Una máquina que mide la creatividad

Un algoritmo creado por científicos norteamericanos determinó la originalidad de las obras de arte en el tiempo.

Plátanos y pomelos, de Roy Lichtenstein.

¿Puede una máquina medir la creatividad?, ¿es el arte una disciplina objetiva?, ¿tienen algo que ver larazón y la creación? Estas preguntas las respondió un algoritmo matemático creado por investigadores del Laboratorio de Inteligencia Artificial y Arte de la Universidad de Rutgers (EE.UU.). Las respuestas dicen que el juicio de la máquina coincide con el de expertos y críticos humanos.

Los autores del estudio, usaron la definición de creatividad propuesta por Elliot Samuel Paul y Scott Barry Kaufman en su libro The Philosophy of Creativity. Eligieron dos criterios para que algo sea creativo y no una copia o repetición: primero, que sea original o diferente y que tenga influencia en las obras posteriores.

La máquina analizó más de 60.000 imágenes de cuadros y esculturas catalogados en Artchive y Wikiart, que fueron realizados desde el siglo XV hasta el 2010. De esa forma, crearon una red que unía a pintores, cuadros, estilos y épocas. En esa red aparecen unos nodos que se destacan en un concepto de redes conocido como centralidad.

Algunas obras se destacaron por su composición. Entre ellas la de plátanos y pomelo, pintada por Roy Lichtenstein en 1972, la serie de El grito, de Edvard Munch, máximo representante del expresionismo y Las señoritas de Avignon, de Picasso, exponente del cubismo.

De acuerdo con el algoritmo estas tres obras fueron consideradas como las más creativas de la historia porque son diferentes al resto y tuvieron gran influencia en el arte posterior. Sin embargo, todas son contemporáneas y por eso la meta de los investigadores fue rastrear las obras pasadas.

Ahí, al ponderar las dos dimensiones de la creatividad, emergieron nombres como Raphael, el Greco, Durero y Goya. Lo curioso fue que las obras de Goya más mencionadas y vistosas, que para un aficionado del arte estarían entre las más importantes como El quitasol, La pradera de San Isidro, las dos majas, la serie de retratos de la familia real, la de los fusilamientos del tres de mayo y sus pinturas negras, no pasaron el filtro de la creatividad como se esperaba. El Cristo crucificado fue ranqueada como la que puntúa en originalidad y, aunque su in fluencia fue menor, se encuentra entre las más creativas de la historia de la pintura para las máquinas.

Los investigadores querían ir más allá y unir los criterios humanos con los objetivos arrojados por el algoritmo. Para hacerlo, realizaron un viaje en el tiempo. En varios experimentos, cambiaron la fecha de algunos cuadros y volvieron a calcular la distribución de la creatividad. En teoría, al llevar al pasado un cuadro creativo, éste debería aumentar su puntuación mientras que, al enviarlo al futuro, debería descender.

"Cuando realizamos estos experimentos vemos que las pinturas del impresionismo, posimpresionismo, expresionismo y cubismo logran una significativa ganancia cuando las llevamos hasta el siglo XVI. Sin embargo, los cuadros neoclásicos apenas ganan al llevarlos al 1600", explicó Elgammal, autor del estudio al diario El País de España.

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