Unión entre editoriales Penguin y Random House fue aprobada por la UE

Con ganancias de más de US$4 mil millones anuales, buscan hacer frente a la distribución de libros digitales desde Google y Amazon. ¿En realidad agoniza el libro impreso? Esta fusión parece negarlo.

El anuncio más reciente sobre la unión entre las editoriales Random House y Penguin —la primera inglesa; la segunda, estadounidense— sucedió la semana pasada: la Unión Europea, luego de escuchar el veredicto de las autoridades antimonopolio de Estados Unidos, aprobó el acuerdo. Había, y aún persisten, temores por la posibilidad de que ambas editoriales —bajo el mando de los grupos económicos Bertelsmann y Pearson, respectivamente— ocupen el mercado editorial y arropen la mayor parte de la oferta, ahogando a las editoriales más pequeñas e incluso a las independientes. Ese es un tema que definirá, entre otros, el Buró de Competencia Canadiense, cuya decisión sobre el asunto aún es desconocida. La pregunta que provoca esta fusión, frente a un crecimiento de las ventas de libros digitales, es muy simple: ¿por qué, si el libro impreso agoniza, ambas empresas se unen?

Los resultados empresariales de 2012 quizá tengan la respuesta. En ese año, de acuerdo con los reportes de Bertelsmann, Random House obtuvo US$2.750 millones de ganancias, provenientes de cerca de 45 sellos de publicación agrupados bajo esa casa editorial —Sudamericana y Plaza y Janés, por ejemplo—. Dado que Bertelsmann es el mayor grupo alemán en ese mercado, ligarse a Penguin permitiría aumentar de manera exponencial su fórmula de ventas, pues esta editorial tiene una alta influencia en los vaivenes del libro en Australia, China y parte de Europa. Las operaciones de Random House en América Latina también permitirán a Penguin ampliar su espectro de ventas, dado que sus publicaciones se restringen al inglés —el año pasado, esta editorial entró al mercado del libro en Colombia—.

El entusiasmo ha sido general. Markus Dohle, CEO de Random House, y Marjorie Scardino, directora ejecutiva de Penguin, celebraron la conjugación debido a los constantes éxitos en los últimos años. El catálogo de autores que suman las dos editoriales —cuyo pacto entraría en funciones a mitades de 2013— es, en realidad, uno de los más apetecidos en el mundo del libro —en términos literarios y económicos—: desde J.M. Coetzee, pasando por George Orwell, hasta Cincuenta sombras de Grey. Aunque no lo hicieron explícito, parte de esta estrategia, además de aumentar el rango de ventas en todos los continentes y abrirse paso en Asia, es enfrentar la fuerte ola del libro digital, cuyo principal representante es Amazon.

Y de ese lado, por supuesto, existe un entusiasmo similar. El fundador y CEO de Amazon, Jeff Bezos, con notable felicidad, dijo que el negocio de los eBooks se había convertido en 2012 en una oportunidad “multimillonaria” y que la venta de aquellos había crecido 70% en un año. En cambio, dijo, los libros físicos tuvieron, en diciembre de 2012 y según cifras de Amazon, un aumento del 7%, el más bajo en los últimos 17 años. El entusiasmo, si no es suficiente, ha crecido gracias a las ventas —cuyo número no fue revelado por Amazon— de Kindle y lectores digitales, una opción cada vez más común para aquellos lectores que buscan más libros y, al mismo tiempo, más espacio. Las ventas netas de Amazon aumentaron, en ese mismo año, a US$27 mil millones; no es seguro, sin embargo, cuánto de ello corresponde a ventas de libros digitales. Señalar un aumento es apenas mostrar la cereza del pastel, que podría ser pequeño.

Pero hay otras pruebas de la ‘primacía’ que va tomando el libro digital sobre el papel impreso. Por cada 114 libros electrónicos, aseguró Amazon en 2012, son adquiridos 100 libros impresos. Sin embargo, el diario The Guardian publicó una investigación en la que Amazon no quedaba bien parada: al parecer, de los casi 5 mil millones de ganancias generales que obtuvo en 2011, Amazon no contribuyó ningún porcentaje por concepto de impuestos en Inglaterra, cosa que sí hacen —hasta donde es sabido— las editoriales de papel. Dicha elusión, que estaría vinculada a la transferencia de su negocio a una compañía en Luxemburgo —uno de los supuestos paraísos fiscales de Europa—, permitiría que las cifras de Amazon sean cada vez más elevadas. Amazon se defendió, sin referirse a la presunta evasión de impuestos, arguyendo que “sirve a decenas de millones de clientes en Europa”.

Otra de las posibles respuestas a la creada lucha entre el libro impreso y el digital estaría en los estudios de comunicación. Tal pelea, dice el investigador argentino Carlos Scolari, no existe; ambos medios hacen parte de una misma “ecología” de los medios, que poco a poco comienzan a expandirse y a convivir, de modo que no se anulan, sino que se complementan. Por eso parte de la estrategia de la fusión entre Random House y Penguin versará, según el jefe de Bertelsmann, Thomas Rabe, en incluir en su catálogo una amplia oferta de libros digitales. No es cuestión de dominar, podría ser el mensaje de ambas editoriales: es cuestión de expandir.

Como lo expuso El País de España el año pasado, esta fusión permitirá que ambos grupos empresariales se conviertan en una seria competencia para las otras cinco editoriales principales del mundo, entre ellas Hachette (Francia), Planeta (España) y Redd Elsevier (Inglaterra). Este nuevo híbrido editorial —del que Pearson es propietario del 47%, mientras que Bertelsmann obtendrá 53%— aumentará el volumen de negocio editorial en Europa y Estados Unidos y provocará una ampliación del mercado del libro en Asia y América. Perspectivas muy amables ante la tan mentada muerte del libro impreso.

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