Una estética de lo viscoso

Ben Wilson se ha dedicado a transfigurar el chicle que se queda en el suelo en una mini pieza de arte que contiene un mensaje y una identidad particular del arte urbano inglés.

Salim Fadhley

Ver la glutinosidad de un chile pisoteado en la calle hace parte de un paisaje cotidiano que puede verse enmarcado por quienes desechan todo sin pensar en el planeta y quienes se ven desinteresados por mantener cierta estética del suelo que caminamos diariamente. Esa estética que se ve vulnerada por la suciedad que representa el chicle tirado en el suelo, es la que ha querido recuperar Ben Wilson en las calles de una ciudad avasallante como Londres.

Nacido en 1963 en Cambridge, e influenciado por una familia que también halló el sentido de la vida en el arte, Ben Wilson se ha convertido en un referente del arte urbano en Inglaterra. Su identidad como artista está basada en la transformación de los desechos por objetos que puedan ser catalogados como bellos, o que por lo menos, pierdan ese estatus de rechazo y animadversión.

Las pinturas de este artista urbano no se cuelgan en una pared ni suelen estar expuestas en una galería.  Aunque su trabajo ha sido valorado y ha sido visto en países como Serbia, Irlanda, Estados Unidos y Francia, el eje de sus obras está debajo de los pies londinenses, cerca de las iglesias, esculturas o pubs que configuran la cultura inglesa. Sus primeras pinceladas se dieron en Barnet High Street, pero tuvo tanta acogida y curiosidad que luego llegó a uno de los lugares más emblemáticos de Londres como lo es el Millennium Bridge.

Muchos se podrán cuestionar sobre los dibujos que se encuentran en el suelo. Pocos pueden llegar a saber que este arte podría tener como referente al pintor estadounidense Jackson Pollock, artista del expresionismo abstracto que fue una guía para la construcción de la identidad de Ben Wilson, creador de las pinturas plasmadas en los chicles y artífice de más de 10.000 pinturas que solucionaron el malestar inglés tras la suciedad que reflejaba tantas gomas de mascar aplastadas en el suelo.

La técnica de Wilson no es nada sencilla: desde tempranas horas de la mañana se va en busca de un nuevo espacio para seguir esparciendo su identidad en los suelos londinense. Consigo lleva varios pinceles, esmaltes, encendedores y un soplete. Con este último elemento busca aplacar y extender el chicle para que su superficie facilite el dibujo. Con los esmaltes acrílicos y la laca le da figura a su obra; con los pinceles y el encendedor le da originalidad, seguridad y resplandor a sus creaciones. La temática puede ser tan misteriosa o recóndita como el lugar mismo donde está pintando. En ocasiones ha plasmado paisajes emblemáticos de su país y en otras sus pinturas van desde declaraciones de amor hasta críticas a lo establecido.  Su trabajo puede durar un día o más. Y con esa misma indeterminación del tiempo se mantienen sus obras.  De ahí que le cautive su propuesta, pues no fuerza a la pintura a ser eterna. Aunque la mayoría de creaciones se mantiene por varios años debido a la técnica que emplea, también puede suceder que por el clima o la inclemencia de las suelas que ignoran el mensaje, el chicle puede perderse entre gotas de lluvia, copos de nieve, zapatos de ejecutivos o tenis de infantes que van en busca de un libro de J.K Rowling.

No solamente requirió de tacto y de paciencia, también requirió de ingenio y de creatividad para ver en los chicles un espacio para hacer arte y replantear la problemática en la que había caído Reino Unido ante la suciedad que generaban tantos chicles en el asfalto. Hace años, los ingleses pagaban más de 200 millones de euros por limpiar las calles y dejarlas sin un solo rastro de cigarrillos y gomas de mascar. Se decía que más del 90% de las calles daba un mal aspecto debido a la cantidad de chicles que se resistían a abandonar las aceras.

Ben Wilson no se despega de su trabajo por el material en que trabaja, simplemente se mantiene aferrado a él porque considera que cada una de sus pinturas deslumbran una parte de sí mismo y una parte de la sociedad. El chicle que encuentra en la cotidianidad se formó por quién lo botó y por quienes lo han pisado y por supuesto moldeado con el mismo caminar. Ya el color y el sentido del mismo trascienden en el instante en que Wilson decide acostarse frente a él y cambiarle su perspectiva con mensajes que guarda en su morral y con imágenes que han centelleado en su memoria y en su trazo.