de arte cuando se da cabida a estas expresiones debe ser con una clara intención de problematizar las complejas relaciones que existen entre las formas culturales populares y una vanguardia artística inscrita dentro de los cánones de la historia del arte”.

La actividad que puede haber actualmente en Venezuela, se debe a agentes privados, iniciativas independientes, galerías, circuitos alternativos ajenos al estado que han mantenido la actividad artística de exhibición y editorial. A pesar de que parezca contradictorio, hay un mercado de arte fuerte. Una de las consecuencias para Susana Quintero que tuvo esta legitimación de los espacios privados es que el arte joven circula en pequeños formatos, pensado comercialmente y alejado de los grandes espacios que tenían los museos y las instituciones. “Falta ese contrapeso que dan los museos al mercado, es decir, lo que no es simplemente comercial”, sentencia Quintero.

La galerista Carmen Araujo también comenta sobre el mismo tema. “De manera realmente sorprendente, la cultura buscó nuevos caminos y espacios, y es así como se abrieron nuevos lugares que hoy se reconocen como centros culturales, entre los que están Periférico Caracas, Trasnocho Cultural y más recientemente Hacienda La Trinidad Parque Cultural; de igual manera nuevas galerías han abierto sus puertas, las mayoría dirigidas por personas que venimos de los museos y que hemos encontrado en todo este mundo paralelo un espacio de trabajo, de reflexión y de pensamiento del arte”.

Ocarina Castillo, antropóloga y catedrática de la Universidad Central opina que en el ámbito de la cultura popular, a pesar de todo el uso ideológico que tuvo, se obtuvieron logros, se le dio voz a gente que no la tenía en el pasado y hubo un esfuerzo de formalizar organizaciones, pero en lo que respecta específicamente a las artes plásticas “Basta con ir a ver los museos para ver el estado en el que están”. Lo dice como una consumidora de cultura como cualquier otra persona y sin entrar en los detalles de los cuidados de las colecciones.

Habrá que esperar para ver qué pasa con las artes plásticas después del chavismo. Ojalá que la infraestructura de los museos se recupere, que el apoyo económico del gobierno vuelva a surgir para restablecer los sistemas de aclimatación esenciales, según González, para la conservación adecuada de las obras tanto en sala como en los depósitos de obras.

En resumen, creo que lo que hemos vivido en estos 14 años de gobierno de Chávez ha sido largo, complejo y sobre todo muy difícil, pero afortunadamente hemos aprendido que siempre hay nuevos espacios por desarrollar y caminos por emprender, y creo que eso es lo que hemos hecho tanto curadores, críticos, gerentes culturales y los artistas en estos años”, concluye Araujo.