En la FilBo 2018

Vargas Llosa o la paradoja de un genio

La Feria Internacional del Libro de Bogotá, FILBo 2018, organizada por la Cámara Colombiana del Libro y Corferias, tendrá, entre decenas de invitados de lujo, al Nobel peruano, Mario Vargas Llosa.

Mario Vargas Llosa, quien será uno de los invitados de honor de la Feria del Libro de Bogotá. Archivo

Para muchos es sabido que el premio Nobel concedido al escritor peruano Mario Vargas Llosa en 2010 fue un Nobel tardío. En 1982, tanto Vargas Llosa como Jorge Luis Borges y Gabriel García Márquez estaban en el sonajero para llevarse el premio, y la verdad es que para cualquiera de los tres el honor habría sido merecido.

Para ese entonces, Mario Vargas Llosa había escrito las novelas que hoy son aceptadas por todos como sus obras esenciales: La ciudad y los perros (1963), La casa verde (1966) y Conversación en la Catedral (1969). Justo las novelas que escribió cuando era todavía un marxista reconocido.   

El libro que el Nobel salvaría del fuego

Curiosamente, Vargas Llosa sabe que en esos tiempos él llegó a alturas literarias que nunca más volvió a alcanzar. Basta leer en el prólogo a la edición definitiva de Conversación en la Catedral su confesión de que esa es la novela que él salvaría del fuego si tuviera que decidir entre todo lo que ha hecho.

Y esto es curioso porque Vargas Llosa siempre ha sido un escritor comprometido políticamente. Por eso, hoy sus posturas neoliberales lo deberían poner en contra de novelas como las que escribió siendo un beligerante marxista. Y es que hay que entender que para Vargas Llosa, aún  hoy, hacer literatura es un modo de incidir en la sociedad, un modo de hacer política.

En una charla en el Instituto Tecnológico de Monterrey, en 2003, sobre literatura y política, él era explícito al afirmar que “la mejor manera de despertar en un ser humano el idealismo, esa fuente de generosidad, es la literatura; ella nos saca de la rutina que anula y embrutece en nosotros la generosidad de los valores, la solidaridad, el idealismo, el soñar en algo distinto y mejor, esa generosidad que nos mueve a indignarnos frente a lo que anda mal”.

Pero, si Vargas Llosa es hoy tan distinto a como era durante su primera etapa como escritor, ¿por qué él admira tanto sus primeras novelas, en las que es fundamental la descripción marxista de la sociedad?

¿Es la literatura, política?

Algunos responderán que la valoración de Vargas Llosa a sus primeras novelas es literaria y no política. Pero la cuestión no es tan simple. Tan solo si tenemos en cuenta la opinión suya citada arriba podremos ver que para él la literatura no es solo cuestión de calidad.

¿Cuáles serían las diferencias, por ejemplo, entre una novela marxista de la dictadura como Conversación en la Catedral, y una novela neoliberal de la dictadura como La fiesta del Chivo, del año 2000?

En Conversación en la Catedral no hay culpables, el problema del Perú es más que su gobernante y la responsabilidad de la situación recae en la sociedad como conjunto. En cambio, en La fiesta del Chivo la influencia del dictador es protuberante y eminentemente individual, incluso diabólica.

De hecho, los procedimientos literarios en ambas obras, son opuestos. En la primera novela son más realistas y al mismo tiempo experimentales, atrevidamente ideológicos. En la segunda son poéticos y hechizantes, y obran solapadamente en un relato más fácil y limpio en apariencia.

Pero la diferencia central tiene que ver con la visión de la democracia. En Conversación en la Catedral, la democracia se ve sobre todo como un sistema de formalidades que oculta el dominio de unas castas, mientras que en La fiesta del Chivo la democracia se ve como una especie de panacea menor, como el menor de los males posibles.

El hecho es que para un escritor como Vargas Llosa, nada de esto es inconsciente, ni pasa desapercibido.

Los dos Vargas Llosa

Nuestra idea es que tanto el Nobel a Vargas Llosa, como la propia opinión que el peruano tiene de sí mismo, se fundan en el respeto que merecen las inconformes creaciones que hizo en su juventud. En cambio, las posturas asumidas por el escritor desde 1981 fueron un estratégico acto de conformismo, debido a su decepción con las realidades prácticas del marxismo en todo el mundo.

Vargas Llosa fue miembro del partido comunista del Perú en los años cincuenta, cuando este movimiento estaba prohibido y podía resultar en encarcelamiento, en ese país. En los sesenta su actividad fue menos radical, pero la revolución cubana le había hecho recobrar la fe en el marxismo que había perdido años antes, y en todos lados actuó como defensor público de la causa.

Ya a mediados de esa década el autoritarismo de Castro lo puso en alerta contra los excesos del poder en Cuba y en 1971 el escándalo por el encarcelamiento del poeta Heberto Padilla lo llevó a escribir un manifiesto que significó también la partición del movimiento intelectual izquierdista en América Latina. Desde entonces, Vargas Llosa fue un opositor declarado del gobierno cubano.

Pero si La guerra del fin del mundo, en 1981, fue la condena definitiva de Vargas Llosa al populismo, no se puede dejar de considerar que Conversación en la Catedral ya dejaba ver un cansancio, una descreencia en la revolución.

Lo que pasa es que uno de los secretos de la grandeza de Conversación en la Catedral es que esa novela es, en sí misma, una crítica marxista al marxismo. Vargas Llosa, como todo gran autor, estaba habitado al escribirla por su propio doble, y fue capaz de hacer un examen tan corrosivo de la revolución como del mismo régimen burgués.

Tal vez, en el fondo, el Vargas Llosa acomodado que hoy omite cualquier indiferencia y beneficio del gran capital ante la corrupción (que él cuando joven denunció) quisiera que en su obra se diera lo que alguna vez, en la charla ya aludida que hizo en Monterrey, dijo sobre Balzac:

“Considero que la buena literatura, aquella que se incorpora a la experiencia como una experiencia más y que, por lo mismo, tiene efectos en la vida, inevitablemente produce efectos políticos con prescindencia absoluta del escritor. Es por eso que un escritor puede ser un reaccionario como Balzac, por ejemplo, y su obra aparecernos hoy en día como un modelo realmente ejemplar, privilegiado, de literatura progresista, incluso revolucionaria”.

Para nosotros no es del todo así, y más como lectores latinoamericanos: hoy la literatura de ese genio marxista que fue Vargas Llosa no es de ningún modo lo que fue antes. Pero si alguien duda del carácter marxista de Conversación en la Catedral, que revise el discurso de bienvenida de Gustavo Petro a Vargas Llosa, cuando el Nobel peruano vino a Bogotá hace ya algunos años. Allí, y podemos oírlo, Petro confiesa que esa novela fue la que lo decidió a hacer la revolución cuando era joven.

Todo lo demás es harina de otro costal.

Por todas estas, y muchas más razones, es invaluable la presencia del Nobel peruano en la FILBo 2018, pues como ha dicho Marcelo Stubrin, embajador de Argentina, país invitado de honor a la feria, no traerán a una Argentina perfecta, sino diversa, compleja y emocional como lo es Latinoamérica.

­*Escritor y crítico de cine. Obtuvo su Master en Literatura con una tesis sobre Vargas Llosa.

***

Para pensar al Nobel

Lo que determina a Vargas Llosa como un autor marxista es sobre todo su estética. Si uno mira en detalle, ese estilo está en acuerdo con los postulados del realismo marxista tal como los definieran Marx y Engels.

Las coincidencias son asombrosas, y las enumeraremos brevemente:

1.            Para Vargas Llosa, como para Marx y Engels, el realismo es un modo de conocimiento de la realidad, no un simple retrato “verosímil” de la misma.

2.            Este realismo implica una profusa investigación del mundo, tal como hace Vargas Llosa todavía hoy, si bien ahora con intereses opuestos a los de su juventud.

3.            Es fundamental que la narración realista muestre los hechos desde diversos puntos de vista, en lo que Vargas Llosa ha sido un experto con avezadas técnicas experimentales.

4.            Los personajes del realismo no son solo individuos  sino representaciones casi alegóricas de las fuerzas sociales, lo que para el marxismo son tipologías de clase. En un libro que publicaré dentro de poco con la Editorial Universidad de Antioquia, llamado La Musa asesinada, da cuenta de que para Vargas Llosa la tipología es un concepto clave.

5.            El realismo tiene una vocación humanista, y la literatura viene a ser parte de un deseo de hacer el bien a los demás.

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