Una línea y una hoja de papel

Por estos días me encontré con una convocatoria que decía en su titular “Para amantes de los libros”.

La convocatoria estaba escrita en la sección de redes sociales del periódico El Espectador, un diario de mi país, iba dirigida a blogueros interesados en promover y difundir la lectura, y consistía en reseñar un libro de una lista de nueve títulos que abarcaban desde la novela y el cuento hasta los libros álbum.

Yo elegí un libro de la diseñadora gráfica bogotana Paula Bossio, en el que aparecen dos personajes y una línea. No se puede decir que la línea sea recta, tampoco se puede decir que sea una curva, una espiral o un simple manchón. Más bien, se podría afirmar que es una línea-metáfora, una que representa la imaginación de un niño, el travieso personaje que aparece en la parte final del “relato”, burlándose de su travesura: hacer siempre de lo imposible, lo posible.

Su título original: Carrusel, libro galardonado con la Mención Honorífica del XIV Concurso de Álbum Ilustrado A la Orilla del Viento, auspiciado por el Fondo de Cultura Económica de México. El lápiz, su nuevo título, hace alusión al instrumento con el cual este pequeño travieso de camisilla azul crea un universo en el que se gesta una aventura para una niña que, como él, disfruta y sufre con las creaciones de su imaginación.

La aventura comienza cuando la pequeña, vestida de rojo y con coletas, encuentra el “hilo” de la historia. Lo toma con cierta expectación, lo mira con detenimiento, lo convierte en lazo, en rodadero, en burbuja, en simio, en monstruo. No sabemos cuánto tiempo dura la pequeña explorando su reciente descubrimiento. Cuántas tardes ha jugado con él, pues este libro carece de una medida precisa de temporalidad. El único indicio es una línea en el suelo. Nada más. Su narrador silencioso se deleita dando en cada página, a sus “lectores”, una migaja de misterio.

Como en toda historia épica, aparece el héroe: un oso delineado que espanta a un feroz dragón y defiende a nuestra asustada protagonista. El malvado ser quiere robarle una galleta de chips de chocolate, pero no lo logra: la justicia triunfa, convertida en un peludo y fiero osito de felpa. Se sospecha de la risa burlona de nuestro niño de azul, pero nada firme ha podido establecerse en este caso.

El público: es probable que el libro vaya dirigido a los pequeños del preescolar, amantes de las buenas “historias”, pero creo que a ningún lector mayor de 5 años le hará daño darle una ojeada. La experiencia es apasionante. Aun hoy, en este momento, luego de más de veinte “leídas”, de casi cuatro décadas de existencia, sigo anhelando volver al instante de mi vida en el que me encontré esa misma línea y la seguí, como Dorothy siguió aquellos ladrillos amarillos del reino del Mago de Oz.

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