Vallejo: Gracias por venir a Cúcuta

Dos días antes del lanzamiento de la Feria del libro de Cúcuta, los invitados recibimos un comunicado, rotulado como “urgente”, que decía: “nos encontramos con una circunstancia de insolvencia en la financiación que no nos permite garantizar el pago de honorarios”. “La situación de la frontera no es imaginaria, es real”. A uno, que es de allá, no le sorprende. Y yo sé, Vallejo, que a usted tampoco.

El escritor Fernando Vallejo abre la Feria del libro de Cúcuta, que empieza el 4 de septiembre, con la conferencia "El desastre de Colombia y el Planeta”.EFE

En los párrafos siguientes, los organizadores del evento, quienes se han desdoblado en esfuerzos -una sola persona hace 30 cosas: atiende las llamadas, la prensa, organiza la agenda y compra los tiquetes- ofrecían disculpas de mil maneras con palabras compasivas.

Es Cúcuta, Vallejo. Usted diría “es Colombia”. Pero es que Cúcuta tiene una particularidad que la identifica más allá del relato de la Colombia desalmada que usted ha dibujado una y otra vez en sus novelas, la de la Iglesia podrida y la sangre y los corruptos. Cúcuta es un poco Venezuela y ser Colombia y ser Venezuela es depender de los vaivenes de dos gobiernos, dos iglesias podridas y dos tipos de corruptos.

Me dice la persona que atiende las llamadas, ya sabe, la misma que organiza la agenda, compra los tiquetes y atiende periodistas, que la Feria del Libro de Cúcuta “lleva 13 años tratando de mantenerse en pie”. La feria se la inventó la corporación que dirige la Biblioteca de la ciudad, en donde usted va a hablar esta noche. Es la Biblioteca Pública Julio Pérez Ferrero. Ahí, hace 10 años, cuando yo era niña, iba uno o a tomar clases de inglés o a ver desfilar en una pasarela a los protagonistas de novela cucuteños, los del reality show del Canal RCN, que son, básicamente, los cucuteños más famosos a nivel nacional hasta la fecha.

Debe haber oído ya, unas treinta veces desde el viernes, cuando aterrizó en su vuelo, que se encuentra usted en la ciudad más desempleada de Colombia en el último trimestre y con la tasa de informalidad más alta del país. Eso quiere decir que la gente trabaja en el rebusque, vive del comercio con Venezuela, y, como me dijo un comerciante hace un par de semanas, “ya ni eso”. El puente fronterizo está cerrado. La gente en Cúcuta está aguantando hambre, Vallejo. Así es como es.

La feria, entonces, en estos 13 años, pasaba desapercibida entre la ansiedad eterna con Venezuela y los protagonistas de novela. Pero este año no. ¿Y sabe por qué? Porque usted va a estar ahí. Yo sé que mucha gente en Cúcuta ha leído, por lo menos, La Virgen de los Sicarios. Mi mamá, que fue profesora de tantos colegios públicos de la ciudad, les ponía a leer sus libros a los adolescentes porque sabía que su lenguaje nos llegaba. Ella sabía que no nos íbamos a leer El Quijote y que a usted, en cambio, a su Virgen de los Sicarios, la íbamos a devorar entera. Y con usted fuimos aprendiendo a leer. Y a pensar. Y a odiar. Odiar como usted lo hace, en Cúcuta, es más que necesario. Hay que odiar lo que no funciona, a ver si construimos una ciudad donde podamos vivir, y no de la que tengamos que huir.

Y si no lo han leído, los cucuteños lo han escuchado decir cosas que los medios califican como “polémicas”. Que usted tiene pacto con el diablo, porque es ateo, que odia a Colombia, y otras tantas parecidas. Así no les guste, les interesa.

Ahora bien, Vallejo, hay otros cucuteños. Son los que año tras año esperan que la Biblioteca recoja un poco más de plata y que Cúcuta pueda tener una feria del libro decente. Los cucuteños como esa persona que organiza la agenda, atiende periodistas y compra los tiquetes, los que se desdoblan porque esta ciudad crezca. Ellos se han leído muchas de sus novelas y a algunos les gustan y a otros no tanto, pero incluso estos últimos, se mueren de ganas de oirlo hablar esta noche. Por eso, los organizadores esperan que unas cinco mil personas asistan a su conferencia. Y yo les creo, yo sé que sí.

Estamos esperando que usted revuelque el mundo, que dé un par de cachetadas con palabras, de esas que usted sabe dar, que nos ponga a pensar en vivo. Tenerlo en Cúcuta es un hito. Después de su docena de novelas y películas y reconocimientos, que esté aquí Fernando Vallejo para abrir la feria es un premio para una ciudad acostumbrada a perder.

Varios autores dijeron que no, por el pago irrisorio, por el correo dos días antes del evento, porque los recursos no alcanzaron. Usted dijo que sí. Y, tal vez, gracias a usted, cuando vean esa sala llena para oírlo hablar, las autoridades locales se den cuenta de que tienen que gastar más plata en la feria del libro y menos en el concierto de Peter Manjarrés. Y tal vez el presidente descubra que Cúcuta ha estado siempre sola y aislada y que ahora, con la crisis del vecino, está peor. Y que hacer sociedades con gente que ha conseguido dineros de dudosa procedencia para ganar votos, para ganar segundas elecciones, y para la paz, tiene a los cucuteños hundidos. Tal vez lo piensen dos veces después de verlo esta noche. Tal vez, Vallejo. Tal vez.

Usted nos está trayendo un poquito de esperanza. A los que están allá y a los que nos tocó irnos. Estamos ganando por tenerlo aquí.

Gracias por venir.

 

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