Una historia de familia

La película con la que el colombiano Franco Lolli participó en la Semana de la Crítica de Cannes recibe elogios unánimes de los medios franceses.

Un fotograma de la película, dirigida por Franco Lolli. Cortesía

Cuando los críticos franceses se dieron a la tarea de reseñar Gente de bien, la más reciente cinta del colombiano Franco Lolli, cayeron con frecuencia en dos tentaciones. La primera, recalcar que en colombiano el título puede querer decir “la gente buena” y también “la burguesía”. La paradoja lingüística apareció en las reseñas de diarios como Libération y Le Figaro. También recurrió a ella Stephen Dalton del Hollywood Reporter.

La segunda, puede que como consecuencia de la primera y de la oposición clara entre los mundos del padre del obrero Gabriel Santamaría (Carlos Fernando Pérez) y la acomodada María Isabel (Alejandra Borrero), es que en el fondo Gente de bien es una película sobre la lucha de clases.

La ocurrencia hace sonreír al cineasta de 31 años. “Para mí es una historia sobre las relaciones familiares, sobre cómo, ante las dificultades de relacionarse con sus propios hijos, los padres tratan de ‘sustituirlos’, así sea de manera indirecta. El marco de esa historia, sin embargo, sí es la diferencia de las clases sociales y sobre todo algo que siento cada vez que estoy en Colombia: la imposible comprensión entre ellas”.

Más allá de las finezas lingüísticas y políticas, el contenido de las reseñas es lo que puede tener a Lolli de buen humor. Si el empujón que representó para la cinta haber pasado en la Semana de la Crítica de Cannes ayudó a darle visibilidad, el entusiasmo de los críticos va mucho más allá. Para Emilie Caillau de L’Express, la película es “una joya” y “un espejo en miniatura de las desigualdades de la sociedad colombiana”. Críticos como Eva Markovits de Critikat y Frédéric Strauss de Telerama fueron más lejos al comparar, en pleno “año Truffaut”, al pequeño Bryan con Antoine Doinel, el héroe de la saga que comienza con Los cuatrocientos golpes.

Lolli dice que ni la cinta de Truffaut ni El ladrón de bicicletas, con la que también han comparado a Gente de bien, están entre las películas que se repite con frecuencia, y en cambio le encantó la actuación de Will Smith y su hijo en La búsqueda de la felicidad. También que tiene muy presente Umberto D, “por la dignidad de sus personajes a la hora de enfrentar la pobreza”.

Confiesa haberse inspirado en el proceso de casting que Truffaut hizo para elegir al héroe de la saga en la que trabajaría durante toda su vida. “Mi sueño era dar con un niño que fuera tan buen actor como Jean-Pierre Léaud”.

El elegido fue Bryan Santamaría, cuya actuación ha sido unánimemente elogiada y cuya capacidad para improvisar sobre un guión queda demostrada en varias secuencias de la película. Lolli recuerda que en una escena de comida familiar, todos los niños debían decir chistes mientras Bryan hacía cara de aburrido. Bryan decidió contar “su” chiste tomando a todo el equipo por sorpresa. El resultado es una de las secuencias más memorables y comentadas de la película.

Más aún, el hecho de que Bryan no conoce a su padre y Carlos Fernando Gómez no puede ver a sus hijos tanto como quisiera los llevó a construir en escena una relación que para ellos era desconocida en la vida real.

“Si el centro de la película son las relaciones familiares, el centro del centro es la relación padre-hijo, que yo nunca tuve porque mi padre murió antes de que yo lo conociera. Hacer Gente de bien fue para mí inventarme cómo hubiera podido ser. A través del personaje de Gabriel trataba de construir un padre muy humano, que fuera una buena persona, pero con defectos y debilidades”, dice el director.

Una historia colombo-francesa

La historia (de amor) entre Lolli y Francia comenzó mucho antes de la Semana de la Crítica 2014. Luego de graduarse del Liceo Francés, el futuro director estudió en Montpellier y de allí pasó a la Escuela Nacional Superior de Cine La Fémis. De allí se graduó, siendo el más joven de la promoción de 2008, con el cortometraje Como todo el mundo. Su tutor fue el director Abdellatif Kechiche.

Concebido como un proyecto de estudios, su cortometraje ganó el mismo año el Gran Premio del Festival de Clermont-Ferrand. “En la escuela aprendí a entender muchas cosas que tal vez escapan a los directores colombianos. Una de ellas es la importancia que se da a los actores. Para mí los actores son la esencia de una película, y el cine colombiano, en general, está mal actuado”.

Lolli es crítico con el cine nacional y no cree que se haya avanzado lo suficiente. “Se está produciendo mucho más, pero el problema es que, a pesar de que se hacen películas, el público no va a verlas. Yo pienso que un factor de mucho peso es que la gente no está acostumbrada a ver otras representaciones de sí misma”.

Como ejemplo de lo que sería el “falso avance” del cine nacional, Lolli cita que 50.000 personas hayan ido a ver La sociedad del semáforo de Rubén Mendoza y varios años después apenas 10.000 personas hayan ido a ver su siguiente largometraje, Tierra en la lengua. “Y eso que Mendoza es uno de los cineastas más interesantes de Colombia”, dice.

Al igual que Mendoza, Lolli fue beneficiario de las residencias de la Cinefoundation del Festival de Cannes, un período que consolidó su formación en Francia, el país que lo recibió a los 18 años de edad.

Aunque ha pasado casi la mitad de su vida y todos sus años de carrera en el extranjero, Lolli dice que por ahora seguirá filmando en Colombia y que no tiene la pretensión de convertirse en un cineasta europeo. “Yo pienso que mi cine es un cine profundamente colombiano que, tal vez por haberse hecho en Francia, no busca tanto complacer a los franceses como sí lo hacen otros cineastas colombianos o latinoamericanos”. Puede que no sea eso lo que Lolli busca, pero sin duda lo ha logrado.