Unas líneas para el pospunk

Después del punk, el mundo de la moda conoció una buena cantidad de movimientos llegados de la música del momento, que despertaron el fervor popular por identificarse con cada uno de los ídolos del rock y sus excéntricos vestuarios. David Bowie fue uno de esos personajes vistosos.

David Bowie, quien sonaba con fuerza a finales de la década del 70 y comienzos del 80, se identificó por sus excéntricos atuendos en escena. / AFP

Personajes que parecieran llegar de otras galaxias se tomaron la música después de haber pasado por el radicalismo del mundo punk. Las diferentes bandas del momento, en especial las inglesas, querían identificarse con alguna estética especial y apartarse bastante de lo visto hasta entonces por el movimiento que ya daba sus últimos acordes. Fue así como la nueva década llegó con un inusual derroche de creatividad que se paseó por infinidad de estilos y de movimientos de moda.

Al entrar los años 80, los disfraces se tomaron, de alguna manera, una parte especial de esta estela dejada por el punk. Los nuevos románticos, unas subculturas con una noción muy exagerada del glam de los 70, entraron a la escena y de un momento a otro personajes totalmente caracterizados se tomaron las discotecas y los bares. Steve Strange y Rusty Egan, quienes venían del movimiento punk y formaron una banda llamada Visage, designaron las noches del martes como Bowie Night en una discoteca del Soho londinense y esto trajo un público que quería lucir una moda diferente y bastante extravagante. (Escueche la lista de reproducción de Spotify).

Por su parte, Vivienne Westwood, la diseñadora que había marcado toda la onda punk, sacó en 1981 su primera colección bajo su marca epónima basada en una estética ecléctica, donde tuvieron cabidas varias siluetas llegadas del siglo XIX con una mezcla de una versión satírica de los bucaneros que se veían en las películas de Hollywood. La colección se llamó Pirate y fue así como empezaron a verse varias bandas de rock ataviadas con elementos tomados de toda la estética pirata. Esto fue un presagio de lo que iba a pasar con la moda y el origen del New Romantic. Es difícil imaginar qué hubiera sido de la moda si no hubiera existido el punk.

Los jóvenes seguidores de esta nueva estética querían ostentar y exagerar las poses teatrales con un narcisismo único y las estrellas del pop y los diseñadores de moda contribuyeron mucho a que esta cultura popular evolucionara así. Eran personajes provenientes del punk que habían disfrutado de su aspecto estético pero que no seguían las mismas ideas anárquicas y destructivas. Todo lo contrario, se amaban a sí mismos y querían verse absolutamente glamorosos y llenos de color, hasta el punto de que se disfrazaban por completo. Creaban personajes para no ser ellos mismos. (Escueche el podcast)

El fenómeno Bowie

David Bowie, quien sonaba con fuerza en ese momento y se identificaba por sus excéntricos atuendos en escena, buscó su reinvención para alojarse en esta estética romántica y se vistió de Pierrot, un personaje proveniente de la comedia italiana. Igualmente, usaba ropas con las que no se identificaba si era hombre o mujer. Los elementos femeninos entraron a jugar un papel muy importante, como los cosméticos y los pelos teñidos.

La moda se centró en los tejidos lujosos, como terciopelo, seda y brocados, combinados con texturas naturales como algodón. Tenían un peculiar gusto por el lujo exuberante y un romanticismo exagerado. Se inspiraban en el glamur de los años 30 y en la opulencia de Bowie en su fase Ziggy Stardust. Su apariencia la remataban con maquillaje blanco y franjas de colores en los pómulos. Muchos se vestían como piratas, como bandoleros con capa y espada y otros no tenían ningún problema en ponerse ropa de mujer. Los jóvenes iban a las discotecas peinados con ganchos y pinchos y usaban leggings, pantalones voluminosos hasta el tobillo y camisas del algodón con chorreras. Eran looks completamente andróginos.

Las discotecas se convirtieron en las plataformas para el intercambio de ideas de moda, música y del arte de performance. La teatralidad era la consigna y esto atrajo a diseñadores establecidos, como Jean Paul Gaultier o Issey Miyaki, quienes visitaban Londres con frecuencia en busca de toda esta inspiración. Galliano, fue otro que se apropió de esta estética romántica y sacó una colección inspirada en la Revolución Francesa, donde mezcló materiales tejidos y elásticos. Los estampados se convirtieron en el nuevo fetiche de la moda que se mezclaban sin ningún sentido y a gran escala en grandes camisas de algodón y faldas hasta los tobillos.

La diseñadora Katharine Hammet introdujo el uso de los jeans rotos, con los que se avanzó posteriormente en el desarrollo de técnicas de lavado y teñidos del denim y que luego hicieron parte del uniforme de la música indie. Para esto se inspiró en las tiendas militares. Todo este movimiento logró que floreciera el diseño de moda británico que hoy en día se reconoce como uno de los más vanguardistas.